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vendredi, mars 10, 2006


Valle de los lobos

Hoy salí a caminar cuando la lluvia que caía sobre París cesó. El bosque estaba sombrío, iluminado por claros que se abrían paso entre las nubes cargadas de lluvia. Era extraño contemplar ese paisaje, extraño e intenso medir su profundidad y confrontarme a la pequeñez de mi existencia. Imagino las sensaciones que pudo haber sentido Chateaubriand mientras se paseaba por él, cuántas cosas habrá imaginado y pensado, cuánta soledad y cuántas presencias habrá tratado de animar. Todo estaba enlodado y la casa se veía iluminada, al fondo. Este paisaje es tan distinto del de Lima, es tan voluptuoso y, al mismo tiempo austero, reflexivo y melancólico, en suma, una paisaje romántico donde se puede imaginar las partes más tempestuosas del ser humano, sus debilidades y sus caídas, pero también la fuerza que puede tener para imponerse a ciertas circunstancias.
Mientras caminaba pensaba en lo difíciles que son las relaciones en las personas, en su constante desfase, como si produciéramos mensajes que nunca pueden ser descfifrados y persiguiésemos una luz intermitente. Y pensaba en las ausencias que nos acompañan, en los gestos que recordamos y de los cuales no nos desprendemos sino por un trabajo de memoria y de olvido. ¿Vemos realmente a los demás? ¿O solo son esas intermitencias de las que hablo? Hay un cedro del Líbano que fue plantado por el propio Chateaubriand, se veía tan inexpugnable, tan alto, como aquello que las cosa que no llegamos a comprender, por eso pensar que podemos reducir la realidad a una sola cosa, contenerla en una imagen o una idea, me parece impensable. Entonces es como caminar en el bosque y respetar sus secretos o abandonarse a ellos. Amor fati.

mardi, mars 07, 2006

Duras


El cuaderno Rosa jaspeado, fue escrito entre 1943-1944, contiene un largo relato autobiográfico en el cuakl Marguerite Duras cuenta sus recuerdos de infancia en Indochina, junto con algunos esbozos de su novela, Barrera contra el Pacífico y relatos publicados en el libro El dolor. Estos escritos serán publicados por el IMEC, en Francia, celebrando 10 años de su muerte.

(...) Además de no poseer encanto y que estaba vestida de una manera por´xima al ridículo, no me distinguía por mi belleza. Era pequeña y mal proporcionada, flaca, acribillada de manchas rojas, agobiada por dos trenzas rojizas que me llegaban hasta lo alto de los muslos (digo trenzas, y convendría decir, cables, por la forma como mi mamá me peinaba tirando de mis cabellos). Estaba quemada por el sol, ya que en la plantación vivíamos siempre en el exterior (y en ese momento la moda de Saigón era tener la piel blanca). Mis trazos, bastante regulares, hubiesen podido pasar por bellos, pero la expresión ingrata, taciturna y obstinada de mi rostro los desnaturalizaba completamente, y no se les remarcaba. Poseía una mirada malévola que mi madre calificaba como “venenosa”. Por ejemplo, cuando encontraba fotos de esa época, en vano buscaba una cierta dulzura en mis trazos, una indulgencia. Las raras amigas de mi madre le decían que llegaría a ser bonita _que tenía bonitos ojos, pero que tenía que llevar lentes porque tenía seguro algo raro, que mi mirada no podía ser natural. Desde pequeña, esa mirada había inspirado comentarios de parte de la mujer del administrados del puesto de Vinh Long donde mi madre enseñaba. En la misa me había volteado para mirarla y parece que mi mirada la había “aterrorizado”. Por bondad, le decía a mi mamá que tenía que hacer algo con mis ojos. Pero mi madre nunca se preocupó, ella sabía que no tenía nada en los ojos, ella, pretendía que tenía una mirada “venenosa”, pero también inteligente. Ella también me decía que era bonita, me decía a escondidas: No te preocupes, tu eres realmente linda. Yo no me preocupaba. Creo que mi madre trataba de persuadirse a sí misma que su hija era bonita. Mi hermano mayor, al contrario de ella, afirmaba perentoriamente: Aparte de mí, fallaste con tus otros dos hijos. Es verdad que él era de una belleza bastante impactante; no lo digo a la ligera, un mes después de su llegada a Cochinchina, se le consideraba el hombre más bello de la colonia. Mi hermano tenía eso de especial, y es que no podía hablar de una mujer hermosa sin decirme: puedes echarte a correr, o decirle a mamá: tu hija puede echarse a correr. Algunas veces se miraba en el espejo y me llamaba: ¿Ya has visto una boca como esta?, me lo decía dibujando la suya. Yo respondía que eso se podía encontrar si se buscaba bien. Pesada, respondía él, puedes echarte a correr.
Nada le daba más pena a mi madre que el hecho de que mi hermano dudase de mi belleza. Es verdad que no tenía dote y la idea de un futuro matrimonio angustiaba a mi madre. Cuando tuve quince años, se habló de eso en casa. Puedes correr, decía mi hermano, a los treinta años, la tendrás todavía en casa. Era un punto sensible que contrariaba mcuho a mi madre: Mañana, si deseo la caso, y con quien quiera. La perspectiva de quedarme solterona, me dejaba fría, la muerte misma, me parecía, comparada con eso, menos terrible. Escuchaba sabiendo que mi madre mentía cuando decía que podía casarme con quien quisiera, pero en el fondo esperaba encontrar a alguien.

En la foto: Duras y su madre.

Angelous novus

Este sí es un Angelous Novus en honor a Pilar Dughi, escritora y amiga personal. Es terrible hablar de la desaparición de alguien que hemos visto apenas hace unas semanas. La recuerdo en una noche de Lima, un poco descompuesta, pero siempre cálida y dispuesta a escuchar (esa indulgencia suya con los otros siempre me impresionó). Si sabía que le quedaban pocos días de vida, su actitud fue estoica y digna. Al final, la muerte nos espera en todas partes. Eso nos ayuda a relatizar y a lo mejor a querer un poco más a los que tenemos cerca. Lástima, Pilar Dughi, es una verdadera pérdida.

dimanche, mars 05, 2006

Vallée aux Loups

Vallée aux Loups, 4 de marzo.


Anoche, después de visitar la casa de Chateaubriand, no he podido dormir. Tenía muy presentes los objetos, retratos, manuscritos, cuadros, péndulos, sillones, de la casa. Y sobre todo la mirada de Chateaubriand anciano junto con el retrato de una de sus amantes, Nathalie de Noailles (de paso, el hecho de que el guía se volteara para decirme que me le parecía, me dejó más impregnada), quien terminó alienada. Curiosamente, su gran amor fue, Madame de Récamier, con quien mantuvo una relación a vida, leal, pese a su donjuanismo. Madame de Stael, quien introdujo el Romanticismo en Francia y fue una mujer muy libre y seductora, fue una de las mejores amigas de Récamier, admirada por su inteligencia y su belleza. Uno de los grandes amores de Madame de Stael, fue Pedro de Souza (quien fue después rey del Brasil), recuerdo haber hablado de eso en un blog. El hecho de ver un retrato de Madame de Stael en uno de los salones de la casa, más lo que he mencionado líneas arriba, me pusieron alerta con todas esas sensaciones. Mientras dormía, llegaban ruidos de lechuzas, pájaros, ventanas que se golpeaban, etc. La imagen de un cuadro representando una escena de René, otra novela de C. se me aparecía por ráfagas. La verdad que tuve miedo, pero pensé que esa mentalidad supersticiosa nos viene de sudamérica, pero también de mi infancia en la que siempre han habido historias de aparecidos y fantasmas. Recuerdo muy bien las escenas de pánico en la casa de mi abuelo, en Cora-Cora, donde tenía su hacienda. Entonces decidí encontrarle una explicación lógica al ruido y concluí que era Odeur, el gato de la Residencia quien subía y bajaba por la escalera y hacía ruido. En realidad terminé por dormirme en medio de esa imágenes, entre el miedo y la fascinación.

Luego traduciré el fragmento de Duras. Y sobre los bares, hay algunos agradables, pero son raros... de todas formas lo que no me satisface es mantener una conversación en medio del ruido, eso me parece agotador.

vendredi, mars 03, 2006

alejarse

Partir c'est mourir un peu/ c'et mourir à ce qu on aime/ on laisse un peu de soi même/ En toute heure et tout lieu/

traducción: Partir es morir un poco/ es morir de lo que se ama/dejamos algo de nosotros mismos/A toda hora y en todo lugar.

Este es un fragmento de un poeta que no conozco, Edmond Heracourt (buscaré en Google) y que me parece cercano a lo que siento cuando me alejo de un lugar querido, en este caso el Perú, y Lima, concretamente. Lo encontré en el blog de Pierre Assouline, en el diario Le Monde, y es a propósito de la última novela de Tahar Ben Jalloum, Partir, escritor marroquí afincado en Francia. Assouline habla de la neurosis del futuro, el exilio. Supongo que es porque hay que arrancarse a una forma de vida, a olores, formas, sobre todo, lenguaje (materno), frases que "significan", códigos que nos hablan y que se quedan impresos en la piel. Al pasar, dejamos una sombra, la ausencia que de alguna manera es lo que nos lleva a la melancolía, pero, insisto, sin ese sentimiento, se puede valorizar verdaderamente lo que se vive? Alejarse es también volver, creo que eso lo dijo Montaigne.

Hace unos instantes pensaba en qué no me satisface de los lugares concurridos, del ruido y la bulla de la gran ciudad. Me gusta vivirla, pero desde la intimidad de un lugar sereno, desde cierta altura. Siempre me ha intimidado el ruido, la distorsión que produce el ruido de ciertos bares o ciertos lugares. Es como si esa catarsis diluyese los contornos y las cosas, lo más cercano a estar ausentes, que es como una pequeña muerte. Si una conversación se encuentra entramada en el ruido indiferenciado del tumulto, lo mejor, para mí (perdonen la primera persona) es huir. Ser una persona tumultuosa hace que nos sintamos solas en el tumulto. Sola, porque las presencias que se llevan dentro tal vez se hallan modelado con cincel, en la exclusividad de un espacio que acoge. La histeria de la noche, parisina, londinense o limeña, me hace pensar en la soledad más que en la compañía, en la soledad a la que nos condenamos cuando no intentamos oír. Y tengo mi alegoría preferida. Está en uno de los diálogos de Platón, pero no recuerdo en cuál: Sócrates es interpelado para dar una opinión sobre un tema que concierne a un estudiante, entonces dice: esperen, para razonar bien, necesito poner la cabeza en una bolsa de papel. Y lo hace! Quizás el estar pendientes de la mirada de los otros nos distraiga de lo esencial: conocernos. Y esa frase de Delfos, aparentemente obvia, es la razón por la cual la bulla, la luz estrepitosa, no nos dejan ver quiénes somos. En ese sentido, sí, puede ser, salir, es olvidarse de sí misma. Pero prefiero la otra opción, estar presente y decir, sí, sí, aquí estoy, con toda la vehemencia de la pasión.

vaya...

Ps: Hoy han crecido las primeras flores silvestres en la casa de Chateaubriand. Mañana, traduzco un fragmento de Marguerite Duras publicado en la revista Les inrrokuptibles: remarcable.

Memorias

Vallée aux Loups, 3 de marzo.

En la madrugada, he releído la primera parte de las Memorias de Ultratumba, en su edición de la Pléyiade. La traduzco porque es un texto que me parece muy hermoso.

El Valle de los lobos, cerca de Aulnay, este 4 de octubre de 1811

Hace cuatro años que a mi regreso de Tierra Santa, compré cerca de la aldea de Aulnay, en el vecindario de Sceaux y de Chatenay, una casa de jardinero, escondida entre las colinas cubiertas por el bosque. El terreno desigual y arenoso que dependía de esta casa, no era más que un vergel salvaje al final del cual se encontraba un barranco y un perqueño bosque de castaños. Este estrecho espacio me pareció propicio para acoger mis largas esperanzas; spatio bevi spem longam reseces (1). Los árboles que he plantado crecen, son por ahora tan pequeños que les doy sombra cuando me pongo entre ellos y el sol. Un día, dándome sombra, protegerán mi vejez como yo he protegido su juventud. En la medida en que he podido los he elegido en los diversos climas en los que he errado, me recuerdan mis viajes y nutren el fondo de mi corazón de otras ilusiones.
Si alguna vez los Borbones suben al trono, no les pediré, en recompensa a mi fidelidad, que hacerme suficientemente rico como para añadir a mi herencia el lindero de bosque que me rodea: es una ambición, acrecentar mis paseos de algunas hectáreas. Aunque sea un caballero errante, tengo los gustos sedentarios de un monje. Después de que vivo en este retiro, no recuerdo haber puesto más de tres veces los pies fuera de mi cercado. Mis pinos, mis abetos, mis alerces, mis cedros, mantienen su promesa, el Valle de los lobos será una verdadera cartuja.
(....)

Este lugar me gusta: ha reemplazado para mí los campos paternales y lo he pagado con el producto de mis sueños y mis vigilias. Es al gran desierto de Atala que debo el pequeño desierto de Aulnay. Para crearme este refugio, no he tenido que hacer como los colonos americanos, arrojar a los indios de Florida. Estoy apegado a mis árboles; les he dedicado elegías, sonetos y odas. A todos los he cuidado con mis propias manos y los he liberado yo mismo de los gusanos que atacaban su raíz, o de la oruga que se pegaba a su hoja. Los conozco a todos por su nombre, como a mis hijos, son mi familia y no tengo otra, y espero morir en su seno.


1. Al breve espacio de la vida, se sustrae la intensa esperanza. Horacio, Odas, I. Xi, 6-7.

mercredi, mars 01, 2006

Chateaubriand


Ma main ne me revient pas, elle meurt par marceaux, es uno de los fragmentos de René de Chateaubriand, escritor romántico, pero más que eso, un escritor a parte entera. Digo esto porque Chateaubriand es inclaisficable. Fue un hombre político y más que nada escritor. Mi mano no regresa, muere por pedazos, ese fragmento es como si hablase de esa fragmentación del tiempo presente en el cuerpo. Cuando Chateaubriand decide refugiarse en el Valle de los lobos, donde compra una casa de jardinero para transformarla en un verdadero Nido, la idea de sus Memorias de ultratumba empezaba a tomar forma. Costruir una tumba personal en vida, rodeado de los árboles que trajo desde los Estados Unidos, lugar que sirve a sus dos novelas, René y Atala. Dos novelas remarcables, cargadas del sentido romántico de la época: grandes espacios, sensación de sublime... Qué hace que Chateaabriand, quien gusta a mucha conservadora en Francia me parezca tan apasionante? Algunos fragmentos de sus Memorias, su infancia en un frío castillo de Normandía, la descripción de ese niño vulnerable, inválido para la vida afectiva. El que escribe, Ma main... Hace unos instantes paseaba por el parque de esta casa que le sirvió de refugio, lejos de Lima, de su sol y de sus cerros áridos, pensaba en cómo se sentía. Estaba pegada al vidrio de la Torre Velleda, de inpsiración italiana, tratando de encontrar algún detalle a ese espacio en el cual empezó a redactar Las memorias, y creo que lo que más me impresionó es la magnitud del jardín, su arboretum plantada por el mismo. Un cedro del Líbano se veía impresionante por su altura, y el bosque, por su paz. En 1818, arruinado por la Restauración (gobierno reaccionario que lo hizo a un lado) vendió esta casa a Mathie de Montmorency, amigo de una mujer muy famosa e independiente, Madame de Recamier. Pero aquí, en este nido, construyó su propia tumba, su monumento frío como el castillo de su infancia.

La Arcadia

Cada vez que dejo Lima me pregunto: por qué, tengo que irme? Para qué? La respuesta que siempre encuentro es: para ser tú. Sin la vida en Francia, sin la soledad y la ausencia, no sería la misma, o no apreciaría las cosas de la misma manera. Aquí, lejos de todo referente, todo es limpio y sin envoltura. Las cosas son lo que son, y hay que aceptarlas. Rozo mis límites, enloquezco debido a los cambios, pero siempre me levanto y logro caminar. Chateaubriand podría ser uno de mis aliados cuando escribe sus Memorias y habla de ese niño desvalido, asustado y que sin embargo sueña y sueña... Y sueña que sueña.

samedi, février 18, 2006

La búsqueda

A veces una busca respuestas y no las encuentra. Se tiene saber aceptar una situación, incopleta, imperfecta. Una amiga querida me dijo un día: el sabio escucha, el inteligente opina, el tonto, grita. Hay que saber escuchar ciertas voces interiores cuando estas nos hablan, saber oírlas es no falsearlas ni traicionarlas. Siempre pienso que una misma es capaz de saber lo que es bueno para sí misma. Es cuestión de atención y de conocerse. Desconocerse es ir hacia quién no nos oye o no nos ve. En el silencio de la quietud, toda sombra se ilumina o termina por hacerlo.

samedi, février 11, 2006

sabiduría


La sabiduría (sagesse) en francés, significa saber observar, saber guardar silencio. El ruido y el alboroto es propio de los necios y los tontos. La sabiduría, si tiene algo a lo que se puede aspirar, es que nos sitúa por encima de nuestras pequeñeces, no con pedantería ni soberbia, menos con resignación, sino con serenidad y distancia. Los errores noe xisten para el sabio. Es más un estado estético, contemplativo, casi místico.

La última novela de Jean Echenoz, Ravel, podría ser una interesante manera de vivir la edad madura. Echenoz-Ravel (JE toca el piano y el saxofón) demuestra una cierta elegancia para envejecer con ese ascetismo jansenista que caracteriza a los hombres como JE: delgado, rubio, solitario (exceptuando su caractere de couchon) , frágil. Podría ser el arquetipo del hombre que pasados los sesenta, observa el mundo con la sabiduría de un monje budista. En Echenoz el detalle es la partícula a partir de la cual su texto crece y se dilata. Lo que busca JE es el hálito poético de la frase, lo que se esconde detrás de las situaciones y objetos... Ravel compuso su famoso Bolero en una casita de Ciboure, al lado de Saint Jean de Luz, en el país Vasco francés. Desde su ventana se puede ver un pequeño puerto, tal vez el allegro, el ditirámbico juego de Bolero.

mardi, février 07, 2006

El tiempo


El el libro XI de sus Confesiones de San Agustín, se hace la pregunta de lo que es el tiempo: ¿Dios mío, qué es el tiempo?. Tal vez sea como una estrella fugaz, como esa caída en el espacio. Al llegar a Lima, esta categoría se me trastoca, quiero decir, que mi noción de tiempo se pierde y es como pedalear en el vacío. Emmanuel Kant decía que las categorías de tiempo y espacio eran conceptos a priori, todos los tenemos. Pero ahora, con el MSM, las imágenes video, etc... la noción de tiempo se ha transformado. Nuestro indicativo del presente se ha dilatado y se ha hecho vasto, diablos, ¡que sí es así!! Y ese es el encanto de esta época, trascender su espacio, sentirse cerca a pesar de la distancia. Igual, nada reemplaza un cuerpo, un cuerpo es un cuerpo, es su respiración y su presencia la que nos fascina.
Ahora, lo más complicado en el tiempo, es aceptar los cambios. Una vez un profesor de filosofía me comentaba: cambiamos para los demás, pero nosotros tenemos la sensación de ser los mismos. Conmueven esos cambios porque nos dicen mucho de lo que se vive: una arruga, un ceño fruncido, nos da la medida de una vida. Hay rostros espirituales, sonrientes y serenos, y otros, duros, soberbios (me gustaba esa teoría de Hegel de cómo la fisonomía adquiere una parte del valor espiritual de la persona) o indiferentes...
En fin, la distancia, y el acercarse de nuevo, nos hace ver que todo es una cuestión de perspectiva. Acercarse o alejarse del objeto, nos da otra visión de las cosas...
Y ahora, !viva el sol y el mar de Lima! Pongo enseguida un texto hermoso:

Oh, rostro, perfectamente hermoso, todos los seres que pueden contemplarte no son suficientes para mirar tu esplendor. El rostro de los rostros aparece de una manera velada y misteriosa (velate et in aenigmate) en todos los rostros, pero aparece sin velo (revelate) solo cuando penetramos más allá de todos los rostros, en un cierto silencio secreto y escondido donde desaparece todo lo que podemos pensar o imaginar de un rostro. Es así, esa oscuridad, esa neblina, esa tenebra o ignorancia, en el que entra aquel que busca tu rostro, cuando trasciende todo silencio y va más allá (transilit, saltar por encima) de todo concepto: es ahí que tu rostro se puede ver, pero solo de manera velada, la oscuridad en sí misma revela lo que se encuentra en tu rostro, más allá de todos los velos.
Nicolas de Cue, De visione Dei, in Opera, Bale, 1502. t. I, p. 185. La tradúcción es mía.

PS:
Sobre el primer post: (Hay un poema de Alberti en el Malecón, Souza, en Barranco, que nos hace pensar que Lima es una capital privilegiada por tener al mar tan cerca). Y gracias por los comentarios, siempre inteligentes y refinados.

Imagen foto: Sarabanda, de Igmar Bergman.

mercredi, février 01, 2006

La primera persona


Hace unos días hablaba con una persona bastante sabia. Conversábamos del por qué el interés de la primera persona, de las autobiografías, de los diarios, etc... Ella me decía que lo que interesaba al lector era saber cómo habían hecho los demás para salvarse, peor también para ser felices. Los otros funcionan a manera de espejo, en ellos nos vemos, aunque no sea totalmente. Lo importarse es verse y poder reconocer el rostro que aparece. Sucede que con los viajes, la despersonalización, es evidente. Al viajar, los rostros cambian y nos piden cosas distintas, nos envían también señales irreconocibles, a veces, realmente nuevas. Aunque yo creo que siempre hay cierta generosidad en la mirada de los otros, incluso en sus mensajes, depende de cómo escuchemos, es decir, de nuestro propio estado. El estar alienados, como suele suceder en sociedades con carencias concretas, con la subsistencia, con tener una vida digna, no nos deja ver lo esencial. No nos deja ver esos rostros vivos, humanos, intensos. La primera persona a lo mejor nos conecta con lo más íntimo y los más auténtico (por la intención de ser honestos), lo que hace que la proximidad sea de verdad, casi como tocar la mano de alguien para sentirnos menos solas.

Pensando en la incapacidad de relacionarse, de ese no querer ver al otro ni escucharlo, encontré un artículo sobre un grupo de escritores en el cual estaba Michel Houellebecq. Creo que me interesaron por sus planteamientos estéticos, pero también filosóficos, aunque había algo de muy branché a la parisina, algo un poco artificial ,y eso sí me gustaba... Cuando Houellebecq publicó Las partículas elementales, Nicolas Bourriaud, uno de los que formaron este grupo, denunció una forma de pensamiento cerrado, eugenista, y peligroso. Hace unos días leía un artículo muy interesante en el diario Liberation sobre "El odio del otro", maquillaje para una nueva forma de pensamiento intolerante que se disfraza de "políticamente incorrecto" (volveré sobre el tema). Cito algunos fragmentos: Ningún filósofo, ha hablado del odio y del amor como Baruch Spinoza: El amor no es otra cosa que la alegría acompañada de la idea de un factor exterior, y el odio no es otra cosa que la tristeza acompañada de la idea de una causa también exterior. El que ama se esfuerza necesariamente en conservar el objeto de su amor y hacerlo presente, el que odia, todo lo contrario, se aleja y destruye a su objeto.

mmmmm para pensar...

Pongo ahora una parte del artículo sobre el grupo Perpendicular, al que pertenecía MH...

En un café de la rue des Archives, en París, un grupo de escritores se reúne todos los miércoles a leer textos o conversar sobre diversos temas. Son escritores, curiosos, y todo aquel que desee unirse al movimiento. En el fondo que se busca es una convergencia de saberes, manifestaciones de vida y significados diversos; algo que producimos constantemente: efectos. Efectos de lenguaje, efectos sonoros, efectos ópticos. Es un poco en síntesis lo que se proponía Perpendicular para romper con la formacíón cultural y estratificada del lenguaje. Cito una parte de su manifiesto: Todos los movimientos culturales han valorizado las formas consideradas como marginales: Dada y el arte africano, el Surrealismo y la vida cotidiana, el Pop art y la producción de masas, etc. El Perpendicular desea aportar a este movimiento de arriba hacia abajo, un movimiento de abajo hacia arriba, confrontando la alta cultura a auquellos elementos no considerados como tales ( la cultura popular por ejemplo). Se puede leer un manual de bicicleta como un poema modernista, o ver una película de Jacques Tati como una ecuación. La cultura es una caja de herramientas.
No hay, entonces cánon cultural, esta es una idea deleuziana: el sentido no es nunca principio u origen, sino producto. En otras palabras, el sentido se lo damos nosotros cuando interpretamos. No existe para ellos lo elevado o lo sublime, sino efectos en la superficie inseparables de su propia dimensión. Hay una idea central en todo esto y es acabar con el dualismo de los modernos, recupernado lo paradójico, revindicando el caos, y el humor como el arte de la superficie en lugar de la ironía, arte de la profundidad y la altura. Reconciliación de conocimeitnos, por más banales que parezcan. Lo real es una estratificación que hay que atravesar como Alicia en el País de las Maravillas. El aparente sinsentido que nos rodea podría ser interpretado no como ausencia, sino como un sentido en sí mismo. En este caso, la literatura se convierte en una multiplicidad de posibilidades dentro del juego lógico de las proposiciones y sus diferentes configuraciones. Los Perpendiculares son críticos de arte, oficinistas, periodistas, ingenieros (sic), escriben ensayos, cuentos de educación canina o filosóficos, epopeyas burlescas, novelas policiales, relatos de creación colectiva, Los cantos de Mauricio, ¿por qué no?.
La revista Perpendicular duró poco tiempo. Nicolas Bourriaud http://www.counter-googling.net/bourriaud.htmpasó a las artes plásticas y ahora dirige el Palais de Tokyo, uno de los centros dea rte contemporáneo más importantes en el mundo, Houellebecq se ha convertido en el escritor reaccionario más contestado después de Céline y Mauriac... Lo que empezó como una sublime película de Jacques Tati terminó como uan fría película de ciencia ficción!

vendredi, janvier 27, 2006

el lenguaje

Creo que no hay nada más frustrante que sentir que no podemos comunicar. Eso nos envía a nuestra condición más última: la soledad. Pasa siempre cuando decimos algo y creemos que nos han entendido, y no sucede así. Los malentendidos son trágicos. De alguna forma siempre he creído en el poder de las palabras y en su sugestión. Pensar que podemos modificar las cosas es ya una solución al problema. Hay una frase de Jean paulhan: si las palabras modificasen las palabras y el sentido a las palabras...
Todo es, en resumen, una cuestión de afecto, de ganas por comprender... Y querer.

jeudi, janvier 26, 2006

los editores

Cuando se piensa en un editor, se piensa que realmente es alguien muy cercano. Al entregar un libro se da algo muy íntimo y personal. Por eso las editoriales impersonales, las empresas editoriales, son desalentadoras, a mí, me abruman. Lo que hace que un libro sea un don, un regalo, es que se humanice justamente en su cadena de producción. Recuerdo que una vez fui a visitar a Jerôme Lindon, el editor de Becket, el que descubrió a Duras y a todos los del Nouveau roman en su minúsucula editorial de Minuit. Era una persona sencilla, amable y cálida. Sabía que sus apuestas eran arriesgadas, Robbe-Grillet, una de ellas, y sin embargo las asumía con entrega y pasión. Una anécdota divertida es que le dio un espacio a Robbe-Grillet para que se acomode en el local de la editorial (en ese entonces RG era lector), cerca del Boulevard Saint Germain. En su capharnaum, Robbe-Grillet había acomodado tantos libros que casi lo asfixiaban. Resulta que un día se casa y que él sueña con irse a vivir al campo. De acuerdo, pero no a cualquier lugar le dijo ella. Y resulta que otro día están por Normandía (la rima y todo!), visitando castillos. Uno de ellos, del siglo XVII, fascinó a la pareja de RG, cosa que era imposible para él, apenas una autor conocido, atacado por el stablishment y la crítica francesa. Entonces Jerôme Lindon ofreció: si deseas te compro ese castillo y me lo pagas con tus derechos de autor. RG contestó: imposible, vendo muy poco. JL compró el castillo en ruinas y se lo regaló. No le costó muy caro, pero era una forma de apoyar a RG y a su pareja... Hace poco leí que otro editor, Léo Scherr, ayudó a uno de sus autores Medhi Behan Kacem, a mudarse con otra escritora. La pregunta es: hasta qué punto un editor puede y debe comprometerse con la vida personal de un autor. Escribir no se trata de una profesión sino de resistir en un mundo que tiende a alienarnos. El dinero, es el principal elemento. El que escribe pensando en ello está perdido, el que no lo tiene, ídem. Resistir, siempre resistir. Algo termina por brillar al final, tal vez el triunfo de no traicionarse nunca.... never, jamais!

samedi, janvier 21, 2006

Vulnerabilidad


¿A pesar de sentirnos vulnerables, cómo somos capaces de seguir avanzando? Pienso que parte de nuestra humanidad está en ese saber Construir con muy pocas cosas, incluso en las situaciones más desesperadas. Al llegar a Lima, hay una cantidad de dramas humanos que nos confrontan con una realidad muy distinta de la que se vive allá, en Europa. Hay una sensación constante de rozar la parte más vulnerable de las personas (cercanas y menos cercanas), su parte más infantil también proque hay una cierta pureza para entregarse al peligro y sobrevivir con tan pocas seguridades. Socialmente, todavía hay situaciones que nos dejan perpleja, con el interior helado. Frente a tales situaciones siempre ha surgido una pregunta: ¿se puede producir un objeto estético cuando estamos tan cerca de esos dramas? Yo creo que sí. En una conferencia Imre kertész decía que incluso en las peores situaciones, había sabido sonreír, y le creo. Pero qué sucediço entonces con Marina Svetaeva, aislada en París, o con Primo-Levi, o con Chalamov, víctima del Goulag. Hago al comparación porque los dramas humanos siempre tienen ese lado fatídico y enigmático que los produce. Me gusta esa frase de Simone Weil en la cual dice que ella siempre ha deseado comprender el sentido del sufrimiento, al menos, darle un sentido espiritual es una forma de Construir.

en la foto: Primo-Levi

mardi, janvier 17, 2006

El sensualismo en Lima


Una cosa curiosa sucede cuando se llega a Lima: la sensación de una languidez extrema. Nadie sabe lo que puede un cuerpo, escribió Spinoza. Y un cuerpo se nutre de alimentos y respira. Lima tiene ese clima envolvente y voluptoso (nunca cruel ni persistente de los países temperados) que hace que nos abandonemos un poco, que creamos que la vida siempre esa sí, suave y clara como la luz de la mañana. Ahora, el cuerpo es lo que come. Y en eso, esta ciudad se ha convertido en una especie de paraíso para los que desean comer bien. Nunca en mi vida he visto tantos restaurantes y tantas mezclas en las comidas, fusiones de comida asiática y peruana, andina y costeña... etc... Ayer, comíamos con una amiga en un rincón (el Bodegón) donde algunos artistas van y, con las crayolas que están en las mesas, dibujan algo (había un dibujo de Tola muy bonito), y comentábamos lo bien que nos servían. No he dejado de oír hablar de lugares alucinantes donde comer ceviche, o tal plato... !casi como en Francia¡ Comer bien es pensar bien, pero este hedonismo, me pregunto, es de un sensualismo !casi panteísta!
Mirando los altos bambús de la casa de mi amiga Tatiana, desde donde escribo este blog, me digo que tal vez Flora Tristán, Paul Gauguin sintieron lo mismo aquí y de ahí el Fauvismo de Gauguin y la pasión de Flora por la vida... la vida comprometida e intensa que llevó.

imagen: Puente de los suspiros en Barranco.

vendredi, janvier 13, 2006

avión


En general, tomar un avión, nunca me ha gustado. La pregunta que siempre me hice fue si se debía al hecho de ser de un país como el Perú, en el que los viajes de largo se hacen muy raros y cada vez más caros. Lo serán aún más si el petróleo sigue subiendo. Lo que me sucede en el avión, no sé si le sucederá a todo el mundo: pánico de su lado desafecto, anodino, como si entrase en una sala de operaciones. Nadie conoce a nadie y todo el mundo está de paso, con destinaciones desconocidas salvo porque conviven, durante las horas de vuelo, por el hecho de encontarse dentro del mismo aparato. Para mí, lo ideal sería que existan lugares en los que los pasajeros se encuentren para conocerse y saber quiénes son sus acompañantes, y sentirse de veras próximos. Eso, me quitaría un poco la fobia de los aviones. De todas formas, nadie lo hará, razón por la cual muchas personas piensan que estos medios de transporte se han deshumanizado. La mirada entre la gente no se detiene a observar, simplemente continúa como una línea recta, sin rozar a su objeto.

dimanche, janvier 08, 2006

Las flores de Tarbes


Siempre he querido saber si el azar existe, o si es como lo pensaban los surrealistas un azar objetivo, que sucede por cierta necesidad. Durante varios años he vivido entre Tarbes y París, yendo y viniendo y, muchas veces protestaba por el hecho de tener que hacerlo. Pero cuando llegaba a Tarbes (casi siempre pensaba en que André Gide había vivido entre Uzés y París, buscando la calma), reconocía que en Tarbes podía escribir con tranqulidad. Cada hecho que en París se me presentaba entre el tumulto y la promiscuidad de la ciudad, en Tarbes se me obligaba a verlo sin decorados, ni brillos fatuos, es decir, más cerca de lo que eran. El silencio de sus calles, sus grandes espacios, y la concentración de los principales servicios en un centro compacto, me dejaban tiempo para soñar y concentrarme en lo esencial. Ahora, ¿vine aquí por azar? Cuando llegué estaba dándole vueltas a la idea de hace runa tesis sobre Flora Tristán, después, por una conversación, pensé que podría incluir a Lautréamont. Y el conde de Lautréamont empezó a escribir sus Cantos de Maldororor, aquí, encerrado en el Liceo Imperial de Tarbes. Théophile Gauthier nació aquí, y tal vez debería leerlo porque según Jean Echenoz no es tan malo como se cree, Jules Laforgue, ídem, otro ilusre del sur-oeste. Hay un libro, interesantísimo, uno de los mejores en crítica literaria, Las flores de Tarbes, de Jean Paulhan. Es curioso porque este libro, Paulhan lo concibió mientras se fue a dar una vuelta por el Jardin Massey, uno de los jardines públicos más bonitos que he podido ver en Francia, y un día yo decidí escribir algo sobre este escritor a quien una mujer le había consagrado un libro, con la idea de hacerse querer por él. La historia es real, Pauline Réage, autora de la novela erótica Historia de O, y secretaria personal en la NRF de Jean Paulhan, decide escribir este libro porque se siente poco atractiva y duda que este escritor se fije en ella. El libro se convierte en un éxito fenomenal, todo el mundo reslata la sobriedad del estilo y la elegancia de su historia, todo el mundo piensa que es Paulhan quin lo ha escrito con un seudónimo femenino. Pasan los años y nos olvidamos del asunto, hasta que, un día, una anciana de 80 años revela al New Yorker que ella es la verdadera autora de esta novela, y la verdad sobre ella: era simplemente un gesto de amor.
Bueno, ahora, Historia de O, es un clásico. Leerla es entender un poco la relación entre las palabras dichas y oídas y su poder erótico, como que todo es lenguaje en nosotros, incluso los actos más carnales.

En la imagen, el Jardin Massey.

jeudi, janvier 05, 2006

El viaje

Ayer llegaba a Francia y me decía que es durante el viaje, cuando nos exponemos al cambio y a la ausencia de referentes que nos convertimos verdaderamente en humanos. La distancia y el desarraigo, nos ayudan a comprender lo que significa la vulnerabilidad de una persona, su parte más absoluta: su fragilidad. Siempre me he preguntado por qué ciertas personas buscamos esa forma de sentirnos extranjeros, como si forzáramos la mirada de los demás a reconocernos en esa inmensidad de la despersonalización (a veces pensamos que esa mirada se puede parecer al de la madre o la del hermano, ser completamente afectiva). Somos vulnerables (y extranjeros) cuando no nos reconocen como estamos acostumbrados a hacerlo, cuando nuestra voz, nuestras frases, nuestras infexiones y hasta nuestra senmántica está envueltas en el “ahora” indeiferente del otro y nos la devuelve distinta, quiero decir, rodeada de su propia experiencia. Atreverse a caminar por tierras desconocidas es tal vez una forma de curiosidad, y podría ser entendido como un acto valiente (todos esos extranjeros que se alejan de sus familias, de su historia personal en busca de otra vida) y provocar cierta emoción, sin lo cual, como lo decía un filósofo entrevistado en la radio fracesa, no hay proximidad. Sólo así se logran pactos de solidaridad, sólo cuando nos vemos a nosotros mismos en la piel del otro y comprobamos que somos iguales, aún siendo diferentes.
En medio del tumulto, del de una fiesta de fin de año, por ejemplo, existimos de forma fragmentada, nos confrontamos a nuestra propia vulnerabilidad y nos despersonalizamos hasta quedarnos con un mínimo de identidad quemando entre los dedos. Es en esa soledad, irrigada de alguna presencia mágica y dionisiaca, en mi caso, un hombre, que asistimos a los instantes de mayor lucidez sobre los otros, y luego, por metástasis, con nosotro(a)s mismas. Esa es la apuesta que asumimos los que nos encontramos fuera: hacer surgir un sujeto y no la prótesis de un grupo. Esa es la batalla, pensaba, hacer surgir lo mejor que podamos algo de nosotros mismos. Autorizarse a ser una misma, podría ser autorizarse a ser mejor.

ps: me gusta lo que dice Iván Thays en su blog sobre el amor: si alguien pudiese protegernos de nosotras mismos, aie!

dimanche, janvier 01, 2006

2005


Anoche, año viejo, o nuevo. Un año que se termina, que se va para siempre. La noción del tiempo me ha parecido tan abstracta, tan lejos de nuestra capacidad de adaptación. San Agustin, en el libro XI de sus Confesiones, se pregunta: Dios mío: ¿qué es el tiempo?. El año 2005 se fue con sus rostros, sus anécdotas, sus instantes de intensidad y de falta de sentido. Yo, en mi caso, pienso en nombres, en personas que me han dado tanto y que no veré o no veo, pero que siguen estando presentes en las palabras. Anoche, en una fiesta bulliciosa en Barcelona, encuentro con una persona que había conocido a Julio Ramón Ribeyro, quien me regaló una publicación en la que había incluido un epígrafe de La tentación del fracaso: la vida sólo se justifica cuando es un combate pr el perfeccionamiento. Esa era la frase y esa sola frase en esa noche tumultuosa de la ciudad, con los borrachos silenciosos, desesperados por ser felices, por esa soledad de las personas que regresaban ebrios, como si tuviesen una nueva luz y creyesen en un futuro mejor, me pareció la mejor forma para empezar el año. Ese perfeccionamiento tiene que ver con ser incompasible con nuestas propias debilidades, en el hecho de no cederles por miedo, por ganas de acomodarnos en la vida, o por indiferencia (todavía peor). Hay que decirlo todo, más que todo y sólo Todo. Ese juego de verdad, sí vale la pena, porque de no aspirar a ese perfeccionamiento del que habla Ribeyro, la vida sólo se resume a una serie de hechos sin importancia, un latido seco y sordo como el de la muerte, pero una muerte en vida. Decir a las personas que queremos, que las queremos, entonces, recordar ese rostro, precisamente ese, claro, limpio, entrañable, dentro del auto Renault. Y la montaña, y el cielo azul , y decirle que ha sido una de las cosas más importantes en la vida. Gracias a un azar feliz, a ese encuentro, yo soy esta y no otra.

vendredi, décembre 30, 2005

Relaciones peligrosas

Choderlos de Laclos, autor de Las relaciones peligrosas, leerlo es un estimulante peligro.



En 1782, un oficial de artillería publicaba una novela epistolar escandalosa por libertina, revolucionaria, por tener como uno de sus personajes más importantes a una mujer, y trágica porque al final sus personajes mueren o terminan mal.
Esta será la única novela de Choderlos de Laclos, nacido en la ciudad de Amiens (1741), en una familia burguesa que se intalará más tarde en París. Choderlos era un jacobino, convencido de las ventajas de la democracia y admirador de las ideas del Iluminismo francés, de la enciclopedia de Diderot y de todas aquellas ideas que defendían la libertad del actuar y el pensar. Sin embargo, la novela epistolar que se convertirá en la obra de arte del siglo XVIII, tendrá como clara intención una denuncia de las costumbres y abusos de la aristocracia francesa, se podría decir que incluso lleva contenida una moral al hacer que los personajes considerados “viles” o “malos” reciban finalmente su castigo.
Cuando la famosa novela aparece publicada con el título de “Relaciones peligrosas” (Liasons dangereuses)causa escándalo y asombro por el estilo sobrio y brillante de la prosa de las epístolas que lo contienen, pero sobre todo, impresiona por esa capacidad del autor para hacer tejer a sus protagonistas una delicada tela de araña donde se combinan delicadeza y perfidia, dulzura y crueldad, devoción religiosa y panteísmo pagano. Esa ambiguedad con que se desarrolla la trama, sería mejor decir intriga de la novela, es su mayor atractivo. ¿Cómo clasificar una novela que tiene los elementos morales de la filosofía de Jean-Jacques Rousseau, junto con la apología del mal de un Márques de Sade y la modernidad, por sus personajes femeninos, de un Gustave Flaubert?
Dos personajes son los pilares de la trama: La Marquise de Merteuil y el Vizconde de Valmont, dos personalidades fuertes y dominadoras, dueñas de una inteligencia perspizaz y refinada, ambos igualmente impregnados de la filosofía de su época, de su sensualismo y de su creencia en la razón como forma de conocer el mundo y conocerse a sí mismos. Estos dos personajes claves son los demiurgos, los manipuladores que llevarán a la desesperación a la joven Celile (la inocencia) y a la Presidenta de Tourvel (la virtud). Cada acto de uno de ellos es conducido con una absoluta ausencia de remordimientos, y la frase de Valmont: No lo puedo evitar, es la síntesis de esa consciencia irresponsable y feliz que contempla con deleite su desplazamiento por el mundo gracias a sus calidades intelectuales. Para este tipo de razonamiento lógico y frío, la carta es la forma más adecuada al permitir a su ejecutor estudiar diferentes formas de retórica, ponerlas en juego y calcular los golpes. Además, observar a los otros y a sí mismo: Al descender hasta mi corazón he comprendido haber inspirado la revolución el de los demás, escribe la Marquesa a Valmont y se presenta a sí misma como una nueva Dalila, capaz de traicionar el secreto de todos los hombres que la cortejan (¡ja, cuántas cabelleras de Sansones modernos, poseo bajo las tijeras!, carta de la Marquesa a Valmont).
Laclos, en el prólogo, se dirige sobre todo a las mujeres y confiesa haber dado a leer sus Relaciones peligrosas a una madre, quien le había escrito diciendo que se lo recomendaría a su hija antes de su matrimonio. Laclos también escribió un tratado para la educación de las mujeres, y una ópera cómica, Ernestina, inspirada en una novela que fue un fracaso. Pensó continuar con la redacción de otra novela, pero ese proyecto nunca se culminó. El libro se prohibe en Francia entre 1815 hasta 1875, por escandaloso, y en 1957, por haber inspirado la revolución. En España aparece una edición en 1822, una selección de cartas bajo el título de La Presidenta de Turvel, personaje virtuoso que sucumbe a las peripecias de Valmont para seducirla y quien termina renegando de su virtud. La novela ha inspirado varias versiones cinematográficas. La de Stephen Frears, con Glen Close como la malvada Presidenta, es la más conocida, pero han existido otras versiones, entre ellas, una de de Roger Vadim, censurada cuando apareció en 1960. Para comprender la complejidad de la época, la influencia de las ideas del “Iluminismo”, la influencia de Rousseau y su concepción del mal, los rigores de la apariencia o las exquisiteces de la seducción (seducir es mi destino, escribe Valmont), y más que nada, lo que ha sido verdaderamente el libertino: una persona dispuesta a luchar por la libertad individual, muy bien expresada en esta frase puesta en boca de la Marquesa: Yo no he deseado gozar sino saber, el deseo de instruirme me ha sugerido los medios.

samedi, décembre 24, 2005

Evo Morales


La elección de Evo Morales, dirigente cocalero, sin duda alguna un dirigente muy vital, no ha soprendido demasiado. Desde hace un tiempo surgen en América del Sur, movimientos políticos inspirados en las reivindaciones más urgentes de la población. Bolivia, que tiene aproximadamente unos 9 millones de habitantes, es uno de los países más pobres del sur, con una población rural importante. Sin embargo hay varias Bolivias, la de Sucre, la de Cochabamba y la de la capital, La Paz, andina, mestiza, austera. En el Perú, el candidato que más se le parece, es Ollanta Humala, líder del Partido Nacionalista (puaff!) lo que no me parece muy gracioso, puesto que no que está en juego no es un debate de ideas de fondo, de propuestas económicas, políticas, culturales, etc, sino la imagen que proyectan estos candidatos de representar a un país, en realidad, a su esterotipo. Es una de las razones por las cuales me parecía lamentable la manera como se celebraba en Francia la elección de Evo Morales: Los indígenas toman el poder, tituló el diario Liberation, reivindicando la revancha... pero, ¿sobre qué, y sobre quiénes? Los dicursos milenaristas, esotéricos, con refranes, como “No robarás, no matarás, no mentirás”, transposición de uno de los lemas quechuas y también aymaras (¿quién el origen de este pensamiento esquemático?), demuestra que el proceso de trans-culturalización se ha producido desde hace cientos de años. Y para los aymaras, enemistados con los quechuas, no tiene mucho sentido esa separación, ambos pertenecen a la clase de los oprimidos, pero también los mulatos (mezcla de negro y blanco), casi inexistentes en Bolivia, pero que sí existen en el Perú y todos aquellos que viven en la pobreza. Lo que no me satisface en este relato es que se creen esterotipos, lo que importa en una elección es que sus líderes comprendan los problemas de sus pueblos, los analicen y traten de encontrarles soluciones. Es su movimiento en el pensamiento, su creatividad. La identificaicón étnica es peligrosa, no puede no serlo. América Latina, como Europa, o como los Estados Unidos, vive un fenómeno de trans-culturación, trans-linguístico (debido al quechua y el aymara) desde hace años y no es ahora que vamos a empezar a decir que Bolivia es un país totalmente andino, entonces los sucrecinos, ¿qué?
Si en Europa se ve con complacencia la elección de Evo Morales, es por una actitud paternalista y romántica que desconoce la realidad de ese continente. De esa forma en los productos culturales, lo que gusta es el cliché, el esterotipo, si es un escritor o escritora latinoamericano, tiene que hablar de militares, de guerrilla, decorado de postal con palmeras, o con los Andes... Esa falta de oxígeno en la manera de ver a los demás países, conviene a una forma de pensar más bien rígida que no acepta la imprecisión y los cambios, es una actitud conservadora. A nosotros no debe importarnos eso. Evo Morales se verá ante el reto de demostrar que tiene una consciencia democrática y que realmente no es un peligro para el equilibrio geo-político de América del Sur (el problema de la salida al mar de Bolivia es delicado y esperemos que no lo utilice para despertar pasiones y ganarse el apoyo). Su reto es político, es de ideas, de contenidos, no tiene nada que ver con un color de piel, ni una forma de hablar. Ese es un barniz, lo que interesa es el fondo.

jeudi, décembre 22, 2005

El amor, tralalá...

Para darle un nombre los sentimientos de apego por las personas, hemos inventado una sóla palabra: amor. Pero me preguntaba si bastaba con ella, porque su espacio semántico, es reducido. El amor puede ser deseo por alguien, pero también puede ser un don, necesidad de dar sin esperar nada (el texto del Eclesiastés, sino me equivoco, es muy hermoso). En su diálogo El banquete, Platón analiza lo que considera amar y pone a Diotina como la diosa de la sabiduría y del buen amor, en la época medioeval, fueron los trovadores, y en la época moderna, luego del Romanticismo, dominó un modelo de amor trágico, siempre imposible. Eso, gracias a el auge de las novelas y a sus heroínas. En todo caso, podrían econtrarse muchísimos ejemplos. Pero lo que yo quería decir es que la palabra reduce el concepto a una forma de exlusividad que limita de alguna forma la libertad. Debería ser amar para que alguien se sienta más libre. Recuerdo uan carta de Heidegger dirigida a Hannah Arendt: te amaré en la medida en que seas fiel a ti misma. Me parece una bonita definición del amor, que alguien te ame para acercarte a ti misma y no para alejarte. Si el amar es comprendido como uan fuerza positiva, energética y creativa, no debería hacer sufrir. Sufrimos cuando no nos sentimos correspondidos, pero podríamos entender que sino lo somos es por que en nuestra elección no hemos dejado que el Otro actúe en nuestro interior. Nos hemos enamorado de la idea que poseemos del amor y no de la persona que lo inspira. Es la división entre los idealistas y los pragmáticos. Es difícil hacer que una persona coincida con la idea que nos hemos formado del amor. Para las mujeres el hombre muchas veces tiene que ser suficientemente sutil (y elegante) como para comprender las expectativas que podemos tener, justamente el hecho de poder ser fiel a nosotras mismas y no a un modelo social impuesto, construido por una sociedad androcentrista. Una mujer que no corresponda a ese modelo, muchas veces se queda sola. Parece casi imposible que no se desconfíe de una mujer que no tenga a un hombre junto a ella. El otro día conversaba con una mujer que vivía sola y me comentaba que sus círculos eran siempre de solteros, porque las personas en pareja no aceptaban la subversión de la soledad. Finalmente en esos encuentros con los otros, del mismo sexo, o del opuesto, nuestra propia imagen se pone a prueba. Milan Kundera decía una de las pocas cosas que me han gustado: uno no ama alguien por sus cualidades, sino por sus defectos. Sería lo más cercano a ser fiel a sí misma. Ahora, en la separaciones, suele haber el sentimiento de no haber sido comprendido o valorado como se deseaba. Cada pareja que se separa piensa y siente que de alguna forma estando con esa persona de la cual se separa, ha perdido algo o ha traicionado algo. Y tal vez no sea eso, es que nadie nos devolverá nuestra imagen incompleta y la persona que comparte con nosotros nos hace ver todo lo que somos, en el sentido más extenso del término. No es una plusvalía amar, es un riesgo. Y por eso pienso que las relaciones no se acaban ni se terminan, solo se transforman en otra cosa. El deseo es impredecible, las personas, también. Nos acercamos para tratar de reconocernos en el otro, pero en ese juego también nos despersonalizamos. Entonces, ¿es que estamos condenados a la duda y a la imprecisión? No creo, si avanzamos con confianza, si dejamos que lo que nos oriente, sean nuestros sentimientos y menos las ideas, quizás sea menos complicado aceptar las pérdidas o las separaciones. La verdad que en el fondo no estoy segura de nada de lo que escribo, son únicamente divagaciones. ¿Pero por qué no, diablos! el amor comprendido como una fuerza vasta, amplia, generosa, como una libido que acepta su movimiento, por qué no? Parece una idea un poco mística y hay algo de eso en esa vocación que podríamos tener por los otros. Obviamente si nos aceptamos, podemos avanzar hacia el encuentro. Bueno, todo esto es un poco abstracto, pero la experiencia msma del amor, lo es.

samedi, décembre 17, 2005

Memoria


El proyecto de una ley en Francia que pretende resaltar el rol positivo de las colonias en ciertos países del África ha provocado otra polémica en torno a la identidad, el pasado y el deber de memoria. Una revisión de la historia es posible llamando las cosas por su nombre, a los infames tratados de negros, crímenes contra la humanidad. El concepto no sea tal vez al final de cuentas lo más importante, pero tal vez recordarlo, sí, conocer la historia de miles de esclavos y la de sus hijos. Es el caso del escritor Martiniqués Aimé Césaire, hijo de esclavos, filósofo, poeta, fundamental en la historia de descolonización de las Antillas. Devolverles la dignidad reconociendo cuál ha sido el pasado, es parte del reclamo que exigen escritores como Edouard Glissant o Patrick Chamoiseau. Me pregunto si en el caso de América Latina reconocer ciertos atropellos, ciertas sumisiones y la esclavitud como parte de la historia en la formación de las Repúblicas, no sería tal vez una mala idea. Deber de memoria sin conmiseración y sin caridad victimaria.

Foto: el escritor antillés Edouard Glissant.

lundi, décembre 12, 2005

Pérez Subirana


Se trata de un hombre que observa el mundo, de alguien que lo observa con atención, y que, a fuerza de mirar y mirar, termina por hacerlo suyo. Es un hombre solitario, de esa soledad cósmica de todos, tan universal y tan íntima. Porque la voz de Manuel Pérez Subirana (Lo importante es perder (2004) y Egipto (2005), las dos en Anagrama) , la de sus personajes, es una voz cálida, entrañable, heterónoma, como las personalidades del poeta Pessoa. El martes 13 presenta su novela en Madrid, junto con Alonso Cueto, quien ha escrito La hora azul, Anagrama, 2005. Cueto es el ganador del Premio Herral de novela, Pérez Subirana, el finalista. Al margen de los premios, espero que su presentacion sea estupenda, se lo merece: suerte!!!!
Y me voy a comer, en una panaderia de Paris un "pain au chocolat", chocolatin, una de las preferencias de la que escribe esta nota. Soit.

dimanche, décembre 11, 2005

Angelus Novus


El último disco de Alain Souchon (La vie Theodore, ver la excelente página web: www.alainsouchon.net) , un hallazgo. Una joyita que habla de esa locura religiosa que aliena y separa a las personas. Souchon dice: ¿y si el cielo estuviese vacío? Si no hubiese simplemente... Dios!!
Temps d’Angelus (tiempo de Angelus), esa música que se toca en las iglesias cuando alguien se muere. Es como si el mundo estuviese dividido entre aquellos que lo sienten como una separación y los que se sienten parte. La alteridad es posible si entendemos que todos estamos solos, que todos somos vulnerables y que lo único que le da sentido a nuestras vidas es construir juntos y compartir. ¿Por qué no, creer como lo hizo Fourier y luego, Flora Tristán con su unión obrera que se pueda pensar en otra utopía sin más ideología que aquella de los afectos, los sentimientos, las emociones? El amor, como una fuerza motor, energética, la única que nos permita entrar un poco en la subjetividad de los demás o, al menos, acercarnos sin hacernos daño. La ignorancia, y sí creo en esta idea rosseauniana, hace que actuemos en la oscuridad, dándonos de golpes. Al verdugo no le gusta ser le verdugo y a la víctima tampoco. Un Angelus novus entonces, que mire hacia el futuro y crea en él. Hay que confiar en cada una de las personas, en nosotros mismos... Recuerdo la imagen del otro día en la estación del tren, en Matabiau-Toulouse. Un chico muy joven de origen árabe tropezó con uno africano, de origen, seguro, musulmán. Estuvieron a punto de pelearse, se sentían, además observados. Pero de pronto, uno de ellos dijo que era una tontería y que ese árabe, era un hermano. Todos los vulnerables son hermanos en la carencia, hay cierto poder en los que se saben vulnerables, cierta belleza, y esos jóvenes eran hermosos y conmovían por su fragilidad.

Bamako, Dakar, Rio, París, New york, ou est le probleme, dice la canción de Manu Chau y Amadou y Mariam. No más ghettos, por qué no aprender a vivir juntos?

vendredi, décembre 09, 2005

El deseo

Creo que no hay nada más complicado que el deseo, el deseo simplemente, lo que late en nosotros y nos permite estar vivos. Difícil que el deseo se acomode al mundo exterior, a los otros, es siempre algo que no tiene límites y entonces, lo que hacemos, es ponerle un límte apoyándonos en la razón. De lo contrario, terminaríamos perdiéndonos en él. El libertinaje hizo del deseo un motor de creación y subversión, el Marquéz de Sade el más interesante, pero ¿es posible confinar su deseo, es posible domesticarlos? Con Francois Weyergans, hablando de este tema, decíamos: es terrible luchar contra su deseo es agotador. Y una de estas mañanas mientras oía un programa de France Culture alguien citaba las frases de Spinoza sobre el deseo: uno ama su propio deseo y eso hace que el objeto del deseo sea también amado. Luego me preguntaba por qué, en muchos casos, el deseo produce una combustión física, al borde del stress. Tal vez, pensé que el deseo siempre busca construir una figura que recomponga algo interior en nosotras, el deseo mal vivido hace que la neurosis empiece a actuar, al menos, es así cómo lo veía Freud. La renuncia al deseo, es la neurosis en su forma activa y la depresión en la pasiva. En el fondo, en el caso de un deseo encarnado en un cuerpo de mujer, tiene que ver con una neurosis del origen, es como si esta fuerza buscara recrear las cosas desde allí para unirlas a la experiencia exterior, al mundo. Cuando esto sucede de forma armoniosa, la fluidez da lugar a la serenidad y la confianza, es cuando, se puede construir y me pregunto si los hombres, más acostumbrados a vivir su deseo de manera libre, por cuestiones sociales y culturales, estar menos presionados, sentir menos culpabilidad por el hecho de tener un cuerpo que está preparado para dar vida al otro, lo viven de la misma manera. El deseo no tiene una forma definida, puesto que es actividad casi molecular, tampoco tiene siempre un sólo rostro. Pasa el deseo allí donde late la vida, en una conversación, un encuentro, una caricia, una mirada, pero el deseo por una sola persona, por su presencia y su proximidad es confinar el deseo para celebrarlo y hacer de esto un epifenómeno, consagrarlo, hacer de él un acontemiento que marcará nuestras vidas. Si siguiésemos simplemente nuestro deseo de manera más natural, sin prejuicios, ni formas, sin necesidad de trascendencia, bajaríamos tal vez al terreno de lo puramente profano, de lo factual y lo ordinario. Algo más fuerte nos hace sentir esa necesidad de trascendernos, aún sabiendo que en ello nos podemos perder... son nuestras apuestas humanas, siempre, como diría Pascal, entre Dios y la Nada.

samedi, décembre 03, 2005

Bamako


Ahora que el Presidente de Francia, Jacques Chirac, está en Bamako para una reunión con varios dirigentes de países africanos, me gustaría volver a poner un fragmento del misterioso Diario del África, olvidado en el TGV para que yo lo recogiese.

Soñé que la gente del África, con la esperanza de vivir materialmente mejor, llegan a París. Una sola muchedumbre de millones de personas, que atraviesa el desierto más duro del mundo, el Sahara, y son acogidos por un pueblo que tiene la esperanza de vivir mejor humanamente su propia cultura. La cultura de la hospitalidad. Estoy seguro, el pueblo francés necesita de la sonrisa africana.

Cotounou, 25 de julio del 2003

Me pregunto: ¿y si Nicolas Sarkozy contratase a esta persona como consejero? No way José!!

vendredi, décembre 02, 2005

Escribir una novela, un texto, puede ser un acto de generosidad, una manera de desparecer en el proceso para dejar que otros rostros aparezcan bajo la observación del ojo atento de su autor, una forma de ser una partícula del mundo para integrarse a él. Por eso, las leyes del mercado, la edición, poco tienen que ver con lo que sucede dentro del autor, con su padecimiento y su soledad. Afrontar el silencio de una página es como esa alegoría de Michel Leiris, La literatura como una tauromaquia, un riesgo, una apuesta ciega. Algunos ejercen un sacerdocio, otros, aspiran al mercado. Lo inédito no significa que un texto no exista, éste existe siempre para los lectores, muchas veces ignorados por los editores que manejan los criterios de mercado, desde el momento en que su autor lo deja brillar en la página. Un fragmento es algo que está construido con algo del autor y esa es su pequeña grandeza, y por eso un fragmento inédito de Michel Abax, que construye un personaje inasible, tal vez el mismo libro que se escapa...

Fragmentos de Error de Casting

Michel Abax


¿Había golpeado a la puerta de mi cuarto? Estaba oyendo Wednesday night prayer meeting, tocado por Charlie Mingus, a todo volumen, es verdad. Sentí su perfume que revoloteaba entre los saxos, luego sus manos acariciaron mi espalda como si fuese un contrabajo entre sus dedos, sacó el audífono de mi cabeza. Creo que había bebido sola en su cuarto, en plena tarde. No pude esconder lo que escribía y ella se puso a leer en voz alta sobre mi pantalla, los otros residente debieron escucharla igual que yo.

(...)

Cuando su avión salió de Niza hacia Madrid, me quedé en la cafetería del aeropuerto para tomar algunos vasos de vodka tonic y no me esforzaba en esconder mi desarraigo, sosteniendo mi cabeza entre mis manos y hablando en voz alta. Los empresarios, en la mesa del lado, levantaban la mirada de sus documentos y parecía perturbardos en su trabajo. Tenía miedo de no verla más. ¿Qué había en le fondo de su linda cebecita? Algunas células, algunas neuronas eran suficientes para crear en ella una resistencia para que nos volviéramos a ver. Después de todo, para ella, nuestro encuentro había sido marcado por el signo de un error de casting, y los conflictos entre nosotros, ¿no eran la prueba de un amor contranatura? Yo no sé si se trataba de una defensa de mi parte, una falta de confianza y la costumbre de perder que me venía de la infancia. ¿No era acaso el producto de la inestabilidad afectiva, como si la confrontación con la ausencia se hubiese vuelto una especie de órgano implantado a la fuerza, un cuerpo extranjero que en vano intentaba expulsar?... Repasaba todos los instantes pasados juntos, los que fundaban su sinceridad. Y por supuesto encontraba otros que estaban muy lejos de inspirarme confianza. Brazilia era una estrellita volcánica, y si la deseaba sólo para mí, tenía la impresión que no tenía menos que empujar un satélite, desviarlo de su órbita habitual para poder pararme en ese territorio en el presente lejano y frágil.

Habíamos ido al restaurante La boule, en el último piso de la tienda Kenzo. Estábamos en una mesa, frente al Pont Neuf para ver ese nuevo lugar que había servido de decorado a uno de los últimos episodios Sex and the city. Pensé que pasaríamos un momento juntos, frente a frente, pero no fue así. El había regresado de Venecia y la había llamado con la idea de devolverle las llaves de su departamento, me explicaba ella. Llegó a mis espaldas, no lo vi entrar y ella se levantó resplandeciente, de forma brusca para tomarse por los brazos, sus gestos eran tiernos, ella golpeaba su mejilla y acariciaba sus cabellos... El me ajustó la mano con flacidez, como si metiese su mano en un bol de gelatina transparente, luego, se sentó a nuestra mesa. En fin, volteado como se encontraba, estaba más que nada al lado de Brazilia, en realidad ni siquiera me miró a los ojos, se reía apretando el brazo de Brazilia. Era bastante corpulento, con una casaca de pana muy pequeña para él y un pañuelo verde botella, llevaba una cola de caballo y tenía la piel mate, una piel de grano ligero, y sus ojos negros estaban concentrados en ella, demasiado, sin duda...
Sentí que hubiesen preferido estar solos, en realidad partir de ahí para estar más tranquilos. Yo hacía un poco de figurante, un poco? Totalmente... Se hablaron por mucho tiempo, demasiado tiempo y sin dirigirme la palabra! Yo rumiaba mientras comía solo mi steak tartare y mi puré de camote, porque Brazilia no tenía hambre, hablaba y se reía con él que hablaba inglés sin que pueda comprender lo que realmente decía, sólo que tenía mil anécdotas para contarle sobre sus amigos en común y sus proyectos en el mundo entero.

(...)

He aquí que estábamos en una relación completamente virtual, gracias al precio reducido del teléfono en Internet y algunas manipulaciones fraudulentas. Pasábamos muy a menudo cuatro horas en el teléfono. En los casos más difíciles, ella me escribía desde un cyber café o de su computadora portátil. Tenía la impresión de seguirla por el mundo entero, escuchaba el ruido de las olas del Pacifico en San Francisco, o el Atlántico en Río, los ruidos de una tratoría en Roma, los anuncios en el tren en francés, español, etc... los ruidos de la calle en Barcelona, o los camareros de un Sushi bar que le dejaban la comida en su hotel de París. La seguía por todas partes, en todos los baños donde escuchaba correr el agua de la bomba o la de la ducha, la oía masticar, cubrirse con una sábana, ladrar a los perros, el rayo que caía sobre una ciudad y me hacían reconfortarla, la aconsejaba en sus comidas, en sus negociaciones, me había vuelto su secretario, le hacía sus plaquettes, y le contruía una página web, mi vida se organizaba completamente alrededor de ella.

mardi, novembre 29, 2005


Las mujeres y la novela


Siempre me ha producido cierto asombro el ver la poca cantidad de mujeres que escriben novelas. Pero más que juzgar, me interesa comprender mejor las razones. Siempre he pensado que escribir necesita de una confianza en la capacidad de proyección del propio autor y en el lenguaje. Las novelas se inscriben más en el terreno de la doxa, del mundo concreto, del de la prosa del mundo, como lo decía Kundera en su ensayo, La cortina. Obvio, no? No tanto, porque el hecho de que en las novelas se hable del mundo factual y concreto, hace que las mujeres sean pasivas. Las reglas de la tribu no pueden ser trastocadas, hay que preservar la especie y para escribir se necesita tiempo, soledad y cierta arrogancia para decir, Yo en voz alta.... ¿Se contradice esto con la maternidad? No, no necesariamente aunque no sea madre, tal vez sea incluso una manera de trascendencia, de experiencia metafísica. Lo que sí pienso es que las creencias culturales mantienen las cosas intactas, los roles sociales casi en la misma situación que el siglo XIX.... El siglo XX será de las mujeres, anunció Víctor Hugo con ánimo de predestigitado. Y no lo creo porque los movimientos en el pensamiento son impredecibles y hay un retorno a una manera de pensamiento racional, apodíctico, desconfiado de todo lo que se le escapa. La frase se Simone de Beauvoir, uno no nace mujer, lo deviene, no satisface a muchas mujeres y se prefiere hablar de esencia femenina y masculina. Es decir, ¿lo femenino es una esencia, o es simplemente una huella cultural, que puede ser trascendida? Tal vez nuestra identidad sea mucho menos imprecisa, y aunque tenga que ver con un cuerpo, con su volumen y su forma (un buen acomodamiento de átomos???), tiene que ver con un mundo interior, psicológico y complicado, con los símbolos que se forman a través del tiempo y a los cuales hemos ido poniendo nombres. Hace poco, la guerra contra el psicoanálisis declarada por un libro negro, me hizo pensar que la época desconfía de los símbolos, de su imprecisión y su aleteo interno. Un acontencimiento, un atentado, una guerra, un terremoto, actúa en forma de símbolo y rompe la cadena de representaciones, bloquea el lenguaje, lo hace incomprensible. Para mí, todo acto linguístico, sobre todo el escrito, es afectivo. Por eso, que las mujeres escriban y escriban novelas, depende de la confianza que sientan en sí mismas, de la capacidad de crear su propio relato, su auto-bio-grafía, en el sentido pleno. Lo difícil es que como decía Simone Weil, cada relato fundamental empieza por la dominación del hombre, la Biblia, los textos clásicos, Occidentales y Orientales. La mujer no es origen, y sin embargo es la que da vida. El hombre es el creador porque es él el logos, él el que nombra y da sentido, y toda mujer que se atreva a querer usurpar ese lugar puede ser neutralizada. Nombrar, es el comienzo de esta historia, atreverse, el reto. Hummm, pensaba en si las cosas son tan dífíciles, pienso en voz alta, pienso en Duras, en Woolf, en Mac Cullers, en Beauvoir... Y no, no hay tantas... Geo-políticamente las cosas parecen presentar un androcentrismo irreversible, no veo una posibilidad de cambio sino es en los países de América donde las cosas están menos determinadas y el movimiento permite que los roles no sean arquetípicos, quiero decir estigmatizados, sino concretos. Para que las mujeres conquisten el terreno de la novela, tienen que poder seguir escribiendo, tienen que confiar en su lenguaje y en la forma en cómo se representan el mundo, tienen que romper con la autoridad masculina. Olvidar ciertos traumas, acontecimientos, como pueden ser las imágenes de una mujer golpeada, torturada o lapidada. Aquí sí, es terrible como un cuerpo es un cuerpo, un cuerpo frágil que no puede defenderse. Pienso en un crimen espantoso, duecedido hace una semana en París, el de una joven quemada viva por su novio que no aceptó negativas a su propuesta de matrimonio. Una mujer muere violentamente por causa de un hombre cada 4 días, un hombre cada 16...

foto: Sartre et Beauvoir.

jeudi, novembre 24, 2005

Manchette reeditado




Jean Pierre Manchette no es sólo el autor de novela negra nacido en 1942 y desaparecido precozmente a los 52 años de un cáncer, es el origen de una serie de novelas que inauguran un período de crítica social y desenfado en el lenguaje que se conoce n Francia como la Serie Negra. Es sobre todo un escritor que quemó una a una las etapas de su vida, con la misma velocidad con que transcurren sus novelas de personajes arquetípicos, nostálgicos, truhanes y dandys, bandidos y protectores, misóginos y contestatarios de la sociedad de los años 60. La revuelta estudiantil de mayo del 68 fue posiblemente la culminación de una serie de frustraciones sociales que encontraron una forma casi épica de resolverse. Nutrido del pensamiento anarquista, fascinado por ciertas etapas de la Guerra civil española, y del pensamiento Situacionista, Manchette es ahora una especie de icono, un ídolo valiente, humano, próximo.
Su vida es un poco como sus libros, un poco épica, un poco cómica. Fue el hijo de una madre burguesa y de un padre campesino, estudiante de literatura inglesa, que lo llevó a traducir una gran cantidad de novelas policíacas al francés, trabajo casi tan importante como su obra creativa. Cuando a Jean Echenoz le preguntaron cuáles eran los autores que lo habían influenciado, habló de Manchette, y claro, ese héroe un poco perdido, nostálgico, mezcla de bolero y jazz, tiene que ver con Echenoz (si le agregamos la angustia y el lado metafísico), con sus personajes y con ese mundo laberíntico e urbano de París. Mundo arcaico y mundo contemporáneo, nostalgia y sensualidad. Manchette a los 16 años: un joven fascinado por las ideas anarquistas, el cine norteamericano, el jazz, la aviación, los comics y el Situacionismo de Guy Debord que denunciaba los vicios y perversiones de la sociedad de consumo. Manchette construyó una obra de crítica social sostenida en clisés de la sociedad francesa contemporánea.
Los héroes de Manchette están relacionados con las causas revolucionarias, independientes, que estas sucedan en el Uruguay de los Tupacamarus, o en Santo Domingo, Inglaterra o España, país entrañable para el autor que inspira su novela Nada, versión ficcional del movimiento “Nosotros”. Sobre todo denuncia, señala, a la manera de un romántico revolucionario. Cuando escribe Le petit bleu de la cote ouest (El azul de la costa oeste), no sabe cómo hacer con la relación amorosa en la que se entrampan sus personajes, la verdad que son treinta páginas en la que no se sabe si es una novela de amor, escribe Manchette. Su diario, en el que escribió toda su vida, ha sido editado por primera vez. En él encontramos un Manchette muy consciente de su necesidad de hacer un trabajo crítico apoyándose en un enfoque completamente behavorista y arcaico. Cito: Viernes, 14 de mayo de 1976: Algo interesante con la ecritura behavorista, es que las acciones son indicadas sin explicación. Comprendemos en general, pero a veces no comprendemos suficientemente. Y yo creo que hay que crear ssistemáticamente accione sy diálogos que sean un poco incomprensibles. Y sobre Le tireur couché (El tirador echado): Trato de scribir de manera hiper-behavorista, muy densa y rápida, es decir, de una manera neo-clásica. A lo mejor pienso leer Chase para ver cómo funciona un buen ersatz. Sucede que los norteamericanos, a pesar de que han producido parte de las mejores novelas negras, no han pensado que pueda ser un género en sí mismo. Manchette lo había visto: comprendió rápidamente que la sociedad contemporánea atravesaría una gran crisis, y que la novela, sería el eje estético de esa revolución individual, la distancia entre vida y escritura mínima, como sucede ahora con la “autoficicción”. Por supuesto, su preocupación estaba sobre todo en el “mostrar” y “señalar” los defectos de la sociedad capitalista. Una literatura muy política que puede llegar a ser aburrida, por esquemática, pero apreciada en su justa dimensión dentro de su contexto.
Manchette fumaba demasiado, producía demasiados guiones para cine, algunas películas con Luis Buñuel, ¿Ciego, qué deseas?, en 1993, con Max Pecas, con Claude Chabrol y Vera Velmont, su carta de la suerte porque desde entonces porque su vida económica mejoró disfrutando de cierto éxito con algunas de sus novelas. Agorafóbico por mucho tiempo, un cáncer alcanza el páncreas, luego, es un descenso lento y productivo. Varias novelas más, entre ellas Fatal, curiosamente editada en la colección blanca de Gallimard y no en la Serie negra que ya se había convertido en un mito gracias al impulso que le dio su editor, Duhamel. En 1977 aparecen los primeros comics, con dibujos de Tardi y como protagonista al detective Griffu, un descreído, romántico y delicado como lo era el propio Manchette. Entre la música del saxo que tocaba, la agorafobia , el trabajo y el agotamiento, un día se termina el episodio Manchette, igual que su héroe que muere sin lamentos: Pensé que sería divertido que muera... con esta idea, me río.

Todas las novelas negras de Manchette han salido editadas en la colección Quarto, de Gallimard. Una lectura que vale la pena. Una forma de desenfado, de respuesta fresca al anquilosamiento literario.

mardi, novembre 22, 2005

El frío

Cuando llega el invierno, siempre pienso que el frío es insoportable. Es una impresión de información no registrada en el disco duro de mi memoria. El temor a las temperaturas extremas, frío o calor, es que impidan pensar con propiedad. Jean-Jacques Rousseau hace un análisis apasionante en un pequeño ensayo, El origen de los idiomas, incluído en otro texto suyo, Sobre la desigualdad de los hombres: ¿hasta qué punto influye el clima en nuestro comportamiento, pero sobre todo en nuestro lenguaje? Es una pregunta que yo siempre me he hecho contestando que en un cuerpo que se siente libre, que es dúctil, su lenguaje escrito también lo será. San Ignacio de Loyola da una serie de indicaciones precisas sobre hábitos alimenticios, sueño, etc., en sus Ejercicios espirituales, Nietszche estaba seguro de que la mala comida alemana tenía que ver con ese pensamiento rígido, y Emmanuel Kant detestaba todo tipo de sudores y secreciones. Gérard de Nerval le tenía fobia a la nieve, no sólo por la temperatura, sino porque el blanco le daba angustia.... Tal evz proque es como la locur ay él ya había presentido que se colgaría un día en la rue Linterne, en París.Yo miro desde mi ventana los mástiles del puerto de Sete, y hace frío y escribo pensando en que esta sensación es nueva y que tengo que reconocerla para organizarme de nuevo.En Lima nunca he pensado mucho en cómo organzarme, nunca llueve, y nunca hace realmente frío. He ahí toda la diferencia. Para terminar, con Rousseau, en su ensayo, sobre el origen de los idiomas, piensa que surgió por una necesidad de transmitir sentimientos: pasión, miedo, angustia o alegría y no necesidades, sed, calor, hambre, etc. Según Rousseau esto se podía resolver a través de mímicas. Las primeras representaciones hechas por nuestra especie responde entonces a una abstracción sobre nosotros mismos, a una consciencia de estar separados y solos: cosa mentale.

mercredi, novembre 16, 2005

identidad y nación




He estado pensado en el tema de la identidad con respecto al hecho de pertenecer a un territorio y expresarse en un idioma. Creo que es un tema que se ha politizado, y es lógico, más que nunca nos encontramos frente a una fragmentación de nuestra identidad, frente al desapego y una suerte de confusión de conceptos e ideas. Cuando trato de explicar que el trabajo de escribir es un atrascendencia de la propia condición, parece que esto se interpreta como desapego o renuncia al origen, a la propia historia personal, al pasado. Y no se trata de eso. Es mirar el futuro estando en el presente, un presente encarnado. En mi caso concreto, yo creo que yo empecé a escribir por una necesidad de limpiarme de toda alienación, una necesidad básicamente afectiva, por eso hablo del pathos en el hecho de escribir. Desmontar, de-construir, (para usar un término derridiano que pesa a muchos), desacralizar, para luego juntar las piezas a mi manera, ha sido el punto de partida. Quiero decir: crear tu propia historia a partir de un hecho, o de varios, por eso, el Perú, la vida concreta del pasado, están encarnados en mis libros. Toda identidad monádica y esencialista me da miedo porque excluye y no integra, de ahí mi gusto por la hibridez, que es una manera de aceptar la combustión constante del pensamiento y su consecuencia, la acción. Todo lo que se fija, tiende a ser una como las idologías, suprimen la libertad de cualquier individuo. Pero no todo se detiene en el lenguaje, están los acontencimientos, las cosas que nos suceden y nos marcan, de ahí que yo me esfuerce en recuperar el vínculo entre vida y obra. Un joven autor de origen tunesino, Mehdi Belhaj Kacem, da una importancia clave a una literatura de la acción, una literatura que se inscriba en una línea en la que se mezclan referentes de todo tipo (rock, literatura, filosofía, y una actitud situacionista)... Lo que me interesó es que hablase de lo político como uno de los nudos en los cuales se mueve la creación. Es decir, frente a un vacío de paradigmas, lo que se borra es la distancia entre el mundo privado (aquel del autor) y el del público y todo lo que sucede pasa a ser de interés colectivo. Estamos en la acción individual, pero al pasar a la acción (escribir, publicar) pasamos a ser del dominio público. Para mí escribir es una forma de reconocerme, pero también de reconocer a los otros, lejos de la sociedad del espectáculo, y la idea de Kacem, que cierta intellegentia francesa (Sollers, por ejemplo) desdeña cualquier actitud contestaria por considerarla inútil puesto que la sociedad siempre absorverá el negativo, es un poco cínica, es un poco la desesperanza de Houellebecq: como no puedo ser mejor, me hundo con todos. Pero es también la desesperación de los jóvenes de los disturbios (los ángeles d ela desolación). Estigmatizar el origen, de alguna forma, es deformarlo. Yo creo que lo importante en toda escritura (es decir, toda huella que desee dejar un autor) está en la elección de los instrumentos y en cómo lo va a hacer. Mientras más enérgica sea su reacción, mientras se mantenga lejos de los estereotipos, más cerca estará de sí mismo y de su lector. Tengo una completa confianza en la inteligencia del receptor, casi siempre subestimada por los paradigmas clásicos de saber (la instrucción como algo muy elitista). Yo para escribir he necesitado darme cuenta de que estaba alienada con mi clase social, he tenido que asumir la parte artificial de mis idiolectos y abandonarlos porque no me identificaba con ellos. Había decidido el camino de la respuesta a ese estereotipo femenino y burgués que se me había dejado. No es que crea que la literatura no es un producto de la burguesía, lo ha sido en todos los casos, sino que es justamente desde ella que se puede razoner y señalar las alienaciones. Por eso, todo territorio termina siendo pequeño para un pensamiento libre y sobre todo, para la creación. En lo que escribo está el Perú y están los otros lugares donde he vivido o vivo. Si fuese posible llegar a concebir una trascendencia concreta de los orígenes, un verdadero desapego, tal vez hayamos llegado a la sabiduría.

samedi, novembre 12, 2005


La calma ha vuelto relativamente en Francia, sobre todo en París, aunque leo que ha habido dos hechos violentos en Pau y en los Landes el día de hoy. Ha sido más de una semana en que hemos visto a esos “ángeles de la desolación” salir a las calles a incendiar autobuses, inmuebles, a descargar su frustración sobre todo lo que los rodeaba. Para poder cambiar las cosas es necesario comprender. ¿Qué sucede con estos jóvenes y por qué tanta rabia? Por lo que decían (yo sólo sé contestar con violencia, estoy arruinado, no sé qué hacer...) parecía que una fuerza nihilista se hubiese apoderado de ellos: puesto que no soy nada no quiero nada y es el deseo de la aniquilación, de la muerte. Pensaba, si estos jóvenes están dispuestos a perder y arrastrar con ellos a otros, un niño, un anciano, es porque ya no es la vida lo que se manifiesta en ellos, sino lo contrario. Al final, esas “banlieus” han funcionado como prisiones en la ciudad, sin aire y sin luz, a manera de cementerios. Y de pronto, lo que ha habido es una noche iluminada de explosiones de fuego. Para poder transformar las frustraciones, el miedo a la vida, la precariedad, se necesitan instrumentos que no vienen del exterior, sino del interior de cada uno de nosotros. Por eso, pensaba, si una educación no enseña valores que transformen los sentimientos de fracaso y frustración en un motor de búsqueda, en valores de solidaridad, la soledad se hace cósmica e irreversible. Para defenderse en este mundo los jóvenes están más demunidos (porque la situación no cambiará radicalmente) y necesitan valorizar otras cosas que el simple bienestar material, necesitan transformar su vida interior para interpretar el mundo exterior y concreto. Las imágenes de marca los convierten en consumidores automatizados, en el único símbolo que los diferencia y los identifica, les da un estatus social: el de antisociales y resentidos. Una sociedad que hace de la riqueza y el éxito un paradigma está, creo, perdida, la conquista debería ser con nosotros mismos, tener un trabajo para crecer interiormente, para comprender mejor a los otros y para compartir mejor. El deseo, en este caso, está desviado de su función principal, ser felices, está... cómo decirlo, pervertido por el objeto. Y estos valores no son los que se imponen y la marginación proviene, no sólo de una división social que no es fácil invertir, sino de su determinismo, es decir: si soy árabe, extranjero, negro, no existo en tanto que ser humano, no soy un ciudadano como los otros. Por eso, el adjetivo, chusma, dolió tanto: ha sido un atropello a su dignidad. Toda persona aspira a ser considerada como una persona a part entiere, y la adjetivación es una apropiación del individuo, es su condenación y su esclavitud. ¿Qué va a pasar ahora? No lo sé, castigar no es la solución, hacerla comprensible y transformarla, la única. Esas son dos perspectivas distintas, la de los padres que castigan a sus hijos y la de los que prefieren explicarles las cosas para que decidan por sí mismos. Si ellos deciden derrapar, es su responsabilidad y asumirían las consecuencias. En todo caso la educación debería ir contra toda esclavitud en el pensamiento, hacer personas autónomas que sean capaces de saber cuál su valor inalienable, sólo eso podría echarse abajo los estereotipos y los encierros en los que se cae y que crean esos fenómenos de identidad colectivos, hasta caer en la psicosis o la paranoia. Por ejemplo, creer que se ha tejido un complot para hacerles daño, y esto porque el sufrimiento crea culpabilidad en quien lo padece al sentirse responsable de una falta, si se sufre, se piensa que es por algo. El sinsentido del sufrimiento es casi incomprensible, y lo único que puede cambiar es su interpretación. Todo está en el lenguaje, en el valor que le damos a las palabras cuando las usamos para nombrar y dar un valor al mundo que nos rodea. ¿Podremos cambiar esos valores? La pregunta está abierta.

jeudi, novembre 03, 2005

Artículo Goncourt

Como el artículo del diario La razón, ha sido editado, lo pongo aquí en su versión integral.

Final del juego: Macth point para Weyergans frente a Houellebecq

Esta vez el Goncourt no ha sido fácil, y no lo ha sido porque era casi una evidencia que lo ganaría Michel Houellebecq con su novela Une île possible (Una isla posible, Fayard, 2005), sino porque desde las primeras selecciones varias personas anunciaron que esta vez sí lo ganaría (a diferencia de su novela Partículas elementales). Sin embargo las provocaciones de los personajes de Houellebecq, misoginia, racismo, desprecio del otro, ha hecho que el jurado se incline por una una novela que es su antítesis: Trois jours chez ma mère ( Tres días en casa de mi madre, Grasset, 2005), de François Weyergans, autor célebrado y querido en Francia, pero prácticamente desconocido en el extranjero. Si la novela de Houellebecq se construye desde el desapego (y una forma de desvalorización de cualquier forma de sentimiento) a lo humano y su puesta en duda como un proyecto viable, y por eso, Daniel, el personaje, se decide por la clonación, Francois, o Franz, en la novela de Weyergans, vive en el más profundo apego a las personas y a este mundo, con todas sus imperfecciones. Es ahí donde radica su vitalidad. Si Una Isla posible suena a catástrofe que ahora encuentra su verdadera versión en las revueltas de los suburbios de París (la Isla imposible de gobernar del Ministro del Interior Nicolas Sarkozy), Tres días en casa de mi madre, puede hablarnos del paraíso que es la infancia, del de los afectos, y el amor a la literatura y al arte, en resumen, de la vida. Eros y Tánato enfrentados, realismo (Houellebecq), frente a la capacidad de soñar y transformar (Weyergans) . He ahí algunas coordenadas sobre el Premio que le fue negado a Ferdinand Celine con su Viaje al confín de la noche, y que al parecer nadie ha querido dar esta vez en un “viaje al confín de la humanidad”. Y no está mal.
Pero ¿quién es Weyergans? Un autor inédito en castellano, un autor de diez novelas, una de ellas, La demencia del boxeador (La demence deu boxeur), Premio Renaudot, director de varias películas que han pasado desapercibidas, engreído de la televisión, un Woody Allen a la francesa. Pero, no, la novela de Weyergans, que se ha impuesto por 6 votos contra 4 en en el jurado del Premio, con François Nourrisier como presidente que amenazó con patear el tablero si Houellebcq no lo ganaba, es un poco más compleja. Es más compleja porque es una novela que tiene que ver con un modus vivendi, con la línea que traza el autor cuando se decide a escribir, y también con la capacidad de burlarse de sí mismo para trascenderse y aceptar de alguna manera a los demás (Si se ama no se puede recibir otra cosa a cambio, escribe FW en su novela). Tres días en casa de mi madre es la novela del deseo (le debe más a la picaresca que a la novela sociológica y realista), y lo es porque en ella su protagonista, François Weyergraf, que escribe la historia de François Weyerstein (no por nada el apellido se hace judío), y luego la de François Graffenterg, es siempre la historia de un individuo, uno que busca el hilo de Ariana, la relación con la madre (90 años), con el pasado y con el presente, hecho que lo decide a escribir una novela sobre tres días que deberíanb suceder en casa de su madre y que nunca suceden, porque se trata de una novela sobre la no-novela y la imposibilidad de resolver un problema: la inadecuación entre el deseo y la realidad. ¿Por qué?, porque en el instante en que el deseo se detiene y es satisfecho, cesa su movimiento. Tal vez esta idea no le disgustaría del todo a Fr Weyergans, como le gusta firmar sus mensajes por email, sino que diría un poco más de lo que también es su libro: una interpelación de lo que el deseo y sus límites, incluso como una imagen concreta del outsider, del paria, de un hombre que no tiene consciencia de su edad, ni del tiempo, ni de lo que es realmente el mundo, y sí , de lo que son sus sentimientos, y que está, sobre todo, vivo. Esta es una novela vitalista, desde el derrapar, no desde la racionalidad sociológica de Houellebecq y tal vez por eso el jurado se inclimó por él, pese a tener también en frente a la novela de Jean-Philippe Toussaint, una novela sensual y delicada. Lo que significa que un premio no sólo está destinado a un libro, pero al conjunto del producto (llamémoslo así para no parecer solemnes), a la persona y a la obra. Hace ocho años que François Weyergans publicó su Franz y François (Grasset 1997), una novela sobre su padre, sobre las relaciones con su autoridad y la construcción de un individuo, en este caso François. Una novela espontánea, inteligente, intensa, sobre los vínculos de seducción y poder entre los dos, porque en Weyergans, la relación con los orígenes es evidente, es esa parte que se mantiene a través del tiempo con toda su carga de afectividad y de conflicto, sin ella, tal vez sus novelas no existirían, es su neurosis y es su cura. Cuando François Weyergans me decía que su madre le había dicho por teléfono que sino publicaba su novela todo el mundo iba a pensar que se había muerto, se lo creí. Y no sólo porque era cierto que hablaba con su madre todos los días, sino porque esa relación es parte de la construcción de sus libros, es el espejo donde se mira el autor. Los vínculos entre la vida y la obra están expuestos con delicadeza, sin violencia. Nadie puede decir que lo que escribe FW en sus libros es cierto, pero lo que sí es verdad es que sus libros se parecen a él y que son una especie de huella de lo que vive, son su marca, su humor y su aliento, por eso, ningún premio puede cambiar nada en Weyergans, nada... Un día conversábamos en un café de Beaubourg sobre escribir y concluíamos: hay que hacer de todo con lo que se escribe, trabajo de terreno, como un obrero. Por trabajo de terreno se entiende, corregir, volver a una frase, abandonarla... y todo el proceso afectivo, todo el pathos que puede tener una escritura.
En el caso de Weyergans es esa escritura vital, la de sus amistades, la de una vida rica en encuentros y sentimientos, Jean Piaget (François pasó una temporada en la casa de Piaget cuando era niño), Federico Fellini, Antonionni, Jean Luc Godard, la de la presencia de su padre, director de cine, escritor católico que se desanimó en hacer una película con Clouzot ¡porque elegió a Brigitte Bardot como vedette! La de ese hombre que un día me dice: sólo los tontos admiran a Roland Barthes, o el mismo que me dijo que tenía una foto del nevado peruano del Alpamayo pegada en un muro y que anota todo lo que le dicen: por ejemplo, el título de Los Jardines de España, de De Falla...
Weyergans trasciende el premio Goncourt, no sé si lo sienta como merecido, tal vez le sorprenda tanto alboroto alrededor, y a lo mejor se pregunte por qué no se lo dieron a Michel Houellebecq. En la entrevista del noticiero del mediodía, dijo algo revelador: esta es una novela de un autor que mentalmente no va muy bien y que tiene a su madre enferma, pero, sin embargo, el libro, va muy bien. Sí, el libro va muy bien, pero se nota que de alguna forma la piel de Weyergans ha quedado en él, en todo ese gai savoir, movimiento deportivo del protagonista que va y viene a lo largo del libro, seduce y sueña que seduce, como con la sensualidad de las Mil y una noches (la historia de las seducciones son recurrentes), que sueña con regalarle una casa a Delphine, una semana para sí mismo en casa de su madre, que se extiende sobre el jardín y se produce una especie de fusión entre él y el cosmos, y que luego, un día sueña con salir en pijama por las calles porque no tiene noción de su edad, ni del tiempo, porque el deseo es ilimitado, pero no tiene que ser violento sino que puede ser estético y espiritual.
Para los franceses Weyergans es el autor parisino perfecto, elegante, culto y refinado, pocos saben que nació en Bruselas y que su pintor preferido es Ensor....
En la última película de Hanecke se habla de Weyergans (Daniel Auteuil en conversación con Juliette Binoche), todo el mundo sabía que podía llevarse el Goncourt, que hace tiempo que se esperaba, pero todos ignoran lo que pasa dentro del autor, los largos años sin publicar, tal vez sin creer en la publicación, y de pronto, ahora el premio. Habrá que esperar a la traducción de Franz y François, por lo menos, antes de Tres días en casa de mi madre, para entender mejor el fenómeno Weyergans. En todo caso una pista es la que da Pierre Assouline en su blog de Le monde: toda la diferencia radica en que cuando se ganó el Goncourt, Weyergans, llamó a su madre, Houellebecq, quien ha ganado el premio Interallié, llamó a su perro.

El Goncourt de Weyergans

Finalmente el Goncourt fue para Francois Weyergans y su novela Trois jours chez ma mère (Grasset, 2005)... y siento una alegría enorme por él, se lo merecía. Ahora no escribiré más porque ya hice algunos comentarios, pero pueden ver el artículo que saldrá mañana en diario español La razón: www.larazon.es

mercredi, novembre 02, 2005

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A raíz de un post que colgué sobre “Literaturas nacionales”, veo la necesidad de revisar este concepto. Creo que mi análisis proviene del hecho de tener una desconfianza enorme en lo que son las identidades nacionales, quiero decir, todo lo que significa un proceso cerrado, en busca de una idea monolítica... eso, me causa temor. Quizás esto nos devuelve a nuestra condición más humana, nuestra propia contingencia y nuestra fragmentación actual. La unidad que buscamos, sólo la podemos encontrar en nosotros mismos y no en el exterior. Esto no significa que no podamos adherir a valores ecuménicos o universales ( el último intento fue crear una suerte de internacional intelectual entre filósofos y escritores, Derrida, Morin, Habermas, entre otros... además no puedo olvidar el Dadaísmo y el Surrealismo en el plano estético y político) , son los acuerdos necesarios para vivir juntos, y es también su lado frágil, Para volver a hablar de Hannah Arendt, su gran dilema fue cómo aceptar la pluralidad dentro de cierta unidad, lo que ella trató de enteder entonces fue: en qué la política está enraizada en la condición humana, en qué es la más humana y la más digna, como la más frágil. Las ideologías, los conceptos cerrados, terminan asfixiando al pensamiento, por eso hablaba de una identidad en movimiento que supiese absorber lo que nos brinda el mundo contemporáneo, incluso la fragmentación en la manera de ver las cosas, o la hibridez.
La teoría de las esencias, el alma andina, o francesa, o rusa, siempre me han parecido dudosas porque no existe, a mi modo de ver, mingún alma, sino un estado contingente que se adhiere a una época y refleja ciertos elementos, casi siempre culturales y cambiantes. Desmontar cualquier concepto, es una especie de método contra la alienación, quizás, lo que más me inquieta. Siempre pienso en el drama de Antígona como un buen ejemplo de lo trágico que puede llegar a ser una alienación, la razón de las guerras y de las masacres. La riqueza de un país, de una cultura, está en su creatividad, no en sus fijaciones ni sus fobias. Eso es una parte de la idea porque es un proceso abierto, como la escritura: a cada movimiento una nueva pregunta y así, ad infinitum.

Transcribo un poema recogido por Arendt en su Diario intelectual (Seuil, 2005), sin autoría identificada:

Mientra subo la colina de la vida con mi pequeño atadillo/ Si lo encuentro empinado/Si el desaliento me acecha/ Si mi último paso/parece más antiguo que la esperanza que lo vio nacer/Que el corazón que ha propuesto como el corazón que ha aceptado/ de tener por patria la ausencia de patria/ se sienta sin mella y sin reproche.

En la foto: Hannah Arendt.