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samedi, mars 15, 2008

voces


Agradezco siempre esas voces que me acompañan y que me dan cierta libertad, le dan a la palabra escrita un espesor humano.


Es posible que este blog se parezca más a un diario o carnet de viaje, no un diario íntimo, porque no deseo comprometer a personas que no siempre se van a reconocer en lo que escribo, aunque reconozco que muchas veces me ha tentado la idea: decirlo todo, abosolutamente todo, y asumir el riesgo!

No lo sé, siempre sigo una intuición, algo que se impone a manera de evidencia y que me indica cómo actuar....


llegada a Bordeaux, sueño porfundo en casa de unos amigos. Una típica casa bordelesa (con muros tapizados en tela, muebles de madera, piso de parquet), con esa hospitalidad de la cual son también capaces los frances: recibir, dar, acoger. Ayer pasé por la Garonne, el río que viene de Toulouse y pasa por Burdeos, ensanchado, para ir a parar al Atlántico. Vi el cementerio de la chartreuse (donde estaba también enterrado Goya) y el centro de la ciudad que tiene una arquitectura suntuosa del siglo XVIII: la Plaza Gambetta, el paseo de agua... Cena serena con estos amigos que son encantadores, comida típica francesa. Ayer estaba en la Place de Clichy, luego del teatro con otros amigos, y me decía que sería un lugar bonito para vivir. Ahora que veo la tranquilidad de Bordeaux, me seduce la idea de permanecer... pero sé, estoy segura de que, la única casa segura, es mi interior. El resto es secundario. Creo que D.H. Lawrence decía que una mujer rica por dentro no necesitaba de afeites ni de demasiada cosa, podía dormir en el suelo y seguir siendo la misma (ojalá haya llegado a ser así). Hablando con una buena amiga, también decíamos: no tenemos nada que demostrar a nadie sino a nosotras mismas. Y , sin pedantería, me gustó esa frase. No hay nada que demostrar. Menos que mostrar.
Foto, la ciudad de Bordeaux recorrida por la Garonne.

2 commentaires:

un tordo a dit…

sin querer decirlo todo,
aquello sobrenada,
todo es el traspiés de nada,
la apuesta riesgosa
del vaciarse.

Rain (Virginia M.T.) a dit…

Así he pensando que cuando el ser humano envejece, o más concretamente cuando la mujer envejece, si se siente bien sin necesidad de demostrar nada, esta etapa de la vida no será asumida con el dolor de la vanidad. Quizás venga el dolor porque irremisiblemente la decrepitud llegará. Tendrá otra naturaleza ese dolor.
Recuerdo haber leído a Simone de Beauvoir (¿En La plenitud de la vida?)contando que ya no tenía ganas de arreglarse y que lo hacía para presentarse ante los amigos. ¿Recuerdas aquello?

Por consideración, cariño, no por mostrarse, ella en su naciente vejez se arreglaba... ¿O acaso estaba también muy cansada?.

Una vez más gracias por tu escritura, Patricia.