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jeudi, août 31, 2006

Fados

Cuando cae la lluvia, me entran ganas de escuchar "fados", es la música que mejor le va a ese tipo de clima medio melancólico... De pronto, me gusta dorlotear sobre una cama imaginando paisajes, mirando la lluvia y conversando...
Algunas personas conversan en la sala y me agrada sentir la calidez de sus voces. Es ese espesor de la vida que siempre me seduce, la presencia de los "otros".

mardi, août 29, 2006

México, Méjico

Hacer días que no logro organizar lo que veo en México, primero, el D.F. Plaza Garibaldi a las once de la noche. Una sensación de feria, de juerga general. Los grupos de Mariachis, en pequeños pelotones en las esquinas, cantan, ofrecen canciones a parejas mejicanas que beben, casi siempre un hombre que le ofrece una ranchera a una mujer. Algo de anacrónico hay en todo eso, parece una plaza de provincia, acabamos de atravesar avenidas modernísimas y sin embargo, este espectáculo, parece haberse quedado inmovilizado en el tiempo. Luego, incursión a un lugar donde se toca salsa, Marambo, en la colonia La condesa (aquí no se llaman barrios, sino colonias). Otro ambiente, muy distinto de los que he visto en Lima, en Caracas, incluso en París. Hay una distancia con esa música, y un desfase. La amabilidad de los mexicanos es impresionante, pero también son reservados, con esa desconfianza que existe también en la gente de los andes, en Perú. No se establece una comunicación fluida ni espontánea, es formal. A veces, cuando intento hacer una broma, se me mira con mala cara, sobre todo, las que juegan con las palabras. El domingo, paseamos el perro de mario Bellatín, Perezvon, por el parque México. La historia de su nombre, me contaba con ilusión, pertenece a la novela de Dostoiesvki, Los hermanos karamazov. Alguien regala este perrito a un niño que está muy enfermo. Perezvon quiere decir en ruso campana, osea la alegría, la algarabía. El Perezvon de Bellatín es un perrito precioso, no recuerdo la raza., pero es blanco y negro, con las orejitas y el hocico largo.
Ahora estoy en Guadalajara, en casa de mi amiga Cristina, a unos pasos de donde se hace la Feria del libro... Anoche, una visión impresionante en una cantina del centro de la ciudad: un grupo de hombres hizo danzar a un cojo sobre una mesa, luego se negaron a bajarlo y a mí me pareció cruel. Los borrachos a veces pueden ser crueles. Una botella de tequila brillaba sobre la mesa.
Indagaciones sobre Elena Garro, una de las esposas de Octavio Paz. Me recomiendan que lea dos novelas suyas que aún no he buscado. El Fondo de Cultura Económica acaba de abrir una super librería en La Condesa, La Rosario Castellanos (sus ojos nos miran des uno delos muros). La librería es de una arquitectura blanca, perfecta. Hay sillones comodísimos para ponerse a leer sobre ellos. Cogí uno de los tomos de la obra completa de Octavio Paz (en oferta) y caí en una entrevista en la que hablaba de Góngora y Quevedo: En esa época los problemas con el lenguaje no eran los mismos, nadie se ponía en duda su linearidad, ni sus límites. Si Góngora se divertía escribiendo en un lenguaje críptico era a manera de un ejercicio de estilo, en cambio, ahora, sería una especie de imposiblidad, de impase metafísico, digamos. Era, resumiendo, la respuesta que dio y que no puedo citar porque no la tengo a la mano. Cuando Paz utiliza la frase del conde de Lautréamont, La poesía será hecha por todos, es porque todos hemos aprendido a escribir y podemos, cada vez más escribir mejor, pero eso no hará de todos los que escriben escritores ni artistas, simplemente que en esta época nuestras relaciones con el lenguaje son menos ingenuas, más desconfiadas y desesperadas...
Sigo con Anaís Nin. No da ganas de terminar su diario lleno de luces, de paseos por el interior de una persona de una lucidez extraordinaria. Creo que hay pocos testimonios como los de ella. Hay que leerla. Su análisis sobre Proust, sobre Miller, su relación con el peruano Rango, con Juna Barnes, para citra algunas, son realmente interesantes....

jeudi, août 24, 2006

Deseo


Qué extraño y arbitrario es el deseo frente al que solo podemos bajar la cabeza demostrando un gesto de humildad. ¿Por qué no renunciar al deseo? Porque el deseo es la vida, es su esencia y es también su prisión cuando no es satisfecho, cuando no se le puede sublimar y hacer de él algo creativo. Tal vez haya dos vías para dominarlo: una especie de beatitud, de exaltación mística…
O la libertad.
Creo que después de cada rebelión contra el deseo, de querer dominarlo, crisis en las que tocaba fondo, he aprendido a aceptar que la vida no puede ser esperanza ni creencia, si no creación. Por eso, el deseo, el motor, no desespera, se mueve, crea, encuentra su forma.
Luego, la pregunta ¿cuál es la diferencia entre el deseo y el amor? No la sé, a lo mejor es una forma de amar, esa palabrita que me inspira desconfianza porque contiene todos los prejuicios de la época, porque desear tiene sus exigencias, estéticas, morales e intelectuales, es decir, que tiene que ver profundamente con nosotros mismos, con nuestro interior y con nuestra necesidad de compartir, de dar. Un día una persona que me quería me dijo, amar es un don, en el sentido cristiano de la palabra. Creo que es lo más inteligente que he oído sobre el amor. Como es deseo no se le contiene, no se le obliga, es una energía que crea espacios propios, íntimos, tiene que ver con la vida y también con la muerte. Es su verso y reverso. En fin, a veces el deseo nos lleva a ver nuestros límites, en el caso de las mujeres, de nuestro cuerpo, es algo que siempre me ha intrigado, pero me gustaría leer algo de Spinoza para recordar lo que decía sobre este tema y volver a hablar un poco. Sera sera…

Foto: psique y amor.

mercredi, août 23, 2006


Cuelgo algunos fragmentos del diario de Anais Nin. Hoy ha cae una lluvia espectacular en México D.F., con rayos y truenos.

Diario de Anais Nin, fragmentos (1947-1955)

Para mí, Acapulco es la cura de desintoxicación para todos los males de la ciudad: ambición, vanidad, búsqueda del éxito y del dinero, la continua y contagiosa presencia de individuos obsesionados con el poder, que desean ser célebres y estar en primer plano, hacerse remarcar, como sin la vida en medio de una multitud diese una enfermedad incurable, aquella de desear penetrar, estar por encima de la masa, hacerse un nombre, existir en medio de una masa de hormigas y de ovejas. Esto se explica por la presencia de millones de rostros anónimos, personas anónimas, y del deseo de distinguirse cueste lo que cueste.

El artista y el escritor han pagado generalmente, a precio justo, su independencia y el privilegio de hacer un trabajo que aman, igual que sus rebeliones artísticas contra una vida de valores estandarizados.
Deberíamos proteger a los escritores de minorías porque son los investigadores de la literatura. La mantienen viva. Se ha puesto muy de moda tratar de persuadir a los escritores para que vuelvan a los caminos trazados, en contra, al mismo tiempo, del escritor y de un público que no está preparado.

Es un síntoma de gran inseguridad interior ser hostil a lo que no nos es familiar y negarse a explorar.

Madrugada

Y la lluvia sigue, osea que el ruido me ha despertado. Solo ahora me vienen imágenes claras de la visita a la casa de Frida Khalo en Coyoacán. Yo no sentí ninguna presencia dentro de ella, como si fuese una casa organizada para ser expuesta. Objetos e utensilios ordenados por una mano calculadora... Me quedé sin ver la casa de León Trosky porque estaba a demasiada distancia (cada vez que preguntábamos algo nos decían que faltaban varias cuadras...). Me doy cuenta de la dimensión de la ciudad, la noción de distancia distinta incluso a la de Lima y, nada que ver con París, donde todo es pequeño.
Al regreso, visión del metro impresionante: un andén lleno de mujeres, cientos de mujeres esperando el tren. Esto sucede porque a partir de las cinco de la tarde se separaran a las mujeres de los hombres (sic!), machismo mexicano dixit... Saliendo del metro un cielo negrísimo amenazaba con lluvia y es lo que ha sucedido. Salvo intermetencias de sol y calor húmedo, no ha dejado de llover. Coyoacán me decepcionó un poco, me gustó más San Angel, con más carácter, menos austero. La plaza Hidalgo, que recordaba alegre, no la sentí igual sino cargada de una malla de opacidad, un poco gastada... el barrio respiraba un tempo aburrido, lento. De regreso al barrio donde me alojo, La condesa, se encuentra mucho más movimiento, los cafés y los restaurantes me parecen mucho más animados. Además hay más extranjeros, lo que le da una apariencia contemporánea.

foto: Anais Nin

mardi, août 22, 2006

México City


Acabo de llegar a México D.F por unos días. Estuve aquí en el año 1996 y no recordaba una ciudad tan grande ni tan exuberante. Para empezar, desde el avión, durante el aterrizaje, se tiene la impresión de que la ciudad no se acaba nunca, es realmente impresionante. Estoy leyendo el diario de Anais Nin, el volumen donde habla justamente de su viaje a México, dice que la vida es tan palpitante aquí que casi no necesitaba escribir, tal vez eso sucede cuando se llega a un lugar y es necesario posarse, sentirse sobre sus pies y poder observar… sucede que en México hay cosas que me acercan a Lima, y sin embargo es tan diferente. Las calles están más o menos diseñadas con la misma estética, amplias, lineales, los semáforos son los mismos que en Lima, la vegetación también, palmeras (aunque estamos a más de 2000m de altura), acacias, jacarandás, cucardas, etc…pero no hay el océano, es la montaña y tiene más una ire a sierra. Ahora, el clima está de otoño, calor por la mañana y luego lluvia por las tardes… esas son las primeras impresiones. Comentaré los fragmentos del diario de Anais Nin que más me han impresionado. Es realmente delicioso leerlo. Por ahora es como un cordón umbilical con el mundo. Lamento no haberlo leído antes porque es realmente un hallazgo. Por ahora transcribo uno que me ha gustado:
Conflicto entre mi yo femenino, que desea vivir en un mundo gobernado por el hombre, quiero decir, en armonía con ellos y la creadora en mí de un universo personal y a un ritmo particular que no puedo compartir con nadie.
Solo remarco que Anais Nin tuvo una relación muy intensa con su padre (las páginas que le dedica en su diario son conmovedoras), y con dos hombres más: Henry Miller y el peruano, Rango.

vendredi, août 18, 2006

Albert Camus


Al parecer, el libro que ha leído Georges Bush durante sus vacaciones es El extranjero, de Albert Camus. La diferencia entre Albert Camus y Jean Paul Sartre es que Camus creía en la verdad, su visión del ser humano era más bien mística o mantenía una marca. En el caso de Sartre, el existencialismo no busca la verdad, renuncia porque conoce la trampa: no hay verdad, sino verdades, o convicciones pasajeras. La moral de Camus, una filosofía de la rebelión “la révolte del Homme revolté”, se centra sobre la valentía, el arrojo, la fuerza prometeica del hombre. Es justamente Merseault, el personaje de El extranjero, quien representa lo que más aterra a Camus: la ausencia de consciencia, estar ausente de sí mismo, como si no habitásemos nuestro cuerpo (esto también es una forma de alienación con las ideas en los sentimientos en la que el sujeto no puede hacer abtracción de su propia condición). Me digo que toda filosofía que busca trascender termina siendo moralista. Es una contradicción: estar sin ataduras y al mismo tiempo buscar estar presente ante nuestro interior. Es un trabajo diario, nada fácil, una especie de ascésis del pesnamiento. La mayoría de nosotros no podemos abarcar la totalidad de la experiencia, es por eso que la filosofía estoica habla de una cierta humildad. O la filosofía china en la que la sabiduría no se empeña en demostrar si no en aceptar. La vida como una larga trayectoria en la que tenemos que aceptar nuestra insignificancia, nuestros límites en la comprensión y nuestra necesidad de trascendencia. ¿Ahora, en pleno siglo XXI, Camus, sigue estando vigente? Creo que sí, por haber apostado por una cierta humanidad, tal vez vivir pese a la incertidumbre y a nuestros miedos, sea nuestro rasgo más humano. La contingencia de nuestras vidas nos dice día a día que cada experiencia cuenta, que, depende de nuestra capacidad para integrarla, para hacerla nuestra y saber tomar de ella lo mejor lo que hará que encontremos un cierto bienestar.
Esta mañana, en la radio, mientras llueve y llueve en París, la voz de Camus suena en la radio. Se habla de las lecturas de juventud: André Gide, Dostoievski (hizo una adaptación al teatro de Los poseídos), Esquilo, Nietszche. Camus se recitaba fragmentos de Así hablaba Zaratrusta con sus amigos... voz con acento argelino, serena, un poco graciosa.

mercredi, août 16, 2006

Rilke y Lou Andréas Salomé


Hoy, leyendo el diario de André Gide, me doy cuenta de que también andaba a la busca de "alimentos" espirituales, una frase, una imagen que lo hiciera vibrar. Dice el prefacio al segundo volumen de su diario en la edicion canónica de La Pléiade: Solo un gran fervor intelectual triunfa sobre el cansancio y el debilitamiento físico... Mas adelante (no tengo todos los acentos en este teclado en francés pero los pondré) Gide pone tanto fervor para subir una cuesta como pra copiar una frase o leer...

Luego lei un poco la biografía que le dedica Stéphane Michaud sobre Lou Andréas Salomé(también es especialista de Flora Tristán), habla de ella como una escritora apasionada, brillante, vital. No solo integro la idea de Nietszche de que toda experiencia, dolorosa como feliz, era la reinvidicacion de la vida, si no que vivió siempre segun sus ideas, en acuerdo con ellas, curiosa y de una bondad singular hasta el final. Encuentro el fragmento de una carta que le dirige Rainier Maria Rilke cuando son amantes. Ella tiene 38 años y el 24: Esta vez queria ser rico, generoso, el huésped, el dueño; y tu debías ser guiada por mi amor y mis cuidados, venir hacia mí y gozar de una fastuosa hospitalidad. Y he aqui que me encuentro de nuevo frente a ti como el mas miserable de los mendigos, en el exterior de tu ser que reposa sobre grandes y sólidas columnas. Vestir de fiesta mis frases habituales no servía de nada. Me sentía constantemente ridículo en mi mascarada y el deseo de esconderme en las profundidades de la nada crecia oscuramente en mi. No sentía si no verguenza y confusión. Cada nuevo encuentro me humillaba, lo entiendes? Sin cesar me decía: No puedo darle nada, absolutamente nada; mi oro se convertía en carbón cuando te lo extendía y me agotaba en esa operación. Yo no quería estar pegado a ti, debías poder apoyarte en mí cuando estuvieras cansada. No quería sentir tus consuelos, en cambio sentirme en capacidad de consolarte en caso de necesidad.


foto: Lou, Rilke (con bigotes, y su esposo, Andréas)

lundi, août 14, 2006


Ete viaje inesperado a Marsella ha resultado casi una sorpresa: redescubrir el barrio de Le Pannier (barrio árabe) de esta ciudad, una especie de Casbah en Francia, porque Marsella es particularmente nada occidental y no tiene nada que ver con el resto de las ciudades de Francia. A mi llegada comimos en la terraza de mi amiga Marlène mirando la ciudad iluminada de noche, el Fuerte de Saint Jean, la Prefectura, La isla de If (de la novela El conde de Montecristo, de Dumas), La iglesia de Nôtre dame de la garde... el cielo estaba impecable, limpiado por el viento de Mistral que sopla constantemente, se oían frases en árabe de gente (en su mayoría hombres), que caminan por la calle. Ayer por la mañana fuimos a bañarnos a La estaca, puerto que está al pie de una montaña, no es la que yo pensaba, La de Saint Victoire, sino otra, de la que no recuerdo el nombre. ¡El agua estaba a 14 grados! Osea, que no metí un pie en ella, ni hablar... Por la tarde llegó una amiga suya, Pascal, desde Córcega. Persona interesante, sobria, reservada pero muy sensible y observadora. Con ella emprendimos un paseo a una de las calas de Marsella. Yo recordaba M intentando convencerme para hacer ese paseo, al que me negaba argumentando que sería agotador para llegar a un sitio lleno de turistas. Y, sorpresa, sucede que empezamos a caminar por las montañas de Marsella que son calcáreas, muy blancas, regadas de pinos enanos, coníferos, y arbustos de todo tipo, olores a romero y lavanda... Y subimos y bajamos colinas con el mar y unas islas frente a nosotras, el paisaje es estupendo. También se puede ver parte de la muralla en donde se encuentra Cassis, el Cabo Canalla, que es un contrafuerte de piedra roja. Allí pasó una temporada Virginia Woolf, tratando de escribir. Empezamos a cantar, la Internacional (sic), La marsellesa. Pascal nos cuenta que su guía había sido un hombre de 82 años que le explicaba cómo los de la Resistencia se escondían en las calas almacenando víveres en alguna cuevas: nos muestra la cueva: aquí se guardaban alimentos. Seguimos, hasta descender por un pequeño jardín, casi un paraíso.... lástima que X no esté, me hubiese gustado que lo viera... Pasemos. Bajamos y nos encontramos con unas cuantas casas. Hay gente tomando en la terraza, hay una playa y unos cuantos botes. Allí bebemos algo, seguimos conversando. Y luego, como a las 8 de la noche, decidimos regresar a la ciudad. Camino, esta vez, por el borde del mar. Nunca he visto una luz más pura y limpia. Las piedras brillaban blancas, casi doradas y el mar estaba sereno. Unos barcos silenciosos salían del puerto con dirección a Córcega o tal vez Alger. Ganas de estar en uno de ellos y recuerdos del diario de André Gide, cuando se enrola, sin pensarlo mucho, para Argelia, así, con 80 años. De ahí la idea de escribir este textito como diario, directamente. Regresando a Marsella, nos detenemos en un pueblito que se llama Les Goudes, allí encontramos un restaurante realmente bueno y barato. Ellas piden pulpitos fritos y tallarines frutti di mare, yo, una pizza a la leña con figattelli (un embutido de Córcega)... Estamos frente al mar, se ve la bahía de La estaca iluminada. Creo que eso es estar en armonía, poder hablar de las cosas que nos interesan frente a un plato de comida y una bebida, tan fácil, sí, tan fácil. Pienso en las frases transcritas de Simone Weil. Una forma de humildad es aceptar también el placer.

samedi, août 12, 2006

Ayer, en la biblioteca de La Sorbona, un local relamente suntuoso al que todo el mundo se ha acostumbrado porque siempre me inspira cierta sorpresa y magia, es curioso, la belleza, siempre termina por aburrir si es que no hay contraste. Entonces, mientra shacía tiempo y esperaba por los libros de Simone Weil, me puse a hurgar en la colección de La pléiade y tomé el tomo de las obras de juventud de Gustave Flaubert. Leí de un tirón Las memorias de un loco, porque me llamó la atención el título. Creo que Flaubert, por el rigor, por su obsesión, por su encierro, por su terca soledad, ha sido uno de los pocos escritores que ha dejado una obra completa, una de las más arriesgadas, una de las más hermosas, por eso Flaubert es Flaubert. No basta con tener talento, es también una posición de riesgo, de exigencia. Traduzco unos fragmentos, los que me han marcado. Luego también traduzco fragmentos del Cuaderno de Marsella, de Simone Weil. Saber que no existen en español me dan ganas de traducirlos por completo porque son de una belleza impresionante. Simone Weil, como Walter Benjamin, pasó una temporada en Marsella trabjando como obrera. Ahí empezó una mistad con un religioso que marcó mucho su visión sobre el cristianismo, luego escribiría sus libros críticos sobre Marx y su Carta a un religioso. Al lado de estos textos, sientes tu verdadera pequeñez, la simpleza de tu trabajo, pero también reconoces la necesidad para ti misma.

Ahí va (dedicatoria previa de Flaubert):

En esta época en que se acostumbra hacerse regalos, en la que nos damos oro y cerramos manos, yo doy mis pensamientos, ¡miserable regalo! Son para ti con todo mi corazón.


Sí, una vez más, para qué sirve, me pregunto, un libro, que no es ni instructivo ni divertido, ni matemático, ni filosófico ni agricultural ni elegíaco, un hombre que no da ninguna receta para las ovejas y los piojos, que no habla de los trenes, ni de la bolsa ni de arrepentimientos del corazón humano ni de los hábitos del medioevo, ni de Dios ni del diablo, pero que habla de un loco, es decir, el mundo, ese gran idiota que da vueltas desde hace tantos siglos en el espacio sin dar un paso, y que grita y que bavea y que se destroza el mismo.

Mémorires d’un fou, Gve Flaubert. La pléiade, Gallimard.

Nunca he deseado una vida organizada, con horas fijas, una existencia de relojero donde el pensamiento se detiene con la campana, donde todo está anotado con anticipación para los siglos que vienen y para las generaciones. Esta regularidad conviene sin duda a la mayoría, pero al pobre niño que se nutrió de poesía, de sueños y quimeras, que piensa en el amor, es despertarlo sin tregua de su sueño sublime, es no dejarle un instante de reposo, es asfixiarlo en una atmósfera materialista... (no entiendo mi letra! Salta una frase) en la cual siente horror y hastío.

(Ibidem)

Cahiers de Marseille, Simone Weil

El sufrimiento como castigo, no es más que una imagen. Que el sufrimiento sea un mal, nada nos obliga a admitirlo.

El sufrimiento no es suficiente, es necesario un sufrimiento sin consuelo.

En en orden de la inteligencia, la humildad no es otra cosa que la atención de una manera general, la humildad es amor sin pensar en recuperar nada


La clave de la espiritualidad en las diversas ocupaciones temprales, es la humildad.

La humildad es el conocimiento que hacemos de los que es humano, y en el fondo, como criatura humana. La inteligencia juega una buena parte. Hay que concebir lo universal.


Y esta frase, muestra lo que suele suceder con ciertas personas: En la relación con Boris. He tocado el frío mortal del aburrimiento vegetativo que rozamos raramente.

Hasta ahí las traducciones. Me gusta mucho copiar fragmentos y luego traducirlos, si pudiese hacerlo en otros idiomas me encantaría.

vendredi, août 11, 2006

Los débiles y los fuertes




Hay imágenes que marcan, aquella de dos niños que tratan de huir de sus perseguidores y en la que solo uno se salva: el que corre más rápido. En la vida sucede algo así, no perdedores ni ganadores porque el ganar es una convención que puede ser desmontada fácilmente, pero sí fuertes y débiles. Los que se suponen débiles son los más sensibles, los que no han aprendido las leyes sociales de la supervivencia y viven a partir de un saber interno e intuitivo. Los supuestos débiles son los que más sufren, pero también los bienaventurados porque son los que sienten con más intensidad. Entonces hay que revertir los valores, los fuertes son los que ha aprendido a sobrevivir sin dañarse, sin rasgarse, y sin embargo, pasan sin ver muchas cosas. El fuerte es solipcista, impermeable, el débil es poroso, todo lo impregna. Y siempre quiere dar, desea, anhela dar afecto y, como no puede prescindir de los demás, acepta las reglas del juego... es cuando los fuertes le pueden pisar la cabeza. Pero el supuesto débil asume también la responsabilidad del acto del otro, no lo abandona, lo acoge. Así los que se supone que son los débiles son los que nos dan lecciones de vida, son los que nos enseñan a amar sin esperar nada. Al final de cuentas solo se quiere y se desea (afirmación snsualista de la vida), lo demás es superstición, creencia.
Con Millet hemos mirado los precios para ir a Sils María, en Suiza, el lugar preferido de Nietszche. Pero los precios eran alucinantes: 200 euros como minimo por una habitación. Así que el sueño de ver este lugar en la montaña de los Alpes europeos terminó por ser solo un sueño. En fin, algún día pasaré por Sils María. Sin pensarlo, un día estaba a dos pasos de Torino y terminé viendo el lugar donde Nietszche pasaba ciertos veranos, la casa, la plaza, los pasajes de Torino... preciosos.

Ahora que me paseo por un Paris medio desierto, es delicioso sentir a la ciudad solitaria... Paso por la libreria La compagnie, El Balzar (lugar frecuentado por Bachelard, Derrida) y mas alla del fetichismo , que no es mi nota musical, es que esta todo ahi, ahi. En la libreria La compagnie encuentro una edicion completa, en Quarto, Gallimard, de Simone Weil. Estan sus escritos desde Marseille, y la Carta a un religioso, que adoro. Bueno, me dirijo a la biblioteca de La Sorbonne que esta como nunca, en calma, y ahi leeré a mi Simone Weil. El sabado pensaré en ella en Marseille...

mardi, août 08, 2006

encore Paris

Se supone que en agosto París está vacío, no hay nadie, se dice, pero Nadie, significa un montón de gente. París hierve de gente, de todos los que no han podido partir, es decir, en su mayoría extranjeros, o hijos de extranjeros, y de los que vienen de visita, los turistas. Ahora caminaba primero por la calle Rue du Bac, cerca de Gallimard, calle burguesa y por eso, vacía. Luego por Chatelet que estaba a punto de estallar y espantaba a mi amigo Millet cráneo rapado, seguro de que subirá (mañana o pasado) a un avión con rumbo al Líbano, donde le esperan unos amigos y donde debe seguir escribiendo otro libro.
Luego, el Boulevard de la Chapelle, rebozante. Oigo hablar Indi, Àrabe, Mandarín, Senegalés, realmente voluptuoso. Los jóvenes árabes me guiñan un ojo, y tampoco es que me moleste (mmmm). Ahora, en el departamento de mi amiga Grecia, veo la ventana de un edificio abierta, golpeada por una cortina blanca mientras el cielo de París no deja de moverse, como en tridimensional (recuerdo que la primera vez, me dio vértigo mirarlo). Esta tarde he percibido en el metro el mismo espesor, el mismo misterio, esa emoción cálida que me inspiraban observar la vida de los otros cuando era pequeña. Ahora, este agosto tiene algo de ese espesor(creo que vi la muñeca de alguna mujer con unas pulseras que me causaban ilusión cuando era niña, eran de plata y de oro y tenían chispitas), ese significado múltiple que en mi evocación se despliega en escenas que nunca he visto pero que imagino afectivamente próximas. Imaginar la vida de todas esas personas es realmente algo con mucho valor afectivo, sentir esas ganas de observar, imaginar y soñar con sus vidas. Es como cuando vemos una película de Truffaut, Godard, o Jacques Tati y nos dejamos impregnar por su atmósfera. París tiene eso. Por su densidad humana, por su colorido, su belleza altiva y al mismo tiempo completamente humana. Y por eso tal vez, aunque siempre entre el odio y el amor, termine diciendo que es una ciudad estupenda.


Llego a París, con la novedad de la ciudad que de nuevo se encuentra con sus formas, sus ruidos, su gente, su soledad de agosto. Una experiencia siempre borra a otra y se impone. Siempre he pensado que la forma como nos colocamos en una situación nos permite ver distintas cosas. Conversación con mi amigo escritor, RM, quien desespera porque no sabe cómo recomponerse de una doble ruptura. No logro compartir su malestar. Para mí, esa forma de ver la vida, reprochándole su falta de generosidad, no es si no una carencia de la propia persona que es incapaz de ver lo que ella le da. ¿Es quizás la situación, la suya, la que no le permite ver? No lo sé, quizás sea esa impermeabilidad de la que siempre hablo, si estamos abiertos, siempre suceden cosas en el interior. Los otros nos interpelan, nos nutren, nos dan. Cuando todo está definido de una forma rígida, nada sucede porque la vida es movimiento y nada encaja en lo que tenemos en la cabeza, por eso, dejar que la vida transpire sus humores, que nos lleve. Pongo un texto, no un poema, porque no aspiro a ser poética, sino un texto, una huella.
He caminado tanto, he pensado tanto en encontrarlo
Que no me queda casi nada
Y sin embargo me queda todo
La mano que se mueve, la cabeza hundida, el gesto
O el caminante solitario por la calle
Y las ganas de continuar mirando,
Con todas la ganas
La vida que se escapa
La ilusión que se hace realidad
Y se desvanece
Y yo que escribo para recorrerme

vendredi, août 04, 2006

El páramo

Qué difícil cuando tratamos de de estetizar una situación que se nos hace insoportable, cuando no hay epifanía, cuando la experiencia parece cerrada, infértil, solitaria. Pensaba esto a raíz de una cierta dificultad para encontrar interlocutores. Poco a poco nuestras exigencias nos van dejando solas, sin muchas personas con quien dialogar, me refiero al verdadero diálogo, en el cual dos personas se involucran y se la juegan sin ninguna lucha por el poder. Es una forma de entrega, de juego limpio que no siempre se logra por más que se trate de afinar el oído. Me refiero a la generosidad, que se da con mayor dificultad en situaciones de riesgo. Por ejemplo, siendo extranjera, siento que muchas veces algunas personas se sienten en peligro porque se confrontan a una forma de vida que no es la suya, sin arraigo, sin ataduras, siendo mujer, a una relación muchas veces violenta con los hombres que no desean ese modelo y lo ven como una subversión a las reglas de juego. Pues bien, hay que buscar y buscar interlocutores a la altura, alejarse de lo fatuo, lo superficial. Y sin embargo, cuando, creyendo que la situación es reversible, hablamos y forzamos al lenguaje para tratar de tender un puente (como cuando se escribe un libro y se sueña con que alguien lo lea y se identifique) y este se cae, lo volvemos a poner, pero ese puente brilla por su soledad, nadie camina por él y tenemos que recoger nuestras cosas, y marcharnos a caminar por el páramo a meditar. . Lo importante es haber recorrido ese trayecto, lo que encontramos, la ausencia, nuestra propia existencia entregada a su contingencia, es decir, que por más que se trate de labrar una piedra, si esta es lisa, todo resbala por ella, poco importa, nos habrá mostrado algo, nos devolverá a nosotro(a)s mismo(a)s. Qué importa la sordera, el cretinismo, la pobreza en el diálogo, lo que importa es lo que hemos hecho por nuestro lado. Por eso, cuando empequeñezco y me dejo contaminar por una situación, cuando la punta acerada de una mirada me ignora y me niega la existencia y me pone una máscara, cuando hay ese encierro, la única forma de salir de él es dándole vuelta a la situación, continuar andando sin temor a caminar por el páramo: llevamos nuestra existencia cuestas, y aunque se tenga miedo y tristeza, seguir avanzando, hasta que la experiencia termine encontrando su espacio, lo más seguro, el olvido, que con el tiempo, siempre llega.

lundi, juillet 31, 2006

Estoy en Barcelona, bajo los efectos del calor extremo que hace este verano en Europa. Todos los días el sol aparece temprano y no cesa hasta la noche. Ahora entiendo por qué Camus decía que el sol de España es cruel. Hay una especie de imposición natural que sabotea el cuerpo y la mente. Siento que le pertenezco a la naturaleza y que hay que resignarse a estar sudada y cansada, andar lento, cambiar de ritmo. Ayer, en casa de un amigo catalán que es pintor, estuve a punto de desmayarme cuando trataba en mostrarme unos dibujos que ilustrarán una exposición de Lautréamont. La ventana estaba cerrada y no había aire sino una especie de vaho húmedo y denso. La atmósfera parecía estático y sin oxígeno. Fue raro sentirse tan descompuesta por el clima. Yo, que sueño con ir al África del norte, me digo que a lo mejor no soporto temperaturas extremas...mmmm... veremos...
Releo el diario de Julio Ramón Ribeyro: La tentación del fracaso. Me interesa la relación que se establece entre el soma y el cuerpo, es decir, en la somatización de un malestar existencial. Cierto, Ribeyro ha sido capaz de observar sus límites y debilidades, incluso su propia mediocridad, y exponerlas observándolas con la vocación de un etnólogo. Lo que no acabo de entender es si la enfermedad desata esto o es que su siempre estuvo así, de ida y vuelta de toda experiencia, incrédulo hasta la médula. El mismo dice que nunca pudo construir personajes y novelas épicas, porque carecía de ello, más bien se situó en lo individual, en lo fortuito. Y al final de cuentas no debía ser un problema para construir lo que podrá decirse “su obra”. Tener la idea de que se construye “una obra”, es de por sí, bastante ambicioso (ahora ya ni entiendo cuando dicen “obra”, me suena pomposo, salvo por el sentido etimológico del término), ¿entonces?... ¿qué sucedía? Tal vez lo que dije antes, que era capaz de ver sus debilidades y su incapacidad de llevar a cabo una empresa posiblemente porque se había impuesto un modelo que no iba con su carácter, simplemente porque si se hubiese visto como un simple mortal, una persona que escribe y punto, su malestar, su culpa, hubiesen disminuido. Y sin embargo, escribir fue su debilidad y su fuerte, lo que le hizo vivir intensamente, su pasión más importante (es impresionante su método para llevar a cabo ciertos proyectos, su rigor... esa es la contradicción). Su diario me recuerda más al de Paul Léataud, a quien admiraba, más que al de André Gide o el de Michel Leiris, a quien leyó ya en Lima. Claro, en sus ideas estéticas, incluso morales, Ribeyro era un clásico, un conservador, no un rebelde o un contestatario. Tal vez (me atrevo a decirlo con años de distancia) la somatización, la enfermedad de la cual habla en todos sus textos autobiográficos haya sido la culminación de una resistencia pasiva, sin atreverse a hacer verdadera explosión, en su interior. De ahí el título: La tentación dle fracaso. Pienso en otro texto, este caso se trata de una novela, que leí en el monasterio de Saorge. El libro se llamaba Marte y el autor es un alemán, Fritz Zorn. No escribió sino ese libro el día que supo que se iba a morir de un cáncer. Para él su educación pequeño-burguesa-represiva contra toda libertad individual, fue una educación para la muerte, una educación para terminar en analogía con lo que se ha vivido. Lo dice, y lo analiza sin melodrama. Ribeyro, como Léautaud, eran más bien hijos de una pequeña buguesía, trabajadores sin rabia, sin contestación, pero, en el caso de Ribeyro conscientes de su situación dentro del mundo, de su incapacidad de salir de su laberinto kafkiano sino era a través de la renuncia a cierta parte de sí mismo y a una cierta inercia. No actuar, no atreverse nada. Ribeyro me reprochaba mi necesidad de acción, de estar siempre con combustible. Recuerdo que una vez me dijo: tu ne fais pas les choses, tu débacles (no haces las cosas, tropiezas). Y yo me reí y le contesté algo así como que siempre me levantaba. Yo interpreto mi acción como la de un músculo, la de dar un zarpazo para atrapar algo que está en el aire. Es también uan noción del deseo en forma activa.... Éramos muy distintos y hemos llegado a ser amigos aunque yo era lo que se dice una chiquilla, y de muy mal carácter. Ribeyro ha vivido intensamente, incluso débil físicamente. Sabía disfrutar de la vida, de placeres espirituales, delicados, de la comida, de un cigrarrilo, de una compañía, además de los libros. Seguiré con mi diario. El viernes regreso a París y allí, como Ribeyro, pasaré el mes de agosto entre libros y bibliotecas. La ciudad estará vacía, menos ajena, más silenciosa.

Conflicto

Una pregunta que no ceso de hacerme es si uno puede confiar en la palabra, en la palabra dicha y escrita. En que el diálogo, la persuasión, existan. Me da pavor cuando los conflictos alcanzan picos de violencia, cuando la palabra desaparece. Analizar un problema, comprenderlo, depende de nuestra perspectiva y de los intrumentos que tengamos en nuestro poder para hacerlo. Pero es posible que ciertas personas (de ahí los conflictos) nunca deseen ver ni escuchar nada, es como si fuesen ciegos ante cualquier llamado de atención, casi diría que hay personas que cuando se les pone frente a otros que no son de su misma cultura (incluso simplemente por haber vivido otro tipo de experiencias) como si se les pusiera delante de un cuadro abstracto, no leen, ven solo formas abstractas y por eso ignoran que están frente a otra persona, de una sensibilidad concreta (ahor apienso que remotamente todos buscamos una fusión en la comunicación, como con una madre, en un estado de armonía ideal). Siempre vuelvo a este tema porque soy como una creyente que piensa que una transformación espiritual es posible, por eso, la pasión, la fuerza de un texto, su vehemencia, me conmueven más que una arquitectura bien pensada o una idea bien expuesta (acabo de entregar un texto a manera de epílogo: cada vez me interesan más las imperfecciones en un texto). Yo creo que a lo mejor hay formas de estar en el mundo, una de ellas, de forma cautelosa, preventiva y más racional, otra, más vehemente, movible, apasionada. Todo esto no es psicología, ni conductismo, es simplemente intuición. Si no fuera tan ingenua como para creer que un libro toca una fibra interna de una persona, como me ha sucedido a mí, transformando una vida, no escribiría. Eso no me lleva a pensar que un gesto, una caricia, nos sean igualmente importantes. Y al mismo tiempo me digo que si avanzo sin esperar nada, sin creer fundamentalmentee en nada, seguiré el camino de la virtud, aunque no pueda evitar cierta irritación ante cierto cinismo, cierto desapego. Para concluir sin concluir, todo parece una cuestión de personalidad e imagen: mientras creamos en nuestra propia fuerza de acción, en que trascenderemos nuestra circunstancia, la máquina el deseo sigue en movimiento, si dejamos de confiar, si nos ponemos supersticiosos, creo que perdemos nuestra fuerza: ese deseo... en fin, son ideas... pienso que pueda ser que algunas personas no tengan nada qué decirse, aunque... el atenuante es importante: estoy convencida de que la vida es un enigma y que no podemos si no sorprendernos con cierta alegría y un poco de humildad...

Y todo podría ser una cuestión de deseo y de resistirse a renunciar a él porque es terrible luchar contra su deseo, es agotador.

jeudi, juillet 27, 2006

El trabajo


Conversaba sobre el valor del trabajo, el trabajo remunerado. Si en la antigua Grecia se pensaba que la condición ideal de la persona era el estado contemplativo, en nuestra cultura judeo-cristiana el valor de trabajo como fuerza productora, transformadora y de acumulación de riquezas, como lo explicó Marx (un místico en el fondo, para Simone Weil), tiene un valor de sentido en sí mismo: el trabajo dignifica la existencia, la hace dinámica, la enriquece. Ese es su valor social, pero moralmente es quizás un acto de solidaridad hacia los demás. Por medio del trabajo yo me uno a la comunidad, pero también la honoro, le rindo homenaje. Los estados de ocio de hecho son productivos, porque el trabajo sin vocación o pasión, aliena, destruye la vida personal de quien lo practica. Vivianne Forestier, una periodista francesa predijo en “El horror económico” que el trabajo remunerado desaparecería con el tiempo, tal vez volviendo a una sociedad de trueque o en la que se trabaje para auto-abastacerse, pero sin el sentido de plusvalía. En todo caso, moralemente, el trabajo es una forma de estar presente en el mundo, el ocio, como una forma de inercia o estado próximo a la muerte, por eso la acción, y la acción compartida, es tan revitalizante. Bueno, me decía esto a raíz de la llegada del verano y de la necesidad de mucha gente de no hacer nada, simplemente ponerse al sol y matar las horas para volver a la rutina, pero trabajar, pensaba, es también estar presente en forma de acción, de obrar, de hacer, no solamente para ganar dinero sino porque estar vivos es estar en estado de combustión, es la creatividad en nuestras vidas lo que nos diferencia de otras especies, entonces... ¡a trabajar!

lundi, juillet 24, 2006

el azar objetivo


Pensar que el azar no existe, lleva siempre a pensar que las cosas suceden por necesidad en una serie de concatenación de hechos que nos llevan a olvidar que las cosas suceden simplemente porque sí, un rostro y su belleza radica en el instante efímero en que aparece y desaparece ante nuestros ojos, una frase, un gesto cualquiera. El azar objetivo de los surrealistas considraba que las cosas sucedían porque un impulso vital las objetivaba, de ahí su idea romántica del amor, sin embargo en la filosofía canónica oriental la idea del azar es saber adaptarse a los eventos con docilidad. Las hexagramas del I Ching son un ejemplo y hay personas, artistas como el coreógrafo neoyorkino, Mercé Cunningham, que improvisa sus correografías de acuerdo a las figuras del I Ching. Por eso, me digo, que hay que saber adaptarse a su instante, a su fatum, y vivirlo con cierta vocación. Siempre, pese a todo, he pensado en las reglas de la siemetría, en que las cosas se configuran de forma armoniosa si somos capaces de deslizarnos por la vida como por los intersticios, dando tumbos, pero ditirámbicos, alegres, dejando lugar a la sorpresa. Lo que tiene que ser será.

vendredi, juillet 21, 2006

Tal vez vivamos una época de desapego, la fuerza de lo efímero, la brutalidad de la indiferencia. Siempre he confiado en que todos somos capaces de hacer que el lenguaje pueda ensanchar nuestra comprensión (los límites de nuestro lenguaje, son los límites del mundo, Wittgenstein dixit) y hacer que nuestra manera de sentir y vivir sea más intensa, más creativa. Todo está en la creatividad, la combinación entre lo que somos y lo que existe en el exterior (integrar mi microcosmos al microcosmos, decía Michel Leiris). La civilización, la persona, el individuo civilizado es una forma de arte que empieza con los primeros dibujos de una mano dirigida por una cabeza capaz de hacer una abstracción de su propia situación en una caverna de la pre-historia. Luego, lo que fue imagen se hizo lenguaje. Por eso se me hace imposible concebir que estemos incapacitados para comprender y para compartir... sin embargo... si existen guerras, destrucción, sordera, locura destructiva, es porque justamente, esa capacidad de poder hacer abstracción de su propia situación y verla como relativa se hace absoluta, niega la aparición de otra cosa (otra persona), por necia y vanidosa, y decide destruirla. Existe el poema de Oscar Wilde, La balada de la cárcel del Reading: cada hombre mata a lo que ama, unos lo hacen con un beso, otros con una sonrisa... Porque no se puede no amar a otra persona (al menos, yo pienso que en el odio hay algo de amor), como esa niña que mata a un pájaro para purgar su cólera contra el mundo, y enferma de odio e ira se echa a llorar sobre el animal muerto. Eso es lo que pasa entre judíos y musulmanes, están tan cerca que se destruyen. Terrible constatación de nuestra pequeñez, de que nadie, nadie está libre y por eso la vida se convierte en una batalla por la armonía, por el afecto, por el amor.

mardi, juillet 18, 2006

La lentitud



Siempre estamos impelidos a ir muy de prisa, empujados a actuar, decidir, inventar. En realidad, a lo mejor la vida contemporánea no respeta el ritmo de nuestro cuerpo, lo violenta y lo hace cada vez más incapaz de adaptarse. Por eso los sabios chinos le dan tanta importancia a los síntomas que provienen de un cuerpo. La lentitud, como contemplación y no como inercia podría ser casi una virtud. Ir lento es también saber observar. Pero también hay que ir lento y seguro, es decir, no equivocarse de ruta. Recuerdo que una vez conversaba con Julio Ramón Ribeyro, en la terraza de su casa en Barranco y me decía: a veces una vida depende de un encuentro, de saber hacer una elección. Hay revoluciones(copérnicas) necesarias en la vida de cada persona, revoluciones que a veces son dolorosas, pero que, siempre, siempre, terminan rindiendo frutos. Pensaba en qué hacía que una persona, se le abrieran los ojos hacia otra realidad. Alguien también me comentó: he tenido una visión. ¿Podemos ser visionarios en nuestras propias vidas? Sí, tal vez sí, eso depende muchas veces de las personas que encontramos y de su calidad humana. Hay que aproximarse de los sabios, evitar a los necios, ir hacia todo aquello que nos mueva, nos haga sentir que nos hemos equivocado, menos de lo idéntico, ser como un libro abierto que se escribe cada día en un idioma distinto, he ahí algo que sí me interesa.

Ps: los textos que me han mencionado de Westphalen, no los conozco, pero averiguaré con amigos.

jeudi, juillet 13, 2006

El tiempo


Acabo de llegar a Sète, la ciudad del Cementerio marino, de Paul Valéry. Hay diez grados más de temperatura, en París solo hacía 24. Desde el comedor veo el mar, pero, con el calor me da cierto respeto ponerme bajo ese sol. Creo que las personas que hemos vivido en Lima (y yo siempre a 25 grados en Chaclacayo), toleramos mal el calor extremo, o el frío. No sé, es como si me faltase esa información en el disco duro, no lo identifico y tengo que hacer esfuerzos mentales enormes para no agobiarme... bueno, tampoco es que sea una pesadilla... Hoy estaba pensando en la noción del tiempo y en lo extraño que es para mí la idea de un futuro lejano. Creo que esa idea de tiempo progresivo, una línea que parte de un punto para llegar a otro, no nos deja vivir el presente (Nietszche veía el tiempo circular, el Eterno retorno). Cuando hablo con algunas personas amigas, siempre me están diciendo que tienen que hacer algo con sus vidas, pero ¿no se trata de simplemente vivir? Es decir, no hay nada que no se dé en el instante en que estamos vivos y miramos, Miramos, la vida con ganas y estamos presentes de cuerpo entero. El proyecto de una vida podría ser simplemente vivir, y eso sería todo.
Hoy, en el diario Liberationhttp://www.liberation.fr, Jean Jacques Schuhl, hace un retrato de Jean Luc Godard, a propósito de la exposición del centro Pompidou, que termina siendo su propio retrato. Recuerdo que cuando lo conocí, me impresionó su extrema delicadeza, parecía un personaje de película, de un brillo tenue, casi exiguo. Es un escritor a quien no le gusta que le llamen escritor y de una timidez extrema: Está casado con Ingrid Caven (ex de Ives Saint Laurent, pero sobre todo del Fasssbinder) y para mí es un personaje entrañable. Un solo libro: Ingrid Caven justamente, publicado en Seix Barral (parece que la traducción no es buena) y se ganó el Congourt, pero ¿qué hace con un Congourt alguien que no se siente escritor? Pues nada, dice que no escribe... esos son los peligros de los Premios. Tal vez lo bonito en esto de escribir es que es una especie de apuesta loca, apasionada, en el vacío... cuando empieza a tomar forma de carrera o profesión, hay que demisionar...

Salmo T. de El Cementerio Marino

El más escéptico de todos
es el Tiempo
Que con los Nos hace Sis
y con el odio amor
y al contrario
Y si el río no remonta a su fuente
y si la manzana caída no salta
y se reúne con su rama
es porque te falta paciencia
para creerlo.

foto: vista de Sète desde el Cementerio marino.

dimanche, juillet 09, 2006

Westphalen


Ayer, en el suplemento Babelia, del diario El país, ha salido publicado un artículo de Juan Goytisolo sobre una antología hecha por Octavio Paz, Laurel. Más que un artículo sobre antologías Goytisolo crìtica una vez más la idea de una literatura nacional. Paz, se interesó por todas las culturas, las estudió con empeño y dedicación para ampliar su cosmovisión. Sin pretender sonar moralista, porque no es la idea, lo importante es que su huella esté fresca y creo que sí lo está. Uno de los ensayos que más he disfrutado es La doble llama, me gustó que fuese escrito a una edad avanzada, no mucho antes de su desaparición. Y hay una generosidad en todo esto, la necesidad de desarraigarse para entender mejor a otras personas con historias personales muy distintas de las nuestras. Comprender otras civizaciones es aceptar que nos somos más que un pequeño accidente, casi un milagro, y que nada es definitivo ni irrevervesible. Goytisolo hace mención a la polémica antología Insulas extrañas, publicada con la idea una poesía en idioma castellano que pretendía de alguna forma juntar a muchos poetas, con un criterio de antología, por supuesto, pero sin privilegiar a los insulares, cosa que no gustó mucho y que comentábamos con Blanca Varela, una de las antólogas, durante la presentación en Madrid. Y como Goytisolo habla de Emilio Adolfo Westphalen, sin etender por qué no se le conoce fuera del Perú, me han dado ganas de recordar los instantes de regocijo interno que mantengo de las visitas que hicimos con mi amiga Tatiana y Elba a la clínica Maison de Santé, en Barranco. Recuerdo que Westphalen llevaba siempre una bata a rayas y calzaba pantuflas, y que cuando llegábamos, el rostro se le iluminaba, recuerdo cómo nos hablaba desde su cama, sus enormes manos cruzadas sobre el vientre, el cráneo brillante, los ojos enormes, nos hablaba con serenidad, en paz, con un mínimo de melancolía. Ayer conversaba con mi amiga Elba y me recordó que una vez lo llevé a verlo y que ella, recordando a su padre que era medio sordo, se puso a hablar en voz muy alta, lo que pareció herir las sensibles orejas de Westphalen que se puso a hacer unos gestitos elocuentes... A mí me encantaba tenerlo cerca, me imaginaba que era mi padre y estar ahí, en esa habitación de una clínica de Barranco, me parecía de un bienestar privilegiado. Son raras las personas que nos hacen sentir bien, creo que son instantes extraordinarios y ayer, que conversaba con F. Weyergans, y le mencionaba lo que decía Goytisolo a propósito de Westphalen, mientras él anotaba su nombre en un papel, pensé que se tiene suerte cuando una persona nos hace sentir cerca de nuestro eje, fieles a lo que somos. Pensaba eso mirando las distracciones que ofrece París y su fuego que puede ser fatuo, mientras pensaba también en Rilke encerrado en su buhardilla, escribiendo Los cuadernos de Malta, y entonces regresé a la casa de Chateaubriand, quien también se encerróa escribir sus Memorias, y no me importó estar en el afuera sino dentro de mí, evocando a Westphalen y diciendo en voz baja ese verso: Ha vuelto la diosa ambarina, ha vuelto la diosa ambarina a su castillo.

foto: Westphalen en su habitación de la clínica Maison de Santé, en Barranco.