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lundi, juin 25, 2007

El fin de semana


Este fin de semana estuve en el mercadillo de San Ángel, en la ciudad de México. Se me hace casi imposible separar esa parte de la ciudad (sentada en la plazuela central no hacía más que soñar), sus plazas, sus jardines, y calles empedradas, de la mitología que yo me he formado de este lugar a través de las películas. Pr ejemplo, Bajo el volcán, de John Houston, película imposible encontrarla en venta.

La noche anterior habíamos asistido a un espectáculo impresionante, desde el punto de vista sociológico, la lucha libre. De chica, recuerdo haber viso folletines (chistes) sobre el Santo (todo es ese mundo siempre me pareció enigmático, yo prefería a Fantomas!). La verdad que no pensé que fuese un show, pero todo es fingido y el candor, la ingenuidad con que las familias y los niños mexicanos contemplan ese espectáculo, me impresionó!! Es realmente conmovedor, como creer en Papá noel!

Sigo con el Jet lag, pero también un jet lag existencial, que no se acostumbra a los constantes cambios, que desea paz, serenidad y ama la vida, pero también que carece de agallas para sostenerla de frente y mirarla... pasacdo el Jet lag (los dos) , espero ponerme a trabajar, previa incursión a Acapulco... Me dicen que ha cambiado, pero, igual, me dan ganas de verlo...

2 commentaires:

caborca a dit…

No sé si en la película se cita un epígrafe que ya es célebre en la literatura latinoamericana. Malcolm Lowry en su obra Bajo el volcan se hace dos preguntas y obtiene una sola respuesta: “-¿quiere usted la salvación de Mexico? ¿quiere que cristo sea nuestro rey?, No”. Cita en la que se reconoce la tradición que prefigura lo que ahora llaman el irrealismo mágico, pero que Ulises Lima denomina el realismo visceral.

IGGIX a dit…

hey! yo tambien era hincha de fantomas, pero lo q me asombraba cuando veia lucha libre, era el arte en la plasticidad de los cuerpos q caian derribados estruendosamente ante imaginativas llaves...
seguro q acapulco aclarara las perpectivas sobre aquel fluir de la vida, bajo el calor de aquellas playas de orillas sedientas de
ondas encantadas