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mardi, octobre 30, 2007

Colette, mi madre

Con esta carta y esta reflexión empieza El nacimiento del día, de Colette, autora francesa.

Señor,

Me pide que venga a pasar unos ocho días en su casa, es decir, cerca de mi hija adorada. Sin embargo, no aceptaré su invitación, no ahora. He aquí la razón: mi cactus rosa va a florecer. Es una planta rara que no florece sino cada cuareta años. Y soy una mujer muy anciaa, y si me ausento mienras mi catus florece, estoy segura de no volver a verlo. Gracias por aceptar mis excusas.

Esa carta, firmada Sidonie Colete, fue escrita por mi madre a uno de mis maridos, el segundo. El año siguiente moría a la edad de 76 años.
En el instante en que me siento amenazada por todo lo que me rodea, amenazada por mi propia mediocridad, asustada por un músculo que pierde su firmeza, un deseo su fuerza, un dolor su lado afilado, puedo levantarme y decir: Yo soy la hija de aquella que escribió esta carta.

Me parece un hermoso comienzo, fuerte, cortante. Yo recibí este mensaje de un amigo (mi amigo Rocamadour a quien agradezco haberme autorizado a publicarla) y vi a mi madre en escena, enseguida he pensado escribir también sobre ella. Veremos:

Querida Patricia:


Hola, hace 3 horas y media que vuelvo de la casa de tu mami, hablamos como cuatro horas, la pasé muy bien, mejor que las veces anteriores que fui a visitarla, y me parece que tu mami también se divirtió bastante. Primero le di varios discos de Vicente Fernández en un solo cd de mp3, que lo escuchamos de inmediato; y también un cd con varias pistas de la voz de Cortázar, Jazzuela, Radiolina de Manu Chao —escuchamos Me llaman calle—entre otros, yo le decía por teléfono que me gustaba harto “La ley del monte”, seguro la debes haber escuchado, te dejo en enlace http://www.youtube.com/watch?v=nf_fmDABRIQ

Tomamos café y me invitó un caldito de leche muy rico, su preparación tenía ese cariño que le falta a mi hermana por ejemplo, que lo hace más a la volada. Conversamos bastante, y luego le leí tres capítulos de Rayuela, el 32 —carta de la Maga a Rocamadour—, y no pude dejar de conmoverme, luego el 6 y el 93. Y le gustaron mucho, me preguntó por la vida de Cortázar, le conté algunos detalles de su vida; que era muy juguetón y que en Rayuela se veía toda la calidez poética que pudo dar, y cuando me estaba preguntando por cómo conseguirlo, le dije: “Este libro es para usted”. Y me lo agradeció con una sonrisa de sorpresa y me pidió que le pusiera una dedicatoria, no recuerdo bien lo que le puse, pero se creó un buen ambiente. Quizás fue por cómo leí esos capítulos, o también porque tu mami ya había leído mi cuento; me dijo que desde que me conoció en el Café de la paz había previsto… no recuerdo bien sus palabras… que había mucha sensibilidad en mí, que yo tenía una cultura y ella no dejaba de aprender. “No creas que no me doy cuenta”, me dijo. Y yo noté que me estaba diciendo que podía llegar a ser ese escritor, ese ser que quiero ser, como si ella lo hubiera visto, imaginado de acá a unos años, y no sabes qué feliz me hicieron esas palabras, fue demasiado, no pensé que me diría eso porque sentí que me decía algo más profundo que solo un halago. Y luego me dijo que contigo por ejemplo sentía una comunicación muy especial, que sabía cuando le ocultabas cosas, que notaba que por algo estabas mal, como si las energías de comunicación entre ustedes no necesitaran palabras, una identidad que pasa de un extremo al otro como por un puente. Luego escuchamos el capítulo 2 de Rayuela por la propia voz de Cortázar, lo puso en la radio y yo le dije: “Hay que seguirlo con la lectura”, encontré el capítulo, le puse el libro en sus manos y nos quedamos de pie siguiendo la lectura, mientras la voz de Cortázar se iba impregnando en las paredes de la sala, combinándose con las letras del texto, y así hasta que Cortázar quedó en silencio. Luego sonó Jazzuela, se nota que le gusta mucho el jazz también, y tu mami se quedó con muchas ganas de coger el libro, me dijo: “Cómo quisiera que hubieran novelas habladas”. Sería genial eso, estaríamos cada vez más cerca del escritor, de lo que quiso decir. Luego le hablé del tablero de dirección y que era mejor saltar las casillas de los capítulos que a leerla como rollo chino, decidiendo en parte y por azar, qué momento queríamos leer del libro. Quedamos en que va leer Madame Bovary y Rayuela saltando las casillas de ambos libros, “quizás la mezcla, dé un resultado más enriquecedor”, le dije. “Cómo me has traído un regalo hoy”, me dijo; y yo le dije: “Bueno, es que no me quiso decir la fecha de su cumpleaños”. Se rió, y me contó que una fecha no se acordaron de su cumpleaños, y por eso no lo decía, aparte que si querías tener un detalle, no había que pensar solo un día, y tampoco sentirse presionado, cualquier momento puede ser especial. Hablamos un poco más, me prometió dejarme fotocopiar el artículo que le haces a Ribeyro, seguramente la voy a ver el sábado.

Bueno Patricia, cuídate mucho, cómo te decía desde el 1 de noviembre empiezo a leer tus novelas con mucho mayor tiempo, voy a coger primero a Electra para terminarlo de una vez, y ya que menciono la novela, aprovecho para pedirte disculpas por no haberla leído cuando te prometí hacerlo. Suerte con la sustentación de tesis, espero verte en diciembre para conversar en persona. Hablamos, un fuerte abrazo y un beso.

1 commentaire:

Guillermo Raffo a dit…

Hola Patricia, a propósito de los capítulos de Rayuela mencionados, dejo los enlaces por si gustan leerlos y escucharlos:

Capítulo 32
Solo texto
http://www.literaberinto.com/CORTAZAR/rayuela32.htm

Voz de Cortázar e imágenes:
http://www.youtube.com/watch?v=kPzbOXY1A1w

Capítulo 6
http://www.geocities.com/escritoresarg/cap6.htm

Capítulo 93
http://www.geocities.com/azoth.geo/93.html

Rayuel-o-matic digital
http://espanol.geocities.com/rayuel_o_matic/indice_proyecto.html

Un abrazo.