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jeudi, décembre 21, 2006

Fin de año


Me impresiona cómo se ejerce la crítica literaria actual, dividida siempre en dos bloques: los que buscan que la literatura responda a una interpretación potencialmente aplicable a todas la culturas, y los que comprenden que la literatura no es más que el resultado de una interpretación casi siempre subjetiva, y que es en esa subjetividad donde se halla lo general. Mientras más discreta se hace la aparición del autor, más espectacular se nos hace lo que escribe. Porque solo entiendo a esos autores que lo hacen porque necesitan escribir para vivir, y que reniegan de los premios y que se sienten más solos cuando se les aclama... Porque como decía Pascal (hay que leer Los pensamientos, es genial), escribir es una apuesta entre Dios y la nada, y no otra cosa.

Me sorprendo cuando el Ministro del Interior en Francia, candidato a las próximas elecciones por el partido de derecha, Nicolas Sarkozy, recibe críticas por haber dicho una tontería sobre La princesa de Cleves, la novela de Madame de Lafayette que fue en su época, siglo XVI, una novela precursora en el estilo y en la forma. Ganas de traducirla, no me faltan...

Leído, en Le monde, de este jueves, una crítica ácida de Raphaelle Réolle a la última novela de Mario Vargas Llosa, Las travesuras de la niña mala....

Regreso del barrio chino, en pleno centro. Si es cierto que el tráfico es infame, el barrio chino se ve floreciente, lleno de comercios, dueño de su propio ritmo y con personalidad. Es como esas personas que con los años maduran, se hacen sabias, saben crecer y guardar silencio. Son las personas que hay que buscar apartándose de los necios que solo hacen perder el tiempo. Cuando se ama, escribía Henry Miller, se le atribuye genio a la persona amada, luego, es a ella a quien le corresponde estar a la altura.

Comprado el Diario de Ana Frank para mi sobrina Marcia. Si de alguna manera me decidí a escribir fue porque mi padre me lo regaló cuando tenía su edad, haciéndome descubrir la vida íntima de esta niña con quien me identifiqué inmediatamente. Yo llevaba el diario de Ana mi balcón, seguida de mi de ota empleada que traía una frazada para cubrirme mientras leía esperando a que mi madre apareciera. Espero que le gusta a mi sobrina.

Cientos de niños deambulan por las calles vendiendo cositas para ganarse sus navidades, las que nadie les puede regalar. Y esos niños no sonríen. Son como Les étrennes des orphelins, de Arthur Rimbaud.

2 commentaires:

Sara a dit…

Por qué gastas tus pensamientos enfocandote en trivialidades. Crees que nos importa si Lima es ahora tu ciudad. Presta atención a la pobreza del mundo. A los niños muriendo de hambre. A las guerras que se producen en Oriente. A la contaminación del medio ambiente... Y te puedo asegurar que hay más. Es una lastima que teniendo un blog hables sobre combis, pescadores o ciudades reencontradas... Pero como dicen: "Somos lo que miramos" Ahora sé qué fácil miras al mundo.
Yo sé que no lo vas a publicar. En realidad sólo quiero que tú lo leas.

Miguel Angel Zea a dit…

Qué comentario tran trivial el de Sara. El escritor, por lo general, no escribe buscando la aprobación de los demás, tampoco lo hace siguiendo una jerarquía temática propia de la política o la sociología. Escribe simplemente porque necesita hacerlo, y su necesidad puede ser satisfecha con la descripción de una araña o una nube que pasa. Así de sencillo. Si a Sara no le gusta la nimiedad de estas cosas, que también son profundas a su modo, pues qué pena. Tal vez la solución es que vaya a beber agua a otro estanque, aunque Patricia no le prohibiría que regresara al suyo, así lo haga con mal humor y argumentos bobos.