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lundi, juin 01, 2009

Crítica

Cuelgo una crítica aparecida esta mañana a la reedición de El último cuerpo de Úrsula, en Lima. Una crítica es una opinión y hay que aceptarla como tal, pero produce respuestas. Por ejemplo, siempre me pregunto por qué tanta resistencia a mi negativa a respetar la lineariad del relato en busca de una escritura literariamente hablando. Es tan complicado decir que la escritura no es rendir cuenta sino seguir los pasos perdidos de una experiencia que desaparece (de paso, me gustaría saber qué piensan ustedes). Es una respuesta también, lo he dicho hasta la saciedad, al modelo dominante de narración y a la autoridad. Creo que lo explico muy bien en mi pequeño texto sobre la Narración publicado también en este blog. De todas formas agradezco la atención de Javier Ágreda y el esfuerzo que ha hecho por dar cuenta de mi trabajo. Y ahora, como sigo resfriada, estoy en cuarentena... Ni modo, a cuidarse...
ps: me entero por Radio France que ha desaparecido un avión de Air France que iba de Rio de Janeiro a París, al parecer en un accidente... Y escucho también una emisión sobre María Callas, sobre su fuerza, su soledad, y su talento para vivir.


Por Javier Ágreda
Patricia de Souza (Ayacucho, 1964) ha publicado siete novelas –desde Cuando llegue la noche (1994) hasta Ellos dos (2007)–, la mayoría de ellas en importantes editoriales españolas y algunas incluso traducidas al alemán. Sin lugar a dudas, se trata de la más destacada narradora peruana de la actualidad, aunque su obra (poco difundida en nuestro medio) todavía no ha alcanzado el reconocimiento que merece. Por eso resulta sumamente oportuna la reciente edición de El último cuerpo de Úrsula (sic, 2009), una de sus novelas emblemáticas y que Seix Barral publicó en España hace diez años.
Un accidente deja a Úrsula, una periodista de 30 años de edad, paralítica y víctima de intensos dolores. A partir de esa experiencia y de una misteriosa soledad (solo al final se descubre el motivo) ella comienza a rememorar diversos episodios de su vida (desde la infancia hasta el presente), para escribir una especie de diario, reflexionando sobre esos episodios con dureza y crueldad. Se trata especialmente de momentos decisivos en la evolución de la relación de la protagonista con los hombres (padre, primos, esposo y amantes), y en los que el erotismo y la sensualidad de Úrsula tienen siempre un papel determinante.
Como señalamos con respecto a la novela Electra en la ciudad (2006), lo más característico de esta narrativa es el empleo de una cierta “retórica especulativa”, rica en imágenes e ideas, a través de la cual los protagonistas (casi siempre artistas o intelectuales que narran en primera persona) dan a conocer sus peculiares reflexiones. Úrsula es uno de sus personajes más logrados en este aspecto, pues sus originales interpretaciones del amor, el dolor, el placer, el deseo o la vejez, resultan siempre acordes con su temperamento, cultura e inteligencia. Aunque eso no salva a la autora de caer en algunos excesos.
El mayor reparo que se le puede hacer a las novelas de De Souza es lo fragmentario y a veces inconexo de los episodios y la trama en general, lo que les hace perder, en buena medida, la tensión narrativa. Algo de eso sucede también en El último cuerpo de Úrsula, aunque aquí la fragmentación –la ausencia de “sentido y armonía”– es precisamente uno de los temas centrales, materializado en los caleidoscopios a los que la protagonista es tan aficionada: “… mi corta vida, esta vida sin historia, sin continuidad, sólo hecha de fragmentos que a veces logran encajar, tal y como se forman las figuras de un caleidoscopio” reconoce Úrsula en las páginas finales de la novela.Por Javier Ágreda
Patricia de Souza (Ayacucho, 1963) ha publicado siete novelas –desde Cuando llegue la noche (1994) hasta Ellos dos (2007)–, la mayoría de ellas en importantes editoriales españolas y algunas incluso traducidas al alemán. Sin lugar a dudas, se trata de la más destacada narradora peruana de la actualidad, aunque su obra (poco difundida en nuestro medio) todavía no ha alcanzado el reconocimiento que merece. Por eso resulta sumamente oportuna la reciente edición de El último cuerpo de Úrsula (sic, 2009), una de sus novelas emblemáticas y que Seix Barral publicó en España hace diez años.
Un accidente deja a Úrsula, una periodista de 30 años de edad, paralítica y víctima de intensos dolores. A partir de esa experiencia y de una misteriosa soledad (solo al final se descubre el motivo) ella comienza a rememorar diversos episodios de su vida (desde la infancia hasta el presente), para escribir una especie de diario, reflexionando sobre esos episodios con dureza y crueldad. Se trata especialmente de momentos decisivos en la evolución de la relación de la protagonista con los hombres (padre, primos, esposo y amantes), y en los que el erotismo y la sensualidad de Úrsula tienen siempre un papel determinante.
Como señalamos con respecto a la novela Electra en la ciudad (2006), lo más característico de esta narrativa es el empleo de una cierta “retórica especulativa”, rica en imágenes e ideas, a través de la cual los protagonistas (casi siempre artistas o intelectuales que narran en primera persona) dan a conocer sus peculiares reflexiones. Úrsula es uno de sus personajes más logrados en este aspecto, pues sus originales interpretaciones del amor, el dolor, el placer, el deseo o la vejez, resultan siempre acordes con su temperamento, cultura e inteligencia. Aunque eso no salva a la autora de caer en algunos excesos.
El mayor reparo que se le puede hacer a las novelas de De Souza es lo fragmentario y a veces inconexo de los episodios y la trama en general, lo que les hace perder, en buena medida, la tensión narrativa. Algo de eso sucede también en El último cuerpo de Úrsula, aunque aquí la fragmentación –la ausencia de “sentido y armonía”– es precisamente uno de los temas centrales, materializado en los caleidoscopios a los que la protagonista es tan aficionada: “… mi corta vida, esta vida sin historia, sin continuidad, sólo hecha de fragmentos que a veces logran encajar, tal y como se forman las figuras de un caleidoscopio” reconoce Úrsula en las páginas finales de la novela.

2 commentaires:

Jaime Vargas Luna a dit…

En el fondo, me parece inteligente su opinión. Creo que Ágreda se da cuenta de algunas de las cosas más importantes del libro, de tu escritura, y de tu lugar entre los escritores actuales. Es curiosa la contradicción entre esa postura y su necesidad de encasillar las cosas en un discurso que respete las formas oficiales de la tradición. Es curioso, digo, porque sabe que quieres hacer lo contrario, le parece bien y, sin embargo, dice que el error es justamente ese. ¿No?

Patricia De Souza a dit…

Si, es como si no se atreviera a defender su primera opinión, respetando pactos, patrones, quizás que justamente yo pateé desde hace tiempo. Pero hace el esfuerzo, dudando. Yo no creo que a Pascal Quignard le reprochen las razones por las cuales no respeta la linearidad en la narración y solo hace fragmentos.