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mardi, septembre 06, 2011

Cuando empieza la semana

Cuando empieza una semana tengo la impresión de novedad, de movimiento, no podría decir como Clarice Lispector (a quien leo en estos momentos de forma continua) que mis días "son eternos domingos", sino que son como sábados, novedosos, auspiciosos, en Venezuela, llenos de cantos de pájaros, colores relampagueantes, verdor, calor, y muchos, muchos mosquitos.
Una de las primeras traducciones de La pasión según G.H, se publicó en Caracas, en la editorial Monte Ávila, los venezolanos, con una emigración portuguesa importante, ya sentían curiosidad por Lispector... interesante. Sucede que en Venezuela hay muchas editoriales locales y que esa industria editorial no está desconectada de su tiempo sino que lo sigue, lo observa, lo escucha. Una de las cosas que más me gustan es ver la televisión venezolana, hay en ella un esfuerzo por estar a la altura de su proyecto de república socialista bolivariana: programas educativos, historia, estampas sociales, biografías, debates, entrevistas, participación ciudadana... Otro plato mirar los programas del sábado en la televisión peruana que logró mirar por internet: muertes, reportajes morbosos, estridencia, sensacionalismo, patético.... Me digo que hay de qué volverse esquizofrénico(a)s, mirando esa televisión. Pobres mis compatriotas. Aunque la violencia en Caracas es terrible, consecuencia de una época despiadadamente cruel, en la que la empatía lucha contra el cinismo y el desapego, hay una oferta de otros valores, valores de solidaridad, independencia, dignidad, y democracia para todoas... es el proyecto dixit bolivariano que se convierte también en un "mesianismo" encarnado en la figura angelical de Hugo Chávez, ese "angelismo" del Presidente puede ser terrible porque no lo coloca en un lugar irreal, casi mágico. Cuestión de creencias y supersticiones pero que, para una verdadera democracia, no funcionan.  De todas formas este proceso es más complejo de lo que parece o lo que aparenta ser, hay un movimiento popular importante que los sostiene, con discursos de justicia y democráticos, lo que da temor es pensar si ese poder popular tan devoto de una figura paterna (yo lo entiendo, desde le punto de vista psicoanalítico, pero no lo justifico) podrá sentar las bases sólidas para una democracia durable... voila el problema. Prefiero confiar en que sí...

ya me fui por las ramas, regreso a Clarice Lispector, a los mosquitos y al calor... Pronto, iré a Lima, a ese frío húmedo de viento silencioso, siempre apegada, siempre poniendo distancia, tal vez porque solo así podemos vernos y observarnos mejor...

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