Retomo mis paseos frente al mar, en medio de una bruma gris, espesa, que da un aspecto ímtimo a todo,. Finalmente, siempre es cuestión de interpretación. A mí me gusta esta bruma, me envuelve, me cobija.
Pensaba en la incredulidad que invade a las poblaciones que se acostumbran a vivir en la precariedad, de pronto, cualquier cosa les parece nada. Es una actitud medio nihilista, de no creer en nada, no confiar en nadie. Cuando les hablo de lo bueno de tener un metrobús en Lima Metropolitana, me dicen, humm, pero no funciona, o no funcionará. Me quedo perpleja...
Miraba los mails que me llegan desde La Sorbornna, seminario sobre la narración en la novela, un análisis desde la Poética de Aristóteles hasta el Nouveau roman... noto que no tengo, como siempre, personas cercanas con quien compartir estos temas, pero, por ahora, tengo otros temas. Sí, ahora me inscribo en la prosa del mundo... sigo su ritmo.
Ellos analizan, nosotros recibimos... pasivoas, hasta cuándo?
Pasando por le mercado de San Isidro, disfruto mirando los quioscos: verduras exuberantes (la albahaca es gigantesca, las berenjenas, las alcachofas...) los pescados, calamares, plátanos, papas de todos los colores... es un deleite y me doy cuenta de que solo cuando nos alejamos de algo reconocemos su justo valor...
Cielo blanco, bajo, palmeras, escribo en la cocina de la casa mirando el jardín...