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lundi, novembre 16, 2009

Identidad abierta

Sobre el tema de la identidad (Le monde, 7/11/2009), en estos momentos es un debate nacional en Francia, bajo la dirección del Ministerio de la emigración y los auspicios presidenciales. Por supuesto yo veo este debate como una trampa y un arma de dos filos: de qué identidad nos hablan, de la individual o de la colectiva? Porque la primera es un proceso privado, ligado a muchos factores que son culturales pero siempre adquiridos y por eso, siempre modificables. A estas alturas, después de Lévi-Strauss y Freud, no creo que se pueda hablar de una identidad monolítica y cerrada, eso piensan algunos que desean ponerla a resposar en formol, sino de una identidad abierta. Cuando Marie Ndiaye dice que no se siente de origen senegalés sino francesa, es que está tratando de decir que su color de piel no la define, ni su origen (padre senegalés, madre francesa), es una condición, un factor, pero no es determinante.

La idea de identidad nacional ligada al idioma me atemoriza porque despierta discursos tendenciosos de mérito de la nacionalidad, y es ahí donde quiere llegar la derecha en Francia, quién merece más la nacionalidad francesa, un negro analfabeto o un blanco ilustrado?

Primera trampa. La otra sería pensar que podemos forjarla a partir de nada, es decir, sin anales, sin memoria. Y aquí entra el tema de los escritores, en un artículo de Yuri Herrera (Babelia 14/11/2009), mexicano y escritor, que comenta Julián Rodríguez, habla del laxismo de los escritores para involucrarse en una narración dando la espalda a una realidad, social, política y económica, terribles. Aunque el artículo no me queda claro, entiendo que hay una responsabilidad histórica en quienes escriben, pero también en quienes inventan. Y es ahí donde todo se confunde porque las intenciones y los materiales no son los mismos. Por más que la historia contenga una dosis de ficción (los mitos, las leyendas, una que es importante para México es aquella que según Luis Barjau se inspira en el personaje de La Malinche, la traidora, como coartada de imposibilidad de expectativas sociales, como su fracaso), pretende cierta fidelidad a los hechos. El problema es más complejo, la mayoría de las veces loas que escriben no se comprometen con nadie, incluyendo su propia persona. Todo reside en una limpieza y en tener cierto valor para decir las cosas de frente, sin edulcorarlas. Si tuviésemos menos escritoreas, aspirantes a la plataforma nacional, al poder, la promoción social y el “éxito”, tal vez seríamos más honestoas al hablar de nuestras historias individuales (que forman parte de la colectiva, obvio)sin maniqueísmos, sin imposturas: Y si afectación. Pero no. Por ejemplo, son multitud los escritores que aspiran a una beca del Conaculta (Consejo nacional de la cultura en México), los que hacen cola para que una editorial española los “descubra” y den el salto, etc… ¿Cómo, entonces pueden mantener una postura inalienable? De qué historia hablamos sino es la de unos individuos que viven en un mismo país y comparten ciertos valores, comprometiéndose con ellos, porque sino hay individuos, de qué colectividad o sociedad hablamos? Nosotroas todavía no hemos pasado a esa fase (sociedad donde hayan individuos, personas dignas en todos el sentido existencial de la palabra) y no podríamos plantearnos el problema como en Francia. Además, Nicolas Sarkozy olvida que su querida identidad francesa la forman individuos, Rimbaud, Rousseau, Montaigne, quien dijo a propósito del tema: una persona extraordinaria es aquella para quien la tierra entera es una tierra de exilio. Entonces, la identidad es que todos estamos desprotegidos y cada vez más confundidoas sobre lo que significa una identidad. Simplemente nos une esa desprotección y esa ignorancia, en cualquier idioma, en cualquier país.