La Biblioteca nacional de Francia (www.bnf.fr) acaba de poner en línea (Gálica) el manuscrito numerizado de Giacomo Casanova, Historia de mi vida. Empiezo a leerlo fascinada, la letra escrita, visible, con correcciones....
El prefacio dice esto en mi traducción: Empiezo por decirle a mi lector, que soy responsable de todo lo que he hecho de bueno y de malo en mi vida, por lo tanto me considero un hombre libre...
No es fascinante? Creo que esa es su modernidad, asumirse como sujeto activo. Y hoy empieza el éxodo citadino de semana santa. La ciudad se queda vacía, silenciosa, sin autos y sin cláxones...
Por la noche, cena, ganas de lecturas y escribir en medio de un malestar que no sé si es algo que me cayó mal, o viral, por el dolorcillo de cabeza y el cuerpo cortado. Estoica, no renunciaré a mi cena... veremos chère Walkyrie.
mercredi, mars 31, 2010
mardi, mars 30, 2010
El nacimiento del día
Uno de mis planes es traducir al castellano el libro de Colette, La naissance du jour, y así puedan leerlo otras personas. Leo el prólogo a la edición de bolsillo, de Claude Pichois: El nacimiento del día, celebra la metamorfosis de una gran escritora que, desde ese momento, va a navegar más cerca de ella, siempre en aguas profundas...
escribir es justamente es acercarse a sí misma y lograr navegar en esas aguas profundas e internas. Nada nos (me)detendrá.
escribir es justamente es acercarse a sí misma y lograr navegar en esas aguas profundas e internas. Nada nos (me)detendrá.
La otra presentación
La presentación de Yuri Herrera, que también me abrigó esa noche:
Ellos dos: sobre la soberanía del deseo
Yuri Herrera
Cuando quiero hablar de un libro que me gusta comienzo por decir de qué trata la historia, cómo enganchan las anécdotas al lector, qué hay en eso que le sucede a los personajes que me permite emocionarme hasta la última página. Para hablar de Ellos dos, la novela de Patricia de Souza, debo buscar una estrategia diferente, porque este es un libro que no se puede dejar una vez que uno lo ha comenzado, por otras razones: por su textura, por la musicalidad con que se desenvuelve, por el viaje interno que propone.
Aparentemente, Ellos dos es la historia de una separación, y de cómo la protagonista ve en los demás hombres de su vida las claves para entender qué sucedió con O, el amante de quien se ha separado. Sin embargo trata más bien de dos búsquedas: la búsqueda del otro, de lo masculino, y a través de ésta, la búsqueda que la protagonista hace de sí misma. La nómina de aquellos hombres incluye al primer marido de ella, a su abuelo a las puertas de la muerte, a su padre desaparecido, a sus amigos escritores, a un muchacho que trabaja en una hacienda, a un nuevo amante con el que se topa apenas se ha separado. En cada uno de ellos encuentra no una respuesta sino un ingrediente más del misterio de lo que significa su relación con los hombres. Aún cuando ella advierta la soberbia y aún la crueldad en algunos de ellos, invariablemente repara también en la ternura que los constituye: sus inseguridades, sus entusiasmos, la manera singular de cada uno de ser un compañero.
He mencionado que cada sujeto masculino es no una clave que resuelve la historia sino parte del misterio. Y es que en la protagonista, aunque hay una constante interrogación sobre sus afectos y sobre sus titubeos amorosos, no hay ansiedad por encontrar una verdad, una cifra que le permita definirse como algo definitivo, estable, cómodo. Ella, durante buena parte del relato y casi hasta el cierre, carece de nombre tal como el amante que ha dejado y que llama sólo O. Si no hay una historia lineal es porque lo que se quiere contar no es una anécdota con principio, desarrollo y final, sino un abanico de estados de ánimo, que proliferan página a página como un asedio sobre los deseos de ella.
Creo que el libro trabaja así: Después de que se nos ha contado que la protagonista se separó de O, la narración hace una delta deliciosa en la cual la voz narrativa va adquiriendo densidad con cada anécdota íntima que reconstruye. Anécdota íntima: no tanto los juegos amorosos sino las pequeñas revelaciones que le dan volumen a los juegos amorosos. El libro avanza obedeciendo no a una cronología lineal, sino a la de sus deseos y sus abandonos. La narradora sabe que el pasado se ha ido y que la literatura no es capaz de recuperarlo; esta certeza, en vez de provocar nostalgia, es un arma liberadora: gracias a ella es que la reconstrucción de su vida se convierte en un hecho gozoso, en la paciente tarea de articular una pátina sobre sus recuerdos. Así, dice: “Por mucho tiempo he renunciado a contar historias provistas de un argumento con causalidad y acciones convencionales. No bien empezaba a narrar, yo me aburría o sentía que me asfixiaba como si de pronto la máquina cerebral se detuviera. Nada me aburre más que contar una historia, nada me parece más aburrido que el mundo real o causal en todas sus acepciones. Sólo puedo escribir cuando siento que hay algo que va a aparecer en el camino, alguna dificultad concreta con el lenguaje que me dará ganas de continuar haciéndolo” (80).
La dificultad como argumento para la belleza. Creo que si hay alguna frase con la cual pudiera definir este libro sería esta. La dificultad de entender al otro, de lidiar con su propios dolores, de hablar de aquél que ha pasado a ser básicamente un signo vacío que no debe ser llenado a riesgo de cristalizarlo, la dificultad como un acicate para desplegar un lenguaje propio, amorosamente cuidado, de una claridad meridiana que hace tiempo no leía. Esa delta es el acontecimiento de este libro. No es casual que, cuando finalmente se nos habla de cómo inició la relación con O, de lo que lo hacía amable y lo que los separó, el personaje se retraiga rápidamente, pues a esas alturas ha quedado claro que este relato no es una diatriba ni un homenaje a un hombre, sino ese asedio de la protagonista sobre sus deseos.
Hace unas semanas escuché un programa de radio que recordé ahora con la lectura de Ellos dos. En él se hablaba de una pieza musical compuesta en 1964 por Terry Riley, que se ha convertido en un referente de la música clásica contemporánea y aún de la música electrónica. Se llama In C y es una pieza en la cual un número variado de músicos interpretan en diferentes tiempos 53 frases musicales, mientras que otro músico toca la nota Do en ocho notas repetidas. En ese programa presentaron tres versiones de la pieza, compuestas para una nueva grabación a la que se invitó a ocho músicos contemporáneos. En cada una, los compositores improvisaban sin dejar de respetar la fórmula matemática que servía como marco, y el resultado era de una belleza conmovedora; era posible advertir las similitudes en cada una, pero era claro que la nota repetida había sido dejada en un segundo plano, modesto, y que la individualidad de cada compositor pasaba al frente.
Algo similar sucede con Ellos dos. Es un libro seductor, pero no es la presencia de las anécdotas lo que seduce, ni las descripciones de los cuerpos masculinos, ni las peripecias que se suceden en un París esplendoroso; todos estos elementos, como la nota Do de aquella pieza, son apenas señales de la razón en una obra que, fragmento a fragmento, apuesta por la hermosura del misterio.
Patricia de Souza. Ellos dos. México: Jus, 2009.
Ellos dos: sobre la soberanía del deseo
Yuri Herrera
Cuando quiero hablar de un libro que me gusta comienzo por decir de qué trata la historia, cómo enganchan las anécdotas al lector, qué hay en eso que le sucede a los personajes que me permite emocionarme hasta la última página. Para hablar de Ellos dos, la novela de Patricia de Souza, debo buscar una estrategia diferente, porque este es un libro que no se puede dejar una vez que uno lo ha comenzado, por otras razones: por su textura, por la musicalidad con que se desenvuelve, por el viaje interno que propone.
Aparentemente, Ellos dos es la historia de una separación, y de cómo la protagonista ve en los demás hombres de su vida las claves para entender qué sucedió con O, el amante de quien se ha separado. Sin embargo trata más bien de dos búsquedas: la búsqueda del otro, de lo masculino, y a través de ésta, la búsqueda que la protagonista hace de sí misma. La nómina de aquellos hombres incluye al primer marido de ella, a su abuelo a las puertas de la muerte, a su padre desaparecido, a sus amigos escritores, a un muchacho que trabaja en una hacienda, a un nuevo amante con el que se topa apenas se ha separado. En cada uno de ellos encuentra no una respuesta sino un ingrediente más del misterio de lo que significa su relación con los hombres. Aún cuando ella advierta la soberbia y aún la crueldad en algunos de ellos, invariablemente repara también en la ternura que los constituye: sus inseguridades, sus entusiasmos, la manera singular de cada uno de ser un compañero.
He mencionado que cada sujeto masculino es no una clave que resuelve la historia sino parte del misterio. Y es que en la protagonista, aunque hay una constante interrogación sobre sus afectos y sobre sus titubeos amorosos, no hay ansiedad por encontrar una verdad, una cifra que le permita definirse como algo definitivo, estable, cómodo. Ella, durante buena parte del relato y casi hasta el cierre, carece de nombre tal como el amante que ha dejado y que llama sólo O. Si no hay una historia lineal es porque lo que se quiere contar no es una anécdota con principio, desarrollo y final, sino un abanico de estados de ánimo, que proliferan página a página como un asedio sobre los deseos de ella.
Creo que el libro trabaja así: Después de que se nos ha contado que la protagonista se separó de O, la narración hace una delta deliciosa en la cual la voz narrativa va adquiriendo densidad con cada anécdota íntima que reconstruye. Anécdota íntima: no tanto los juegos amorosos sino las pequeñas revelaciones que le dan volumen a los juegos amorosos. El libro avanza obedeciendo no a una cronología lineal, sino a la de sus deseos y sus abandonos. La narradora sabe que el pasado se ha ido y que la literatura no es capaz de recuperarlo; esta certeza, en vez de provocar nostalgia, es un arma liberadora: gracias a ella es que la reconstrucción de su vida se convierte en un hecho gozoso, en la paciente tarea de articular una pátina sobre sus recuerdos. Así, dice: “Por mucho tiempo he renunciado a contar historias provistas de un argumento con causalidad y acciones convencionales. No bien empezaba a narrar, yo me aburría o sentía que me asfixiaba como si de pronto la máquina cerebral se detuviera. Nada me aburre más que contar una historia, nada me parece más aburrido que el mundo real o causal en todas sus acepciones. Sólo puedo escribir cuando siento que hay algo que va a aparecer en el camino, alguna dificultad concreta con el lenguaje que me dará ganas de continuar haciéndolo” (80).
La dificultad como argumento para la belleza. Creo que si hay alguna frase con la cual pudiera definir este libro sería esta. La dificultad de entender al otro, de lidiar con su propios dolores, de hablar de aquél que ha pasado a ser básicamente un signo vacío que no debe ser llenado a riesgo de cristalizarlo, la dificultad como un acicate para desplegar un lenguaje propio, amorosamente cuidado, de una claridad meridiana que hace tiempo no leía. Esa delta es el acontecimiento de este libro. No es casual que, cuando finalmente se nos habla de cómo inició la relación con O, de lo que lo hacía amable y lo que los separó, el personaje se retraiga rápidamente, pues a esas alturas ha quedado claro que este relato no es una diatriba ni un homenaje a un hombre, sino ese asedio de la protagonista sobre sus deseos.
Hace unas semanas escuché un programa de radio que recordé ahora con la lectura de Ellos dos. En él se hablaba de una pieza musical compuesta en 1964 por Terry Riley, que se ha convertido en un referente de la música clásica contemporánea y aún de la música electrónica. Se llama In C y es una pieza en la cual un número variado de músicos interpretan en diferentes tiempos 53 frases musicales, mientras que otro músico toca la nota Do en ocho notas repetidas. En ese programa presentaron tres versiones de la pieza, compuestas para una nueva grabación a la que se invitó a ocho músicos contemporáneos. En cada una, los compositores improvisaban sin dejar de respetar la fórmula matemática que servía como marco, y el resultado era de una belleza conmovedora; era posible advertir las similitudes en cada una, pero era claro que la nota repetida había sido dejada en un segundo plano, modesto, y que la individualidad de cada compositor pasaba al frente.
Algo similar sucede con Ellos dos. Es un libro seductor, pero no es la presencia de las anécdotas lo que seduce, ni las descripciones de los cuerpos masculinos, ni las peripecias que se suceden en un París esplendoroso; todos estos elementos, como la nota Do de aquella pieza, son apenas señales de la razón en una obra que, fragmento a fragmento, apuesta por la hermosura del misterio.
Patricia de Souza. Ellos dos. México: Jus, 2009.
lundi, mars 29, 2010
La hija, presentación...
Según Bergson, el filósofo primo hermano de Marcel Proust que recibiría el nóbel de literatura, recuperamos el pasado para construir el presente a través de la inteligencia: nuestra inteligencia produce ese acuerdo de lo idéntico, haciendo que el yo sea idéntico a sí mismo y produzca esa sensación unidad. Por eso, a veces soy la hija de mi madre que no puese ser madre, y no puedo hacer que se una mi yo con el exterior, mi propia imagen está fragmentada, atravesada por todos esos tiempos, esas imágenes discordes que me envían desde lejos. Es cuando debo escribir, al hacerlo, recupero una cierta identidad. Es decir, nada me hace más presente que escribir, la propia mirada que yo tengo sobre mí misma. No es una imagen fija, si no creativa, produzco identidad cuando escribo....
Cuelgo el teléfono y dejo de ser la hija, la hermana, la madre que no desea ser madre, para ser yo misma. Solo por un tiempo compongo, me recompongo, hago mi música...
Enseguida cuelgo la cálida presentación de Ana Clavel:
Ellos dos de Patricia de Souza
Ana Clavel
Hay escritores y escritoras que escriben sobre el mundo y sus veleidades. Escrituras que salen de sí y exploran el horizonte para contarlo o recrearlo. A esa saga pertenecen plumas tan variadas como la de Jules Verne, cuya Vuelta al mundo en 80 días me puso a mí a girar por primera vez, a los once años, en el universo deslumbrante de la palabra y la ficción que lo mismo zarpa en un vapor, que surca los aires en un globo aerostático, que se trepa a una locomotora en una literatura de viaje y aventuras.
Pero hay otros libros que son más intimistas y recrean sobre todo el mundo interior de los personajes en una inversión de lo novelesco objetivo canónico. Un ejemplo notable que recuerdo de este otro tipo de escritura es La muerte en Venecia de Thomas Mann, que recrea el punto de vista de un hombre maduro deslumbrado por la belleza de un adolescente, en una suerte de canto agónico de la vida que se escapa como una herida irremediable.
Hay otras escrituras que son todavía más intrínsecas, más vertidas sobre sí mismas, que hacen de la escritura su objeto novelesco. Cómo no recordar entonces el comienzo de El grafógrafo, de Salvador Elizondo, cuando escribe: “Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo…”
En este acto solipsista de la escritura hay una variante desarrollada especialmente por escritoras que me lleva a considerar que la escritura puede, con todo derecho, asumir un género: escritoras como Marguerite Duras, Clarice Lispector, Alejandra Pizarnik emparentan la escritura de la escritura misma pero con una variante singular: escriben que escriben desde el cuerpo con el que escriben. Tal vez a una persona sensata y sensible esto podría parecerle una tautología, una verdad de Perogrullo, pero no, la mayoría de los escritores varones que escriben sobre el acto de escribir lo hacen con la cabeza, con una racionalidad que muchas veces raya en lo abstracto, una cuasi metafísica y ontología de la escritura.
A esa otra saga para la cual la escritura se escribe desde el ser del cuerpo como una entidad suprasensible pero no menos inquietante y racional, pertenece Ellos dos de Patricia de Souza. Se trata de una literatura que declaradamente abomina de contar historias del mundo real o causal, que erige al yo y al cuerpo en que se asienta ese yo como principio estructurador de la vida y de la escritura misma. Escribe la protagonista:
“Todas esas frases que me hablan desde dentro, que hablan en mí mientras camino, las asumo como esa necesidad de ser un texto íntegro; que toda mi vida, mi cuerpo, sea un cuerpo escrito, solo reconocible en la escritura, y no sé si pueda, no sé si pueda desenrollar una vida como un texto larguísimo, desde el comienzo hasta el final” (p. 97).
En principio nos encontramos ante lo que, en términos argumentales, sería una “historia de desamor y de duelo” en la que la escritura de la protagonista y narradora, como proceso vital, se convierte en el instrumento idóneo para entender y desmadejar la telaraña neurótica que subyace a la separación de sus amantes y relaciones masculinas: O, Lies, Jacob, Eric, Jean, o su propio padre que la han llevado a asumir cartas de extranjería lo mismo en Francia, Inglaterra y España, que en su Perú natal.
Pero lejos de situarse en el horizonte de la víctima que es abandonada o rechazada, esta escritura nos enfrenta a una modalidad de mujer que siguiendo sus procesos creativos y personales se erige como una conciencia en conflicto que pone en jaque los modelos tradicionales de relación. Es ella, y no ellos, quien examina y problematiza los encuentros y desencuentros cotidianos; ella, quien antepone las barreras del aislamiento y la separación neurótica; ella, quien se aparta de los hombres de su vida y… los abandona. Ella quien toma la dirección del barco de la novela, ella quien, contraria a la dominación patriarcal, se atreve a asumir su propia voz. Cito: “Es como si las mujeres recibiéramos una educación para no es-tar vivas, sino siempre ausentes, y solo en tanto que espectadoras. No ha-blar en primera persona, no atreverse, es ser cómplice de ese silencio” (66).
Y ese hablar en primera persona, racionalizándolo y somatizándolo todo, es también una escritura que se tiende sobre el vacío como el único puente, el único asidero para explicar la existencia y darle sentido. Experiencias semejantes –la escritura como arma y tabla de salvación— son visibles en la obra de Lispector y Pizarnik. En ellas, como en Souza, se pone en evidencia el nodo de esta escritura vivencial: el ser de uno, de una, la protagonista, en batalla con el otro, asumido como una experiencia trascendental e imposible, pero a la vez irrenunciable: la lucha con el otro, el ángel por ensoñado, ese ángel que en su otredad, en su ser ajeno, es siempre atrayente y aterrador. No en balde el atinado epígrafe de Rilke que preside las páginas de Ellos dos: “Todo ángel es aterrador”.
Pero con todo, el deseo de comunión, de comunicación, persiste. Es un deseo en el que se anudan vida, escritura y cuerpo como una pulsión extrema y única que también confiere identidad y autoconocimiento. No sólo ante el sujeto amoroso, sino hacia el origen en la figura del padre y la nacionalidad misma –en este caso, peruana--, trasegada por la orfandad y las contradicciones y abusos de la dominación, el mestizaje e incluso la guerrilla. Así la autora, desde la marginalidad de un ser que detiene y contiene el pulso de la vida con el acto de la escritura, disecta y deconstruye mitos, modelos, ideologías en un rearmado fluctuante y azaroso que tiene mucho de revulsión y catarsis iluminadora.
Insistiré también en la importancia del cuerpo porque la novela misma lo hace. Por un lado, el cuerpo como punto cardinal, asidero, brújula en una navegación no por íntima menos racionalizadora del universo. Una navegación que entre sus altas mareas metafísicas o existenciales no se aparta de la dimensión material, física, erótica, carnal de su condición primera. Escribe Souza:
“… ¿qué se puede inventar para salir de sí misma? Un cuerpo es un cuerpo extendido sobre el espacio, sobre la cama, sobre la almohada, ese cuerpo suyo, que se pegó al mío mientras dormimos juntos por varios días, como si hubiese logrado entrar en una parte íntima de él, sin importar las diferencias que nos separaban y sin dejar de ser un extraño en mi vida. Había decidido acompañarlo porque no sabía muy bien adónde ir ni con quién, y en mi desorientación, su cuerpo, todo el, operaban en forma de brújula. Sí, en medio de un París de invierno, hostil y austero, él era mi única orientación. Pese a ese hecho, su cuerpo estaba tan vivo que me resultaba doloroso sentir que no me pertenecería completamente, que no podía desearlo y que estaba prisionero de algo inédito, una forma de huella desconocida.” (p. 26)
Pero si la escritura es una extensión pulsional del cuerpo, ¿cómo no suponer que la novela misma es un cuerpo alterno de quien lo escribe? Entonces nos enfrentamos a una novela fragmentaria y orgánica como la experiencia apátrida y desmembrada de la protagonista, una novela surcada de jirones de piel y de conciencia como los duelos y fulguraciones que la habitan, una novela que se enreda en laberintos neuróticos como la búsqueda vehemente de su conflicto original, una novela que surge a borbotones como la sal y la sangre de la boca de un náufrago que, sin embargo, se obstina en darnos cuenta de su gloria y de su perdición. No es gratuito entonces que las partes que la conforman sean “La pérdida” y “La afasia”, esa otra pérdida de la capacidad de hablar y comprender el lenguaje. Por eso, porque escritura y existencia son una unidad intrínseca, la autora escribe en un momento de lucidez mórbida de su proceso vital:
“Creo que en el fondo me he quedado vacía, sin texto, sin algo que decir, es como si cuerpo no tuviese esqueleto, sino una estructura blanda, incapaz de sostenerlo en pie. […] Tal vez si entendiese qué me sucede no escribiría, no tengo nada que contar, pero necesito con todas mis fuerzas decir algo para no perderme definitivamente, en el fondo para no perder la razón y padecer un caos total en mi lenguaje, no saber existir.” (p. 93)
Y es aquí, en este desarmarse del cuerpo como escritura, en este descubrir la vulnerabilidad propia frente al otro, que surge cardinal la luz neblinosa del deseo y con él, las aguas proteicas del reconocimiento como en estas líneas magistrales con que culmina ese proceso de desarticulación y navegación entre las sombras de las palabras: “No sé si conozco algo más de mí, no tengo la menor idea, tardaré en saberlo, y si nunca llego a entender qué sucede en mi relación con los hombres, tampoco importa. Fijo mi residencia en este terreno desconocido, en esta casa sin número, sin techo, desde donde puedo mirar libremente el cielo. Lo que importa es que siga en movimiento, la combustión de ese deseo, ese movimiento. De todas formas nunca renunciaré a mi deseo…” (p. 124).
Ellos dos, título ambiguo, polivalente, lúdico, sugestivo, es mucho más que una historia de duelo y desamor, es una tentativa de convertir la escritura en un cuerpo que se retrae a las violencias ideológicas imperantes para hacer oír una voz disidente: lúcida y personal, íntima y necesaria.
Cuelgo el teléfono y dejo de ser la hija, la hermana, la madre que no desea ser madre, para ser yo misma. Solo por un tiempo compongo, me recompongo, hago mi música...
Enseguida cuelgo la cálida presentación de Ana Clavel:
Ellos dos de Patricia de Souza
Ana Clavel
Hay escritores y escritoras que escriben sobre el mundo y sus veleidades. Escrituras que salen de sí y exploran el horizonte para contarlo o recrearlo. A esa saga pertenecen plumas tan variadas como la de Jules Verne, cuya Vuelta al mundo en 80 días me puso a mí a girar por primera vez, a los once años, en el universo deslumbrante de la palabra y la ficción que lo mismo zarpa en un vapor, que surca los aires en un globo aerostático, que se trepa a una locomotora en una literatura de viaje y aventuras.
Pero hay otros libros que son más intimistas y recrean sobre todo el mundo interior de los personajes en una inversión de lo novelesco objetivo canónico. Un ejemplo notable que recuerdo de este otro tipo de escritura es La muerte en Venecia de Thomas Mann, que recrea el punto de vista de un hombre maduro deslumbrado por la belleza de un adolescente, en una suerte de canto agónico de la vida que se escapa como una herida irremediable.
Hay otras escrituras que son todavía más intrínsecas, más vertidas sobre sí mismas, que hacen de la escritura su objeto novelesco. Cómo no recordar entonces el comienzo de El grafógrafo, de Salvador Elizondo, cuando escribe: “Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo…”
En este acto solipsista de la escritura hay una variante desarrollada especialmente por escritoras que me lleva a considerar que la escritura puede, con todo derecho, asumir un género: escritoras como Marguerite Duras, Clarice Lispector, Alejandra Pizarnik emparentan la escritura de la escritura misma pero con una variante singular: escriben que escriben desde el cuerpo con el que escriben. Tal vez a una persona sensata y sensible esto podría parecerle una tautología, una verdad de Perogrullo, pero no, la mayoría de los escritores varones que escriben sobre el acto de escribir lo hacen con la cabeza, con una racionalidad que muchas veces raya en lo abstracto, una cuasi metafísica y ontología de la escritura.
A esa otra saga para la cual la escritura se escribe desde el ser del cuerpo como una entidad suprasensible pero no menos inquietante y racional, pertenece Ellos dos de Patricia de Souza. Se trata de una literatura que declaradamente abomina de contar historias del mundo real o causal, que erige al yo y al cuerpo en que se asienta ese yo como principio estructurador de la vida y de la escritura misma. Escribe la protagonista:
“Todas esas frases que me hablan desde dentro, que hablan en mí mientras camino, las asumo como esa necesidad de ser un texto íntegro; que toda mi vida, mi cuerpo, sea un cuerpo escrito, solo reconocible en la escritura, y no sé si pueda, no sé si pueda desenrollar una vida como un texto larguísimo, desde el comienzo hasta el final” (p. 97).
En principio nos encontramos ante lo que, en términos argumentales, sería una “historia de desamor y de duelo” en la que la escritura de la protagonista y narradora, como proceso vital, se convierte en el instrumento idóneo para entender y desmadejar la telaraña neurótica que subyace a la separación de sus amantes y relaciones masculinas: O, Lies, Jacob, Eric, Jean, o su propio padre que la han llevado a asumir cartas de extranjería lo mismo en Francia, Inglaterra y España, que en su Perú natal.
Pero lejos de situarse en el horizonte de la víctima que es abandonada o rechazada, esta escritura nos enfrenta a una modalidad de mujer que siguiendo sus procesos creativos y personales se erige como una conciencia en conflicto que pone en jaque los modelos tradicionales de relación. Es ella, y no ellos, quien examina y problematiza los encuentros y desencuentros cotidianos; ella, quien antepone las barreras del aislamiento y la separación neurótica; ella, quien se aparta de los hombres de su vida y… los abandona. Ella quien toma la dirección del barco de la novela, ella quien, contraria a la dominación patriarcal, se atreve a asumir su propia voz. Cito: “Es como si las mujeres recibiéramos una educación para no es-tar vivas, sino siempre ausentes, y solo en tanto que espectadoras. No ha-blar en primera persona, no atreverse, es ser cómplice de ese silencio” (66).
Y ese hablar en primera persona, racionalizándolo y somatizándolo todo, es también una escritura que se tiende sobre el vacío como el único puente, el único asidero para explicar la existencia y darle sentido. Experiencias semejantes –la escritura como arma y tabla de salvación— son visibles en la obra de Lispector y Pizarnik. En ellas, como en Souza, se pone en evidencia el nodo de esta escritura vivencial: el ser de uno, de una, la protagonista, en batalla con el otro, asumido como una experiencia trascendental e imposible, pero a la vez irrenunciable: la lucha con el otro, el ángel por ensoñado, ese ángel que en su otredad, en su ser ajeno, es siempre atrayente y aterrador. No en balde el atinado epígrafe de Rilke que preside las páginas de Ellos dos: “Todo ángel es aterrador”.
Pero con todo, el deseo de comunión, de comunicación, persiste. Es un deseo en el que se anudan vida, escritura y cuerpo como una pulsión extrema y única que también confiere identidad y autoconocimiento. No sólo ante el sujeto amoroso, sino hacia el origen en la figura del padre y la nacionalidad misma –en este caso, peruana--, trasegada por la orfandad y las contradicciones y abusos de la dominación, el mestizaje e incluso la guerrilla. Así la autora, desde la marginalidad de un ser que detiene y contiene el pulso de la vida con el acto de la escritura, disecta y deconstruye mitos, modelos, ideologías en un rearmado fluctuante y azaroso que tiene mucho de revulsión y catarsis iluminadora.
Insistiré también en la importancia del cuerpo porque la novela misma lo hace. Por un lado, el cuerpo como punto cardinal, asidero, brújula en una navegación no por íntima menos racionalizadora del universo. Una navegación que entre sus altas mareas metafísicas o existenciales no se aparta de la dimensión material, física, erótica, carnal de su condición primera. Escribe Souza:
“… ¿qué se puede inventar para salir de sí misma? Un cuerpo es un cuerpo extendido sobre el espacio, sobre la cama, sobre la almohada, ese cuerpo suyo, que se pegó al mío mientras dormimos juntos por varios días, como si hubiese logrado entrar en una parte íntima de él, sin importar las diferencias que nos separaban y sin dejar de ser un extraño en mi vida. Había decidido acompañarlo porque no sabía muy bien adónde ir ni con quién, y en mi desorientación, su cuerpo, todo el, operaban en forma de brújula. Sí, en medio de un París de invierno, hostil y austero, él era mi única orientación. Pese a ese hecho, su cuerpo estaba tan vivo que me resultaba doloroso sentir que no me pertenecería completamente, que no podía desearlo y que estaba prisionero de algo inédito, una forma de huella desconocida.” (p. 26)
Pero si la escritura es una extensión pulsional del cuerpo, ¿cómo no suponer que la novela misma es un cuerpo alterno de quien lo escribe? Entonces nos enfrentamos a una novela fragmentaria y orgánica como la experiencia apátrida y desmembrada de la protagonista, una novela surcada de jirones de piel y de conciencia como los duelos y fulguraciones que la habitan, una novela que se enreda en laberintos neuróticos como la búsqueda vehemente de su conflicto original, una novela que surge a borbotones como la sal y la sangre de la boca de un náufrago que, sin embargo, se obstina en darnos cuenta de su gloria y de su perdición. No es gratuito entonces que las partes que la conforman sean “La pérdida” y “La afasia”, esa otra pérdida de la capacidad de hablar y comprender el lenguaje. Por eso, porque escritura y existencia son una unidad intrínseca, la autora escribe en un momento de lucidez mórbida de su proceso vital:
“Creo que en el fondo me he quedado vacía, sin texto, sin algo que decir, es como si cuerpo no tuviese esqueleto, sino una estructura blanda, incapaz de sostenerlo en pie. […] Tal vez si entendiese qué me sucede no escribiría, no tengo nada que contar, pero necesito con todas mis fuerzas decir algo para no perderme definitivamente, en el fondo para no perder la razón y padecer un caos total en mi lenguaje, no saber existir.” (p. 93)
Y es aquí, en este desarmarse del cuerpo como escritura, en este descubrir la vulnerabilidad propia frente al otro, que surge cardinal la luz neblinosa del deseo y con él, las aguas proteicas del reconocimiento como en estas líneas magistrales con que culmina ese proceso de desarticulación y navegación entre las sombras de las palabras: “No sé si conozco algo más de mí, no tengo la menor idea, tardaré en saberlo, y si nunca llego a entender qué sucede en mi relación con los hombres, tampoco importa. Fijo mi residencia en este terreno desconocido, en esta casa sin número, sin techo, desde donde puedo mirar libremente el cielo. Lo que importa es que siga en movimiento, la combustión de ese deseo, ese movimiento. De todas formas nunca renunciaré a mi deseo…” (p. 124).
Ellos dos, título ambiguo, polivalente, lúdico, sugestivo, es mucho más que una historia de duelo y desamor, es una tentativa de convertir la escritura en un cuerpo que se retrae a las violencias ideológicas imperantes para hacer oír una voz disidente: lúcida y personal, íntima y necesaria.
Si les interesa...

taller de literatura erótica
La literatura erótica ha sido una de las puertas para pensar con libertad: la
relación de las personas con la sociedad, con la religión, así como la situación de
la mujer en el mundo. Este taller pretende introducir a los lectores a la literatura
erótica, hacerles pensar el tema del deseo como un problema del sujeto y su
libertad. Para ello empezaremos con la lectura de algunos textos clásicos, indispensables
para la comprensión del tema y su análisis.
Impartido por: Patricia de Souza
Duración: 4 semanas
Horario: lunes 18:00 a 20:00 hrs
Costo: $1,200*
Informes e inscripciones
Orizaba No. 127 Col. Roma, México D.F. C.P. 06700
Tels. 5264 1421 y 5264 3039 | www.atrio.com.mx
samedi, mars 27, 2010
POST, post
Las presentaciones siempre son un epifenómeno que está más destinado a los amigoas y a la familia, a los más cercanos, ceremonia concluída, faltan justamente esas personas, aunque tengo que decir que las presentaciones, las dos, la de Yuri Herrera y la de Ana Clavel, han sido inteligentes, generosas, involucradas, hasta el punto que pasamos una buena hora discutiendo, frente a un selecto público, de temas de la novela actual. Ya de noche, nos fuimos a comer algo, yo miraba las sombras copiosas de los árboles del parque México, luego a Olivier, envuelto en su saco marron, a mis amigas, luego la noche, la noche de México, cerrada, profunda, casi impenetrable. ¿Qué es lo que no penetro de México?, no sé, un punto ciego en la historia y en las costumbre de este país, una especie de sentimiento de "paraíso perdido", tal vez. Cuando leo cosas de Malcolm Lowry pienso que no soy la única, tengo que iluminar mi camino.
El sol de México, ese sol siempre radiante, luminoso... indiferente. Tenemos un almuerzo, las ganas de una conversación larga, y sosegada, como las que suelo tener con mis amigoas más cercanos... es una cuestión de estado, de querer disfrutar del sol, de este cielo...
El sol de México, ese sol siempre radiante, luminoso... indiferente. Tenemos un almuerzo, las ganas de una conversación larga, y sosegada, como las que suelo tener con mis amigoas más cercanos... es una cuestión de estado, de querer disfrutar del sol, de este cielo...
jeudi, mars 25, 2010
La carta de Malcolm Lowry a su editor
Hace poco compré en una edición mexicana la carta que Malcolm Lowry escribe a su editor inglés, quien le manda un informe de lectura sobre Bajo el volcán, no muy favorable, que hizo que su editor sugiriese cortar tres cuartas partes del libro. Lowry responde en una larguísima carta, punto por punto, que vale por una clase magistral de literatura. En esa carta explica algunas de las razones por las cuales considera por ejemplo neceserio que el primer capítulo sea extenso y denso: Es cierto que la novela es un poco lenta para despegar, y el lector no se equivoca al sentir esta debilidad (...) yo diría que el primer capítulo es indispensable porque marca, aunque el lector no se sé cuenta, la atmósfera y el tono del libro, así como la tristeza y el ritmo lento, trágico y melancólico típicos de México.
... Definitivamente, me atrevo a pretender que el libro es infinitamente más denso, profundo y logrado, infinitamente mejor concebido y desarrollado de lo que considera su lector...
Creo que hay ser firmes cuando defendemos un libro, una posición vital, una lectura del mundo. Solo eso nos da lo que de alguna manera buscamos con los libros, al menos yo sí, bienestar...
... Definitivamente, me atrevo a pretender que el libro es infinitamente más denso, profundo y logrado, infinitamente mejor concebido y desarrollado de lo que considera su lector...
Creo que hay ser firmes cuando defendemos un libro, una posición vital, una lectura del mundo. Solo eso nos da lo que de alguna manera buscamos con los libros, al menos yo sí, bienestar...
mercredi, mars 24, 2010
preámbulo, desposeída
Me quedo algo "desposeída" luego de tanto hablar. Creo que yo nunca me fijo en una sola idea, si no que cada pregunta me lleva por geografías distintas. Y eso me sorprende y me fascina, es que elaboro apoyándome en la mirada y el lenguaje del otroa... Seré dialéctida? Además, algo que reconforta en todo esto, es que los lectores y lectoras muestran una sensibilidad afinada, porosa, comprometida. Eso, es un estimuli inmenso, que no tiene comparación. Y si hay instantes de conflicto, de no saber cómo acomodarse a ese objeto libro que se vuelve un espejo, un espejo en el que Narcisa no se ve siempre con claridad sino como Otra, otros... es la mejor compensación. Yo no quiero, no puedo, por razones de conviccción (morales, filosóficas), aceptar que la literatura se convierta en un hecho elitista, decorativo y aislado. Si somos lenguaje, los libros son su mejor laboratorio humano, y, en ese sentido, estoy convencida de que tienen un efecto reparador en aquelloas que los leen. Mañana es 25 y es el cumpleaños de mi padre que está en Lima. Yo estaré aquí, presentando mi libro, por rito, por celebración. Están todoas invitadoas...
lundi, mars 22, 2010
Estoy, estamos, felices que la izquierda haya pasado en Francia
A punto de salir a las entrevistas. De buen humor, ayer, la izquierda francesa pasó delante de la derecha con 56 % de los votos en las elecciones regionales, aunque hubo un nivel alto de abstención (confusión, desconcierto, los discursos de izquierda y derecha se han echo menos comprensibles, salvo cuando tocan a la emigración, los culpables de todo para la derecha). Martine Aubry y Segolene Royal salen fortalecidas, y tanto mejor, es que... basta oír, mirar las expresiones d elas personas que se dicen de derecha, para leer un miedo, temor de que el mundo no sea plano y previsible, por qué tanto miedo?? Mi temor, pequeño, pequeñísimo, porque siempre confío: que no logre establecer una dialéctica con mis intorlocutores, ni aquí, ni allá, ni hoy, ni nunca. Lo importante es poder sentir, aunque sea de manera efímera, que tendemos un puente, de que transmitimos y Producimos algo... Escucho el disco que vino con la revista Les inrrokuptibles, bueno, buenísimo. Sí hay que ser incorruptibles...
Olivier me ha traido mis libros!!
Colette
Victor Segalem
La biografía de Simone Veil...
revistas, escucho el albúm que trajo los Inrrok...
La AGENDA DE ENTREVISTAS DE PATRICIA DE SOUZA (ELLOS DOS) LUNES 22 DE MARZO
HORARIO
MEDIO
RESPONSABLE
10:00
10:30
Provincia
Radio UdeG
Sara Mascarúa (teléfono)
Alfredo Sánchez (teléfono)
10:45
Esquire
Javier Pérez (teléfono)
11:20
Vértigo
Anabel Ballesta
12:10
Radio Ibero
Isabel Hernández (teléfono)
12:30
Palabras Malditas
Javier Moro
13:15
Dónde Ir
Sujey Rodríguez
14:00
ALIMENTOS
ALIMENTOS
15:00
Tiempo libre
Judith Bravo
15:40
Revista Opción (ITAM)
Andrea González
MARTES 23 DE MARZO
10:30
El Gráfico
Miguel Ángel González
11:00
Bleu & Blanc
Úrsula Fuentesberain
11:30
Sistema de Radio y TV Mexiquense
Alfredo Ortiz
12:00
La Razón
Lizeth de Anda
Olivier me ha traido mis libros!!
Colette
Victor Segalem
La biografía de Simone Veil...
revistas, escucho el albúm que trajo los Inrrok...
La AGENDA DE ENTREVISTAS DE PATRICIA DE SOUZA (ELLOS DOS) LUNES 22 DE MARZO
HORARIO
MEDIO
RESPONSABLE
10:00
10:30
Provincia
Radio UdeG
Sara Mascarúa (teléfono)
Alfredo Sánchez (teléfono)
10:45
Esquire
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11:20
Vértigo
Anabel Ballesta
12:10
Radio Ibero
Isabel Hernández (teléfono)
12:30
Palabras Malditas
Javier Moro
13:15
Dónde Ir
Sujey Rodríguez
14:00
ALIMENTOS
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15:00
Tiempo libre
Judith Bravo
15:40
Revista Opción (ITAM)
Andrea González
MARTES 23 DE MARZO
10:30
El Gráfico
Miguel Ángel González
11:00
Bleu & Blanc
Úrsula Fuentesberain
11:30
Sistema de Radio y TV Mexiquense
Alfredo Ortiz
12:00
La Razón
Lizeth de Anda
dimanche, mars 21, 2010
Notas
entrevista a Régis Debray de Ali Badou.
TD: un país tiene un alma cuando sabe mantener su diferencia, y su independencia. Cuando sabe decir no. Cuando mantiene su personalidad...
Crítica feroz al te deum planetario a la muerte de Michael Jackson...
http://sites.radiofrance.fr/chaines/france-culture2/emissions/radio-libre2/index.php?emission_id=160060185
Lo mismo podemos decir que seguimos poseyendo un alma si decimos no por dignidad, para no deblegarnos, no desaparecer como personas... y yo, je dégage a l'aéroport...
TD: un país tiene un alma cuando sabe mantener su diferencia, y su independencia. Cuando sabe decir no. Cuando mantiene su personalidad...
Crítica feroz al te deum planetario a la muerte de Michael Jackson...
http://sites.radiofrance.fr/chaines/france-culture2/emissions/radio-libre2/index.php?emission_id=160060185
Lo mismo podemos decir que seguimos poseyendo un alma si decimos no por dignidad, para no deblegarnos, no desaparecer como personas... y yo, je dégage a l'aéroport...
Nouveau roman
Me sorprendió ver ayer una intervención a propósito de la celebración de la "Francofonía", que se celebra como un modelo de diversidad, del francés como idioma que aglutina, que recorre y tiende puentes. Pero sabemos que los idiomas es también hegemonía, y hegemonía económica. El prestigio cultural de un idioma no se abre paso fácilmente (eso lo saben los catalanes, los bretones, los quechua, los aymaras... ), y sin embargo, yo creo que sea lo más importante. Es decir, su capacidad de simbolizar, de representar. Pero, decía, la intervención, era a propósito del Nouveau roman y esta persona, editora, lo responsabilizaba de ser el origen de un cierto "desprestigio" de la literatura francesa (sic)frente a la anglosajona; los acusaba de haberse echado abajo un paradigna cultural: el de la novela como espejo de la realidad. Es un poco sorprendente, por que es como si dijesen que Marcel Duchamp tiene la culpa de que exista arte conceptual, o pop, y de que el arte en general haya bajado al ruedo para ponerse a la altura de los espectadores y por qué no, inclinarse ante ellos. Sin esa mirada que reconoce el gesto de Duchamp, no existe el readymade!
La crisis que refleja el Nouveau roman fue una crisis con el lenguaje y su poder de representación, debido a hechos dolorosos, como la Segunda Guerra mundial que marcó un corte definitivo con el siglo XIX. Adivino que Nathalie Sarraute, Becket y Alain Robbe-Grillet se hubiesen quedado perplejos, de estar vivoas, de esa acusación, injusta y exagerada. La novela, y la contemporánea, refleja, de hecho una lectura del mundo, una visión del tiempo, del espacio, para animar (ánima) un uniervso que no es real. De ahí que cueste aceptar que el mundo no es lineal, ni racional, si no que es como es más como un torbellino, y que se modifica constantemente con nuestra mirada...
Es decir, hay que leer a los del Nouveau roman, para comprenderlos, como hay que transitar por el arte moderno, sin complejos. El prólogo de Jean-Paul Sartre a la novela de N. Sarraute, "la anti-novela, al hablar de Tropismos, es excelente.
No pasa nada si leemos estos libros, no se produce ninguna explosión de valores, y no es necesaria una inquisición... dijeron, la tierra no es redonda??
La crisis que refleja el Nouveau roman fue una crisis con el lenguaje y su poder de representación, debido a hechos dolorosos, como la Segunda Guerra mundial que marcó un corte definitivo con el siglo XIX. Adivino que Nathalie Sarraute, Becket y Alain Robbe-Grillet se hubiesen quedado perplejos, de estar vivoas, de esa acusación, injusta y exagerada. La novela, y la contemporánea, refleja, de hecho una lectura del mundo, una visión del tiempo, del espacio, para animar (ánima) un uniervso que no es real. De ahí que cueste aceptar que el mundo no es lineal, ni racional, si no que es como es más como un torbellino, y que se modifica constantemente con nuestra mirada...
Es decir, hay que leer a los del Nouveau roman, para comprenderlos, como hay que transitar por el arte moderno, sin complejos. El prólogo de Jean-Paul Sartre a la novela de N. Sarraute, "la anti-novela, al hablar de Tropismos, es excelente.
No pasa nada si leemos estos libros, no se produce ninguna explosión de valores, y no es necesaria una inquisición... dijeron, la tierra no es redonda??
samedi, mars 20, 2010
Contra el clonaje y la homogeneidad
No hay nada que me deprima más que pensar una posible existencia en un mundo homogéneo, sin relieves, liso y plano. Es cierto que con el tiempo nos sorprendemos menos, pero mientras esté viva, la duda, la curiosidad y la imaginación, nada nos parecerá igual. Por eso las voces que se levantan contra el lado perverso de la globalización, que quita el alma a las cosas, las hace banales, virtuales, fofas, me parece importante.Vivimos en una época en que todo el mundo quiere parecer A... y menos a sí mismoas, en que todas las mujeres quieren la boca como la actriz X, o los ojos como la otra actriz norteamericana, y los hombres como X o Y, bajo los efectos sedativos de la hegemonía de los modelos de belleza y bienestar, que utiliza un modelo biológico y medio dictador, por ejemplo, de mente sana en cuerpo sano (sic). La obsesión por el gimnasio, las comidas, bio, la prohibición del exceso, tiene su lado horrible: que convierte a las personas ne zombies, en esclavas de su imagen, y eso, es patético.
La economía nos ha hecho creer (y sigue haciendo creer) que el lujo está en los objetos, y está en nosotroas (en el uso, en el valor de intercambio que le otorgamos de manera independiente, en su valor humano). Nos ha hecho aspirar a poseer cosas que no tienen un uso más allá del factual: se puede estar rodeada de lujo y sentirse en la miseria, lo importante es lo que representa esa ideología del poseer y del consumo cuando casi la mitad del planeta se muere de hambre y cuando no sabemos vivir con los demás para compartir una vida más generosa, más digna.
El probelma es que la Economía simboliza una serie de valores que se mantienen protegidos por los medios de comunicación (o alienación) y que nadie los cuestiona... salvo... algunoas...
Aunque son cada vez más, créanme.....
Se clonan también las ideas: todoas escriben más o menos igual, mass-medias, y no sé qué jerga de FB o Twitter.. puaf! qué aburrido, pocoas cuestionan el reinado de la economía, todo el mundo se arrodilla (una artículo de El país justamente decía que los jóvenes veían el mapa del planeta dominado por Estados unidos, y la China) ante ella como el valor más importante, sin entender que ese no puede, no debe ser el único. México se quiere parecer a Estados Unidos, y la China no sabemos bien a qué se quiere parecer, aunque parece que también a los Estados Unidos, Y ellos ¿a quién desean parecerse? Nadie lo sabe en esa torre de Babel, aunque los individuoas quizás sean los únicos en saberlo... más que sus dirigentes... Pues justamente, esa identidad no es genética, ni es hormonal (ni masculina ni femenina), ni tiene color, es una que está siempre "en obras"... No es cerrada, es abierta, no se dan cuenta, y si no ¿por qué Obama es Presidente? Podemos hablar simplemente de Economía? Van a votar por un sistema de seguridad social que beneficie a la gran mayoría (que lo necesitaba a gritos, no entendieron que vivimos una crisis fudamental?), costó hacer entender que era una medida importante,... pero se hace, Nada es fijo.
Luego, leo una frase de Andrés Neuman en el Babelia al recordar que, a la muerte de Michael Jackson, solo en el Perú no ocupó la primera plana de los diarios porque había muerto una artista local, "la globalización tiene sus límites, el folclore también"... hubiese sido más justo decir, la alienación.
Al escribir hacemos informes, la realidad se reduce, se hace sumaria, no la analizamos, la nombramos apenas, con miedo, la dejamos tal como está, no peleamos por la representación de lo que vemos (mujeres, eh??), por su representación nominal, le dejamos esa tarea a los demás, siguen siendo loas europeoas, lo siento, pero no puedo evitar decirlo.
¿Por qué hay que escarbar y escarbar para encontrar una idea interesante, una personalidad que nos hable desde la individualidad, desde el silencio, desde el riesgo en nuestro medio (pongamos como territorio, nuestro idioma, 450 millones)?, porque, creo que somos muy poco exigentes y la educación tiene mucho por hacer, porque lo que está pasando en el mundo, es abrumador, esa carrera loca por ser una economía fuerte pero socialmente violenta, que olvida la repartición de riquezas, esa parálisis civil (que se transmite en el pensamiento). Esa ausencia de presencia, de individuoas... que se generaliza. De algo podría servirle al Perú (y a otro países) el estar un poco aislado geográficamente, es que la globalización no penetre y arrrase, si no, que se encuentre con una expresión local, fuerte, que no permita lobotomizar y someter esa diversidad, andina, negra, mestiza, local... creo que esa es la palabra, someter, no la somete. Y por eso entiendo a Evo Morales que se radicaliza en devolverle una cierta dignidad a su población, lo entiendo, perfectamente.
Son ideas que me venían de forma espotánea mientras caminaba por la calle, con la sensación de que daba igual mirar una tarjeta postal de México, que estar aquí, y si sigo sientiendo que floto, como lo siento, será un fiasco. Creo que la cercanía de los Estados unidos saca lo peor de México, como esas parejas que ponen a sus cónyuges inseguroas, hostiles, descontentoas... intuyo que por ahí va la explicación de ese aspecto poco poroso hacia lo extranjero, lo exógamo. Pero hay algo bueno, y creo que la ida a Venezuela será también interesante en ese senetido, que esto me hace analizar, valorizar ciertas cosas, de otra manera... ouiee.. ari... yes, y si in cha lá, sacaré un nuevo libro, con otras sensaciones, otras lecturas de la realidad...
Ese es lado vital, el fatum que se transforma en amor fati!!
La economía nos ha hecho creer (y sigue haciendo creer) que el lujo está en los objetos, y está en nosotroas (en el uso, en el valor de intercambio que le otorgamos de manera independiente, en su valor humano). Nos ha hecho aspirar a poseer cosas que no tienen un uso más allá del factual: se puede estar rodeada de lujo y sentirse en la miseria, lo importante es lo que representa esa ideología del poseer y del consumo cuando casi la mitad del planeta se muere de hambre y cuando no sabemos vivir con los demás para compartir una vida más generosa, más digna.
El probelma es que la Economía simboliza una serie de valores que se mantienen protegidos por los medios de comunicación (o alienación) y que nadie los cuestiona... salvo... algunoas...
Aunque son cada vez más, créanme.....
Se clonan también las ideas: todoas escriben más o menos igual, mass-medias, y no sé qué jerga de FB o Twitter.. puaf! qué aburrido, pocoas cuestionan el reinado de la economía, todo el mundo se arrodilla (una artículo de El país justamente decía que los jóvenes veían el mapa del planeta dominado por Estados unidos, y la China) ante ella como el valor más importante, sin entender que ese no puede, no debe ser el único. México se quiere parecer a Estados Unidos, y la China no sabemos bien a qué se quiere parecer, aunque parece que también a los Estados Unidos, Y ellos ¿a quién desean parecerse? Nadie lo sabe en esa torre de Babel, aunque los individuoas quizás sean los únicos en saberlo... más que sus dirigentes... Pues justamente, esa identidad no es genética, ni es hormonal (ni masculina ni femenina), ni tiene color, es una que está siempre "en obras"... No es cerrada, es abierta, no se dan cuenta, y si no ¿por qué Obama es Presidente? Podemos hablar simplemente de Economía? Van a votar por un sistema de seguridad social que beneficie a la gran mayoría (que lo necesitaba a gritos, no entendieron que vivimos una crisis fudamental?), costó hacer entender que era una medida importante,... pero se hace, Nada es fijo.
Luego, leo una frase de Andrés Neuman en el Babelia al recordar que, a la muerte de Michael Jackson, solo en el Perú no ocupó la primera plana de los diarios porque había muerto una artista local, "la globalización tiene sus límites, el folclore también"... hubiese sido más justo decir, la alienación.
Al escribir hacemos informes, la realidad se reduce, se hace sumaria, no la analizamos, la nombramos apenas, con miedo, la dejamos tal como está, no peleamos por la representación de lo que vemos (mujeres, eh??), por su representación nominal, le dejamos esa tarea a los demás, siguen siendo loas europeoas, lo siento, pero no puedo evitar decirlo.
¿Por qué hay que escarbar y escarbar para encontrar una idea interesante, una personalidad que nos hable desde la individualidad, desde el silencio, desde el riesgo en nuestro medio (pongamos como territorio, nuestro idioma, 450 millones)?, porque, creo que somos muy poco exigentes y la educación tiene mucho por hacer, porque lo que está pasando en el mundo, es abrumador, esa carrera loca por ser una economía fuerte pero socialmente violenta, que olvida la repartición de riquezas, esa parálisis civil (que se transmite en el pensamiento). Esa ausencia de presencia, de individuoas... que se generaliza. De algo podría servirle al Perú (y a otro países) el estar un poco aislado geográficamente, es que la globalización no penetre y arrrase, si no, que se encuentre con una expresión local, fuerte, que no permita lobotomizar y someter esa diversidad, andina, negra, mestiza, local... creo que esa es la palabra, someter, no la somete. Y por eso entiendo a Evo Morales que se radicaliza en devolverle una cierta dignidad a su población, lo entiendo, perfectamente.
Son ideas que me venían de forma espotánea mientras caminaba por la calle, con la sensación de que daba igual mirar una tarjeta postal de México, que estar aquí, y si sigo sientiendo que floto, como lo siento, será un fiasco. Creo que la cercanía de los Estados unidos saca lo peor de México, como esas parejas que ponen a sus cónyuges inseguroas, hostiles, descontentoas... intuyo que por ahí va la explicación de ese aspecto poco poroso hacia lo extranjero, lo exógamo. Pero hay algo bueno, y creo que la ida a Venezuela será también interesante en ese senetido, que esto me hace analizar, valorizar ciertas cosas, de otra manera... ouiee.. ari... yes, y si in cha lá, sacaré un nuevo libro, con otras sensaciones, otras lecturas de la realidad...
Ese es lado vital, el fatum que se transforma en amor fati!!
France Culture, modernos
Si escuchamos France Culture, el mundo parece ser un paraíso: entrevistas, documentos, reportages, y una serie de personsajes apasionados que nos hablan de filosofía, literatura, historia, y otras ciencias humanas... El problema es mantenerse clavada literalmente a la radio. Se puede pasar el día entero oyendo esta radio!
Visiten su site web: http://sites.radiofrance.fr/chaines/france-culture2/emissions/chemins/index.php?emission_id=45060151
2 jours de dodo encore seule, como me dice mi amiga Catherine...
Frase de Bourriaud en la emisión de Alain Venstein: Seamos modernos, dejemos de decir que somos post-modernos, abandonemos la nostalgia, del origen. La identidad es una construcción, es un avenir...
Su idea de "moderno" es más rimbauniana, levantémonos contra los orígenes, deambulemos, movábamos, no nos quedemos sentados, como en el poema Les assis.
tout à fait d'accord...
y yo me voy a comprar El país... y un delicioso jugo de naranja...
Y un poco de Charlotte Gainsbourg, una canción muy en el tono de Birkin y Gainsbourg...
Visiten su site web: http://sites.radiofrance.fr/chaines/france-culture2/emissions/chemins/index.php?emission_id=45060151
2 jours de dodo encore seule, como me dice mi amiga Catherine...
Frase de Bourriaud en la emisión de Alain Venstein: Seamos modernos, dejemos de decir que somos post-modernos, abandonemos la nostalgia, del origen. La identidad es una construcción, es un avenir...
Su idea de "moderno" es más rimbauniana, levantémonos contra los orígenes, deambulemos, movábamos, no nos quedemos sentados, como en el poema Les assis.
tout à fait d'accord...
y yo me voy a comprar El país... y un delicioso jugo de naranja...
Y un poco de Charlotte Gainsbourg, una canción muy en el tono de Birkin y Gainsbourg...
vendredi, mars 19, 2010
Las correcciones
Acomodando papeles, en estos días sola, encontré la copia con las correcciones de El último cuerpo de Úrsula, que me envío Pere Ginferrer desde la editorial Seix Barral.Las páginas van enumeradas y, punto por punto, en cuatro carillas, me explica su razones para hacer algunas modificaciones. Son observaciones sutiles, puntuales y delicadas (sobre todo a mis galicismos). En ese entonces, recuerdo que respondí con cierta necedad a algunas de sus observaciones, pero me gusta haber guardado esas hojas; son como una "carta de nobleza, de un tono aristocrático, en tiempo más vulgares. Cada punto, lleva una explicación simple, justa. Las correcciones nunca son fáciles, se necesitan varios ojos para ver bien, pero ojos que han leído mucho. Me pregunto cómo ahora tantas personas corrigen textos. Tal vez se ha vuelto un ejercicio mecánico, sin empatía con la autora o el autor, y es lo contrario de lo que reflejan mis hojas: una complicidad con el texto, una alteridad.
Estuve leýendola mientras miraba la luna en la noche de México. Hace calor y la gente está en las terrazas, iluminadas por luces tenues. Hay mucho ruido, y yo quiero leer. Me gusta saber que en la calle la gente se divierte. Yo quiero ir a lo mío.
Visto la película sobre la vida de la reina Victoria de Inglaterra. Cuántas mujeres han gobernado en ese país, cosa que no sucedió en Francia por la ley...sálica, que impedía que gobernasen...
Vaya Victoria, que hizo honor a su nombre.
Estuve leýendola mientras miraba la luna en la noche de México. Hace calor y la gente está en las terrazas, iluminadas por luces tenues. Hay mucho ruido, y yo quiero leer. Me gusta saber que en la calle la gente se divierte. Yo quiero ir a lo mío.
Visto la película sobre la vida de la reina Victoria de Inglaterra. Cuántas mujeres han gobernado en ese país, cosa que no sucedió en Francia por la ley...sálica, que impedía que gobernasen...
Vaya Victoria, que hizo honor a su nombre.
El dilema
Escribir o morir, si no escribo no vivo. Y yo sé que adoro la vida, el movimiento...
comida sola, conversación por teléfono con Olivier, que sigue en Francia, comentamos lo de Simone Veil. Yo me aburro sin él, carezco de presencias sólidas, aunque hable con mi madre, con Elba, y reciba visitas de algunas amigas. Las que cuentan están lejos. Pero escribo y salgo a la superficie. El dilema: si vivir o escribir, si salir o permanecer en casa, soñando. Qué es más fuerte? La realidad o la imaginación. Yo lo quiero todo: la creación, la amistad, el cariño. Todo y muy poco, me basta muy poco para ponerme a soñar...
El viento sopla y me gusta oír el silencio de mi casa en La condesa, luego, ya no, y pongo música, cualquiera, esta por ejemplo que sonaba en la radio francesa y se llama, El dilema....
Es que la vida está tan llena de detalles tan banales, tan pequeños, es la mirada la que los hace crecer, es la mirada la que hace que existan...
comida sola, conversación por teléfono con Olivier, que sigue en Francia, comentamos lo de Simone Veil. Yo me aburro sin él, carezco de presencias sólidas, aunque hable con mi madre, con Elba, y reciba visitas de algunas amigas. Las que cuentan están lejos. Pero escribo y salgo a la superficie. El dilema: si vivir o escribir, si salir o permanecer en casa, soñando. Qué es más fuerte? La realidad o la imaginación. Yo lo quiero todo: la creación, la amistad, el cariño. Todo y muy poco, me basta muy poco para ponerme a soñar...
El viento sopla y me gusta oír el silencio de mi casa en La condesa, luego, ya no, y pongo música, cualquiera, esta por ejemplo que sonaba en la radio francesa y se llama, El dilema....
Es que la vida está tan llena de detalles tan banales, tan pequeños, es la mirada la que los hace crecer, es la mirada la que hace que existan...
jeudi, mars 18, 2010
Simone Veil entra a la Academia del idioma en Francia

Simone Veil (Niza, 1927) es una mujer valiosa que supo transformar la experiencia terrible de los campos de concentración en un impulso vital y en vocación por los otroas. Judía, con el un apellido que suena igual al de la filósofa Weil (una de mis lecturas de cabecera, Simone, idem), su vida ha pasado por episodios trágicos, deportación, pérdida de la familia, soledad, dolor; y sin embargo, de su parte, valentía, fuerza. Mis mejores amigas las he tenido en un campo de concentración, dijo SV al enterarse que entraba a la Academia, sorprendiéndose de esa distinción que por octava vez recae en una mujer. La primera en entrar a la Academia del idioma francés, fue Marguerite Yourcenar en los años ochenta, y las dos últimas, también escritoras, Florence Delay, y Asia Djebar...
Simone Veil peleó hasta la lágrimas, durante el gobierno de Giscard D'Estaing (1975) la ley para la intervención voluntaria del embarazo, ganándose enemigos en su campo (la derecha más moderada) y siendo el flanco de insultos. Pero ahora, a los 82 años es recibida a la Academia, pero lo importante no es eso, es que el lenguaje, y el idioma francés, reconoce en este caso que una vida no es solo una relación de hechos felices y tristes: es la historia de una voluntad y una sensibilidad expresadas en una forma de pensar, decir y sentir. Y que eso, aunque Simone Veil no haya escrito sino una autobiografía (Une vie)que se vendió a más de un millón de ejemplares, vale para la importancia y el prestigio universal de un idioma.
La noche anterior, soñé con Florence Delay, a quien conocí por Jean Echenoz. Recuerdo que una vez recibí carta suya, en mi casa de entonces en Madrid, donde andaba perdida entre el Museo del Prado y las calles húmedas del centro que nunca me sedujeron. En esa carta, en papel membretado de la Academia, me recomandaba a Stéphane Michaud como director para mi tesis sobre Flora y Lautréamont. Ahora la tesis está terminada, pero en el sueño, volvía al inicio y ella me daba indicaciones sobre cómo escribir en francés...
casualidad con la entradade Simone Veil y con que leo un libro suyo: la historia de la monja española Catalina de Erauso....
mercredi, mars 17, 2010
César Pavese

Por mucho tiempo, la imagen de César Pavese me ha perseguido, auqnue más justa es la palabra "hanté", en francés. El rostro siempre escondido, el perfil (la nariz), los párpados entornados, mateniendo en secreto el por qué ese día decidió matarse en el Hotel Roma de Turín. Luego la visita a su habitación, escribir sobre ella. El Oficio de vivir es cierto que es uno de los primeros libros que leí para quedándome asombrada con los análisis que hace de la novela y de su trabajo, sobre todo, cuando anuncia (como Arguedas) que se va matar. Lo que siempre me intrigó fueron esas razones, quería decir que el éxito que tantos veneran no tenía ningún valor para él (se acababa de ganar un premio muy importante), que su malestar era interior, moral, existencial, que no encontraba refugio, y eso sí me pareció tremendo y me llevó a hacerme muchas preguntas sobre lo que es el bienestar.
Ayer pasaron un programa de tv donde las personas se someten a descargas eléctricas altísimas si no dan la respuesta adecuada a una pregunta. No hay de por medio dinero, ni nada. ES gente sola y está dispuesta a sufrir, a que s ele castigue, a someterse. Gran pregunta sobre en qué radica elequilibrio de ciertas personas, no que Pavese ni los que se someten sean desiquilibrados, auqnue sena masoquistas, pero sí, por qué, por qué, dejamos de disfrutar de la vida y elegimos el sufrimiento.
En París, hace 16 grados, la primavera, en el D.F es la eterna primavera...
La piel dura
A veces, si analizamos nuestro entorno, podemors terminar pensando que para escribir se necesita tener a Piel dura para no dejarse rasgar por las cosas exteriores, por las pequeñeces, los silencios, las omisiones, y las deslealtades a las que nos exponemos cuando decidimos hablar en público y levantar la voz. Pero luego, si pienso en silencio, me doy cuenta de que no podemos si no comprometeros con nuestro trabajo y olvidar todas esas asperezas, dejarlas seguir su camino, sin que nos desgarren la piel.
Una cierta inocencia es important para seguir escribiendo. Y esa inocencia tiene que ver con una confianza sin límites en los demás, confiar en que podrán, y podremos, estar a la altura de las circusntancias. La literatura cumple un rol propedéutico, da un sentido a las cosas; para mí es trascenderme, conocerme. Y comprender.
Una cierta inocencia es important para seguir escribiendo. Y esa inocencia tiene que ver con una confianza sin límites en los demás, confiar en que podrán, y podremos, estar a la altura de las circusntancias. La literatura cumple un rol propedéutico, da un sentido a las cosas; para mí es trascenderme, conocerme. Y comprender.
lundi, mars 15, 2010
rastros
caminata con el parque México, a veces siento que pierdo mi "alma", lo que más me posee, me ocupa, el silencio.
Cierro los ojos y pienso que estoy en París, con Olivier.
Calle Losserand, Boulevard de Montparnasse, la casa en la rue Ribera. Por qué esas imágenes siempre regresan, invanden? Si escribo es para nadar en esa oscuridad de imágenes, de signos que no me revelan, no me entregan su esencia. Hay esencia? Pero se trata de obsesiones, de hurgar, escabar en los espacios cerrados y oscuros, se trata de perderse en ellos, como caminar por calles oscuras, ver la luz de un poste de luz y soñar con la trascendencia, luego seguir caminando, siempre en esa oscuridad...
Y estoy en París, en Francia, escucho las voces, los acentos, mi llegada a París...
O las calles, más calles, mis caminatas por el cementerio de Montparnasse, dejar un objeto en la tumba de Marguerite Duras, mis primeras lecturas y amores...
escribir en español y vivir en francés y vivir en español y soñar en francés....
c'est comme ca... reviens... vite, vite...
Cierro los ojos y pienso que estoy en París, con Olivier.
Calle Losserand, Boulevard de Montparnasse, la casa en la rue Ribera. Por qué esas imágenes siempre regresan, invanden? Si escribo es para nadar en esa oscuridad de imágenes, de signos que no me revelan, no me entregan su esencia. Hay esencia? Pero se trata de obsesiones, de hurgar, escabar en los espacios cerrados y oscuros, se trata de perderse en ellos, como caminar por calles oscuras, ver la luz de un poste de luz y soñar con la trascendencia, luego seguir caminando, siempre en esa oscuridad...
Y estoy en París, en Francia, escucho las voces, los acentos, mi llegada a París...
O las calles, más calles, mis caminatas por el cementerio de Montparnasse, dejar un objeto en la tumba de Marguerite Duras, mis primeras lecturas y amores...
escribir en español y vivir en francés y vivir en español y soñar en francés....
c'est comme ca... reviens... vite, vite...
dimanche, mars 14, 2010
la noche
salgo en la nochey, pese a que mañana es feriado (el natalicio de Benito Juarez), las calles revientan de gente. Voy con una amiga francesa a una exposición, nos tomamos unos vinos y yo observo, miro, y trato de extraer cosas, frases, formas de gesticular, gestos, movimientos... siempre movimientos...
Me encantaría tener menos necesidad de sueño y continuar leyendo y escribiendo, pero necesito mínimo 8 horas para sentirme bien... paso de un libro al otro, viajo todo el tiempo... encontrado en la librería del FCE, Señales que preceden al fin del mundo, de Yuri Herrera (Mex 1970), editado por Periférica, sorprendente, fuerte. Yo no escribo así, pero lo leo de un tirón, sobre un sillón de la librería...el personaje femenino, Malika, me hace pensar en Malina, de Ingeborg Bachmann...
Deseo ser qué?, se preguntaba el personaje de Lowry en "Ultramarina": un par de frases desgarradas rodando entre dos paréntesis. A lo mejor soy eso....
Ni humor, ni ironía, pathos, que mucha gente empuña el bastión de No a los dramas y a los espacios negros, no al descenso, ni al infierno, nada de "profundidades dostoievskianas", oh, horror!! La ironía no desciende, decía Rilke, ganemos las profundidades...
Y ahora, buenas noches...
Me encantaría tener menos necesidad de sueño y continuar leyendo y escribiendo, pero necesito mínimo 8 horas para sentirme bien... paso de un libro al otro, viajo todo el tiempo... encontrado en la librería del FCE, Señales que preceden al fin del mundo, de Yuri Herrera (Mex 1970), editado por Periférica, sorprendente, fuerte. Yo no escribo así, pero lo leo de un tirón, sobre un sillón de la librería...el personaje femenino, Malika, me hace pensar en Malina, de Ingeborg Bachmann...
Deseo ser qué?, se preguntaba el personaje de Lowry en "Ultramarina": un par de frases desgarradas rodando entre dos paréntesis. A lo mejor soy eso....
Ni humor, ni ironía, pathos, que mucha gente empuña el bastión de No a los dramas y a los espacios negros, no al descenso, ni al infierno, nada de "profundidades dostoievskianas", oh, horror!! La ironía no desciende, decía Rilke, ganemos las profundidades...
Y ahora, buenas noches...
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